¿Quién recoge la basura en La Habana?

Elías Amor Bravo, economista

Las imágenes que circulan en las redes sociales, de ciudades cubanas convertidas en basureros, algunos situados a la puerta de hoteles de lujo están siendo una nota característica del escenario de “opción cero” en que se viene desenvolviendo la economía castrista desde que los suministros de petróleo venezolano empezaron a caer. La Habana es un buen ejemplo de este caos.

Ante un paisaje demoledor, que amenaza con todo tipo de enfermedades y afecciones pulmonares provocadas por la quema indiscriminada de las basuras o el contacto diario con la putrefacción, los dirigentes comunistas han decidido ver cómo arreglan el escabroso asunto de la recogida de residuos sólidos en la capital, de la que en un opúsculo en Granma se dice, textualmente, que “exige más organización y disciplina”. Realmente, exige otras cosas, y a ellas nos dedicamos en esta entrada del blog.

Como siempre, los dirigentes comunistas pasan más tiempo hablando de los problemas que resolviéndolos. En concreto, para este de las basuras en La Habana, lo que han hecho es “identificar 122 puntos de transferencia o de acopio temporal de residuos sólidos urbanos en proceso de certificación por las autoridades correspondientes”. Y a partir de este reconocimiento, “se buscan alternativas para el mejoramiento de las condiciones higiénico-ambientales de La Habana”. El caso es que, después de un enunciado tan largo como este, la basura sigue estando en las calles y nadie pasa a recogerla. Y la gente se desespera, y ya no saben qué hacer. 

De modo que, una vez “logrados” esos 122 puntos de transferencia o de acopio temporal de residuos sólidos urbanos, que se insiste que todavía se encuentran en proceso de certificación por las autoridades correspondientes (lo que puede suponer que se caigan de la lista un número de ellos) se pretende que sirvan para obtener “mayor capacidad de almacenaje y la recogida con transportación alternativa, antes de ser trasladados al depósito final”, según dijo Reynol García Moreira, vicegobernador de La Habana.

La pregunta es, ¿pero, es que no han tenido 67 años para realizar este trabajo de identificación que es esencial para una gestión eficiente de la recogida de residuos en una gran capital? Pues parece que no, y para los dirigentes comunistas es tan novedoso este tema de los “puntos de transferencia” que merecieron, nada más y nada menos, que “una visita oficial a cargo de especialistas de los ministerios de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, de Salud Pública, de Energía y Minas, del Interior, del Instituto Nacional de Ordenamiento Territorial y Urbano y del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, así como por las autoridades políticas y gubernamentales de los municipios y de los consejos populares, y se pudo intercambiar en detalles la propuesta”. Díganme si no hay otras formas mejores de perder el tiempo porque las basuras siguen sin ser recogidas.

Alguien de la comitiva castrista declaró a Granma que “lo principal que se necesita para lograr esto es la cooperación y la participación de la población”, y entonces, ¿qué es lo que se pide a la población? Pues ya se pueden imaginar, en los tiempos que corren, ni más ni menos que “equipos de tracción animal, las rutas y los mapas de donde debe recogerse la basura”, situando los recursos en La Habana del Este o Boyeros. Sin embargo, los dirigentes, en esa búsqueda de los “puntos y los medios, están de acuerdo en que el mayor reto va a estar en Centro Habana, Habana Vieja, Plaza de la Revolución, Playa y Diez de Octubre, que tienen zonas muy cosmopolitas, con una alta densidad de población y de residuos sólidos”.

Y claro, cuando se trata de pedir responsabilidades por la acumulación de basuras, Marrero tiene claro a quien culpar. La basura en La Habana no se recoge por culpa de “el recrudecimiento del bloqueo total a los suministros de combustibles a nuestro país se ha sentido cada vez más en sectores vitales para la población” y añade a continuación, que “la vida nos ha conducido a pensar y hacer cosas diferentes, a buscar alternativas, a establecer compromisos adicionales aun conscientes de los problemas objetivos, como se convocó en el 11no. Pleno del Comité Central del Partido”. La pregunta es de nuevo, la misma ¿por qué no se pensó y actuó antes? Cuestiones tan importantes como la recogida de residuos, han sido olvidadas, desatendidas por los dirigentes, y ahora quieren “avanzar o generalizar, en una situación excepcional como esta” lo que esconde no pocas dificultades.

Y claro, como no tienen ni idea de implementar medidas eficaces, se dirigen a la misma cantaleta de siempre, de que “en estas iniciativas no se puede avanzar si no hay disciplina, orden, control, si no le trasladamos al pueblo la complejidad del momento y la necesidad de que se sume, de que todos juntos avancemos”. Y claro, las basuras siguen sin ser recogidas.

“Avancemos” dicen los dirigentes, y nosotros nos preguntamos ¿Cómo? Pues nada, la respuesta es por medio de “el trabajo comunitario integrado”, una vez más, las eternas guardias comunistas que privan del descanso en los fines de semana. Una idea de Lazo, que está siempre dispuesto a mantener la ortodoxia fracasada del régimen para “hacer las cosas con agilidad, convertir en realidad cada propuesta y a verlas realizadas”. Incluso, cuando hay un grupo de delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular que están liberados de sus funciones laborales, “a fin de garantizar un contacto más permanente y efectivo con sus electores y atender de manera sistemática los planteamientos de la comunidad”. Que esa es otra. Parece que quieren convertir a algunos delegados en basureros.

