Los cuatro proyectos de ley que no van a ningún sitio
Elías Amor Bravo, economista
En medio de la que está cayendo, a la Asamblea nacional le
ha dado por trabajar. Han recibido consignas evidentes de que hay que moverse y trasladar la máxima sensación de normalidad. Y de ese modo, la prensa oficial comunista ha dado a conocer los
textos de cuatro proyectos de ley, a saber, Código de Trabajo, De Tierra
Agropecuaria y Forestal, De la Vivienda y De Organización de la Administración
Central del Estado, para según dicen “promover la participación ciudadana en
este proceso legislativo y contribuir a la cultura jurídica de la población”. En buena hora.
De modo que, la "normalidad" que busca el régimen castrista va a suponer que, los ciudadanos, en ausencia de electricidad, se pongan a leer y estudiar estos documentos. E incluso, cuando no llegue el agua potable y se sienta el agobio del calor veraniego, que sigan leyendo sin parar las mas de 300 páginas de los proyectos de ley. Suponiendo que lo anterior fuera posible, y que algún ciudadano tuviera interés en conocer a qué se dedican los diputados, la pregunta es quién puede dedicarse a esta tarea teniendo cercada su vivienda de residuos domésticos que no se recogen desde hace semanas.
El régimen ha vuelto a confirmar que se encuentra
alejado de la realidad cotidiana del pueblo cubano y con estos cuatro proyectos
pretende distraer a la población de la grave crisis humanitaria que es incapaz
de resolver con el modelo económico y político que se intenta preservar a cualquier
precio. Lanzar estos proyectos, en estos momentos, es sobre todo una falta de
respeto a los ciudadanos, y una majadería más, teniendo en cuenta que se avizoran
cambios en el horizonte y que, por ello, muchas de estas normas jurídicas ni
entrarán en vigor. Lo que sería muy deseable, según se puede concluir de una
lectura superficial de los mamotretos.
En efecto, el primer decreto, el del Trabajo, dicen que pretende actualizar y perfeccionar “las regulaciones que garantizan la protección de los derechos y el cumplimiento de los deberes, derivados de la relación jurídico laboral individual establecida entre los trabajadores y los empleadores, con independencia del sector donde laboran”. No hay que esperar demasiado, supone ni más ni menos que una continuidad del formato marxista leninista que inspira el marco de las relaciones laborales en la Isla.
Un ejemplo es que, vuelve de nuevo a resaltar el trabajo como un valor primordial, al que califica como “un derecho, un deber social, un motivo de honor de todas las personas en condiciones de trabajar y la vía fundamental para que satisfagan sus necesidades materiales, personales y espirituales”, pero en ningún momento se salvaguarda el fruto de este trabajo, por ejemplo, el salario, ni se atiende siquiera de pasada, al otro factor básico de producción que existe en una economía, el capital, sin el cual el trabajo tiene poco que hacer.
La norma se olvida de la productividad, en la medida que vuelve a establecer los derechos de los trabajadores y los mecanismos judiciales, institucionales y sindicales para su reconocimiento como “café con leche para todos”, evitando así cualquier referencia a la calidad en el desempeño del trabajo como un elemento de cualificación profesional.
Por último, en la más estricta ortodoxia comunista, la norma regula todo lo relativo a las relaciones colectivas de trabajo mediante la participación efectiva de los trabajadores y la negociación colectiva. Ya me dirán qué negociación colectiva cuando los sindicatos y las asociaciones de empresarios privados que son el sujeto de esa negociación simplemente, están proscritos o acaban siendo correa de transmisión del régimen político. Hay más, pero lo dejamos para una próxima entrada del blog.
El segundo proyecto de ley es muy importante, en la medida que pretende también “actualizar el régimen de propiedad, posesión, sucesión por causa de muerte y uso de la tierra y bienes agropecuarios”.
La expectativa de que se procediera a una modificación del actual marco que libere definitivamente las fuerzas productivas en el agro cubano, no se ha visto cumplida, y en su lugar, el decreto introduce nuevos y más sofisticados sistemas de control e intervención del agro por el régimen, como es una supuesta “unificación de forma sistémica, para la adecuada regulación, gestión y administración de la tierra como medio de producción fundamental”. Más claro, blanco y en botella. La libertad de elegir en el agro cubano sigue estando proscrita.
Después apuntan a que esa "unificación sistémica" se va a establecer “en función del
desarrollo agrario, como base de la soberanía alimentaria, la revalorización de
la ruralidad y la justicia social del modelo de desarrollo económico y social
socialista cubano”. Unos más y otros menos. No solo se refuerzan los mecanismos de control, es que se apoyan ahora en las desigualdades en el agro. Es decir, más de lo mismo que hasta ahora, pero revestido
de una palabrería que trata de arrojar más incertidumbre a la regulación del
agro cubano.
El tercer proyecto de ley aborda un problema crucial y urgente de la sociedad cubana, el estado de la vivienda, que tiene como objeto “establecer y regular las formas en que el Estado hace efectivo el derecho de las personas a una vivienda adecuada y a un hábitat seguro y saludable con criterios de resiliencia climática y eficiencia energética”.
Con independencia de que
dedicaremos a esta norma otra entrada de este blog, un enunciado general de
estas características viene a ser un buen ejemplo para mostrar por qué en Cuba
existe, y seguirá existiendo, un grave problema de vivienda. Hay un viejo refrán que vale para esta situación, "quien mucho
abarca, poco aprieta". Y esto es lo que ocurre a los comunistas cubanos, que pretenden combinar las exigencias múltiples y complejas de vivienda
adecuada, con hábitat saludable, con resiliencia climática y eficiencia energética,
cuando en el país apenas se construyen viviendas. Es más, últimamente, habilitan contenedores de tráfico
marítimo para entregarlos a familias como soluciones habitables. El decreto redactado no lleva a un buen resultado en vivienda.
Más bien todo lo contrario.
Y por último, el proyecto que más atención ha tenido hasta
la fecha es el relativo a las "bases generales de la organización de la
Administración Central del Estado y determina el número, denominación, misión y
funciones de los ministerios y demás organismos que la integran”. Nada de pensar en ajustes necesarios y oportunos en favor de más eficiencia. El decreto es simplemente una reunión de departamentos en otros más amplios y algunos
cambios de denominación, por cierto, algunos desafortunados. Pero la grasa que
existe por debajo se mantiene y no hay una clara vocación del régimen por
adelgazar el tamaño del estado y el coste de la administración que es, sin duda
alguna, un efecto paralizante sobre la actividad económica. También dedicaremos
próximamente una entrada del blog a analizar este texto, pero no se hagan grandes
expectativas.
De modo que, de forma imprudente, los dirigentes castristas han despertado a los diputados del sueño letárgico y han sacado del oscuro
cajón los textos de estos cuatro proyectos de ley para reivindicarlos ante los
negociadores y proclamar ante el mundo que el régimen castrista no se considera
vencido, ni finiquitado. Por el contrario, sostienen que estas normas que ahora
se presentan a la población “han sido debatidas y enriquecidas en diferentes
procesos de consulta realizados hasta la fecha como parte del proceso
legislativo cubano”. Increíble. A o mejor somos nosotros los equivocados.
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