Los problemas de la agricultura cubana

Este pasado fin de semana se ha celebrado el Pleno del Comité Provincial de la ANAP en Camagüey, previo al X Congreso de la organización campesina que, como cabía esperar, contó con la presencia, de Ulises Rosales del Toro, miembro del Buró Político del Partido, vicepresidente del Consejo de Ministros y titular de la Agricultura.
Nadie pone en duda, a estas alturas de la historia, que Cuba necesita una agricultura fuerte, lo mismo que también precisa cuanto antes una industria fuerte, y un sector de la distribución comercial fuerte, y un sector construcción fuerte, y toda una nueva infraestructura productiva fuerte y competitiva. En eso podemos estar de acuerdo con el mensaje de las autoridades castristas.
Pero, Rosales del Toro no tiene ni idea de cómo conseguir este objetivo y, lejos de ir en la dirección correcta, se empeña en volver a las consignas revolucionarias, a la arenga y la algarada, al reclamo al partido único, como si esa fuera la solución a los muchos, y muy complejos, problemas de la economía. Y ese discurso de trinchera, ya empieza a aburrir a mucha gente.
Las autoridades siguen sin hablar claro e ir directamente al núcleo del problema. Hasta un representante de la cúpula del poder, como Machado Ventura, no pudo ir más lejos al decir, "para cumplir tan importante encomienda -en referencia a la necesidad de una agricultura fuerte- es preciso cambiar muchas concepciones trilladas y librarse de justificaciones de todo tipo, pues el problema de la autosuficiencia alimentaria no es un asunto coyuntural, sino altamente estratégico."
¿Concepciones trilladas, justificaciones de todo tipo? ¿De qué estamos hablando? ¿Pero puede el castrismo garantizar la autosuficiencia alimentaria en las condiciones actuales?
Sinceramente, no sé cuándo se van a dar cuenta de que para que la economía cubana funcione, y la agricultura lo haga mejor, hay que eliminar de la circulación a tanto dirigente mediocre del partido único, a tanto representante de la ideología comunista, que es el peor enemigo de la economía cubana. Y si no miren lo que dice Julio César Rodríguez, máximo dirigente del partido en Camagüey, empeñado en que "el compromiso de nuestros campesinos es producir con valores, principios, limpieza y honradez. Es esta la manera más efectiva de interpretar a Raúl: convertir cada palmo de tierra en un bastión revolucionario y productivo." No, Rodríguez, o quienquiera que seas. Raúl no va a resolver ningún problema de la economía cubana y mucho menos convirtiéndola en “bastión productivo alguno” y de las tonterías revolucionarias esas que tanto os confunden.
Créanme, no hay otra forma: libertad económica y propiedad privada. El resto son monsergas, como esas empresas “socialistas regentadas por el MINFAR” que se empeñan en aportar la experiencia cuartelera a la gestión de las actividades económicas.
La pregunta es ¿Por dónde empezar? Las autoridades confían en el creciente papel del movimiento cooperativo-campesino, la ANAP, pero “mantienen reservas por explotar en la diversificación agropecuaria, los rendimientos agrícolas, el uso intensivo de la tierra y el empleo racional de los recursos humanos”. ¿Cómo pretenden que el sector cooperativo les resuelva los problemas si no les dejan llegar hasta el límite real de sus posibilidades y no hacen otra cosa que controlar, limitar y poner trabas a las cooperativas?
Este fin de semana pasado el Pleno de la ANAP mostró su capacidad y éxitos productivos en la producción de leche, arroz, carne de cerdo y vacuna, en diversas cooperativas, entre las que destacan la Niceto Pérez, la Abel Santamaría, la José Antonio Echeverría, la Manuel Ascunce y la Mártires de Cascorro. Empresas con capacidad, recursos, medios y personal capaz de salir adelante si las condiciones del entorno, el sistema económico y el régimen de propiedad imperante, facilitase su despliegue.
La cuestión no es entregar 200.000 hectáreas de tierras ociosas a 15.200 camagüeyanos, para ponerlas a producir gradualmente, especializadas, en lo fundamental, en la ganadería, los cultivos varios y el arroz. La cuestión es que el agricultor pueda funcionar libremente, vender, asociarse, contratar insumos, invertir, asociarse con otros, emprender por su cuenta, sin la presión del bastión revolucionario.
Los agricultores saben mejor que los compañeros del partido lo que necesitan para salir adelante. Escúchenles. Miren con qué inteligencia, Héctor Martínez González, presidente de la CCS Abel Santamaría— sabe cómo cumplir los compromisos contraídos sin necesidad de arengas revolucionarias. Textualmente dice “en el caso de los ganaderos, es hora ya de dejar de depender del barco cargado de norgol y sembrar, de una vez, alimentos para los animales, que sí está a nuestro alcance” en clara referencia a la dependencia de las importaciones que limita la capacidad de crecimiento de la economía cubana a todos los niveles.
Orlando Lugo Fonte, presidente de la ANAP que debe conocer mejor que los dirigentes del partido la idiosincrasia del campo cubano, no sólo sabe que extender las “buenas prácticas” a todas las unidades productivas, llevarlas a cada campesino para que, en lugar de casos aislados, sean patrimonio del sector, se generalicen por doquier y crezca el aporte de alimentos a la canasta familiar, es una buena apuesta. Pero Lugo, insisto, seamos claros de una vez y digamos cuáles son esas buenas prácticas.

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