La otra solución es convertir a los burócratas ministeriales en basureros. Los dirigentes comunistas reconocen que los ministerios no tienen combustible para apoyar en la recogida, pero que cuentan “con los cuadros que pueden ir a los municipios a ayudar, controlar, impulsar, explicar” aunque también se considera que “los delegados solos no van a resolver el problema si no hay un trabajo serio del Consejo de la Administración, si no hay un funcionamiento de las organizaciones de masas”.

No cabe duda de que al régimen comunista cubano le sobra grasa por todas partes, y que habrá que practicar ajustes para que vuelva a funcionar. La solución no es buscar responsables “con nombre y apellidos que responda por estas cosas” o “llevar la conciencia familia a familia”. Este tipo de consignas comunistas han dejado de ser útiles para los cubanos desde hace tiempo. Hay que hacer las cosas de otro modo, y ya va quedando cada vez menos tiempo. Los verdaderos responsables se encuentran muy arriba en la escala jerárquica y parece que no lo quieran asumir.

En la misma reunión citada por Granma, los consejos de la administración identificaron 52 locales como puntos intermedios y se habilitaron otros 83 puntos en todas las instalaciones con que cuenta el Grupo Empresarial de Reciclaje, lugares destinados a las formas de gestión no estatal. Uno de los objetivos de los asistentes fue promover el reordenamiento de los puntos de acopio de materia prima en los municipios, a fin de que permitan mayor capacidad de almacenaje.

La participación privada en la recogida de basuras y su relación con el desarrollo de la economía circular, y el aprovechamiento económico de los basureros, una actividad que es altamente rentable en la mayoría de países del mundo, en la economía castrista parece poco desarrollada, y sin la menor intención por parte de los dirigentes de plantear su promoción.

Básicamente, porque aquí las cosas van, como casi siempre, por otro sitio. Las autoridades creen que la prioridad pasa por reorganizar los triciclos eléctricos. Siempre atienden a los medios. Ya lo dijo Rosa María Reyes Santiesteban, directora general de la Empresa de Recuperación de Materias Primas de La Habana, que habló de que “se reorganizaron los 72 triciclos eléctricos de cargas, de ellos 30 en los municipios del centro para asegurar la recogida de residuos reciclables en las arterias principales, y se dispuso de cuatro triciclos eléctricos de remolque para las ferias comerciales de La Güinera, La Cuevita, 100 y Boyeros”.

Por otro lado, “se destinaron 38 triciclos eléctricos y 18 de combustión para la recogida de las formas de gestión no estatal y arterias del resto de los municipios, lo que ha permitido que se incremente en 39 toneladas el total de materias primas recuperadas en la última semana”.

Liván Izquierdo Alonso, primer secretario del Comité Provincial del Partido en La Habana, calificó la situación de “muy compleja” y que por ello “hay cuestiones que se están concretando desde la provincia y con los municipios, buscando los equipos que pueden ser más eficientes a partir de la capacidad de transportación”.

Se pretende paliar la acumulación de residuos informando a la población de que las recogidas van a ser dos por semana, y claro esta decisión lleva implícito que el basurero real se traslade a las viviendas donde la población vice hacinada. Van de mal en peor.

La falta de combustibles impide a los municipios contar con el apoyo de los ministerios “que los apadrinan para la recogida de los residuos, sólidos urbanos y, por lo tanto, cada centro de trabajo en el territorio tiene que ser también más disciplinado en relación con el depósito de su basura, así como las formas de gestión no estatal”. El lío organizado por los comunistas no puede ser más complicado. Ministerios que prestan servicios de recogida de basuras, centros de trabajo que se tienen que disciplinar con sus residuos de todo tipo, exigencias similares a familias y a formas de gestión no estatal. Mucho nos tememos que lo más grave con relación a las basuras no ha llegado aún, y que se verán escenas mucho peores. Las basuras seguirán en las calles de La Habana.

Y estando las cosas en este mar de confusiones y de no saber qué hacer, aparece la viceprimera ministra, Inés María Chapman Waugh, para decir que “las autoridades locales tienen que tener nuevos sistemas de trabajo y se debe convocar a todos los actores económicos estatales y no estatales porque cuando se convoca a las personas, actúan diferente, pero eso hay que hacerlo a nivel de municipio y hay un importante vínculo que tiene que estar entre todos los actores y no se está haciendo para combatir el tema de la basura”.

En este punto, se planteó una cuestión de cierta importancia, como es la relativa a las ordenanzas para la limpieza y recogida de residuos, “que no están diseñadas en los municipios en este momento. Precisamente, las ordenanzas, cuando existen, señalan la hora, en qué momento, dónde se pone el residuo, para que las personas sigan ese camino”. Parece increíble que esas ordenanzas no existan o no se hayan desarrollado. El abandono no puede ser mayor.

Entonces, de todo esto, ¿qué proponen los comunistas que se tiene que hacer? No se hagan ilusiones, más de lo mismo de siempre que es perder el tiempo. Y cito, “profundizar en el análisis de las experiencias municipales”, “fortalecer las ordenanzas territoriales para garantizar el cumplimiento de lo establecido”, “cerrar filas y tenemos que estar en la calle sumando a la gente, pensando cómo hacer más, cómo logramos avanzar en estas cosas que hoy se nos están acumulando”. Se reconoce que es difícil, pero se asume que ninguna propuesta “puede estar plagada de burocracia” porque hay que “hacer las cosas rápido y contando con la población”. La basura seguirá acumulándose en las calles de La Habana.

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