20 de febrero de 2017

De la “fortaleza de los libros” al desastre de la industria editorial

Elías Amor Bravo, economista


Acaba de cerrar sus puertas la 26 Feria Internacional del Libro de La Habana, un instrumento de propaganda del régimen castrista, que ha servido para divulgar numerosos datos e informaciones en los últimos días, y como suele ocurrir casi siempre, esconder la dura realidad.

El término “fortaleza de los libros” no es mío. Parece ser que allá por 2002, Fidel Castro lo acuñó, durante la inauguración de la XI Feria Internacional del Libro de La Habana de ese año. Lo cierto es que comparar “los vericuetos de la antigua fortificación colonial española, llena de viejos cañones” con el contenido y el valor de los libros, no deja de ser una “majadería” más de quién se ha pasado toda su vida en ello.

Lo cierto es que la Feria de 2017 ha cerrado con un balance destacado: según Granma, más de 1.100 acciones literarias –entre ellas unas 900 presentaciones de títulos, 28 paneles y 106 espacios de lecturas de poesía. Sin embargo, la realidad del sector del libro en Cuba deja mucho que desear. Los datos de la Oficina Nacional de Estadística relativos al número de títulos publicados en la isla desde 2010 son muy negativos. En concreto, en aquel año se publicaron 1.622 títulos de libros, una cifra que pasó a 1.819 un año después.

Pero desde entonces, la producción de libros cayó de forma espectacular hasta las 1.495 unidades de 2015, último dato disponible. Esto significa que en los cinco años transcurridos desde 2011, el número de títulos de libros publicados en Cuba ha descendido un 21,6%. Resultado que pone de manifiesto la debilidad de este sector y la compleja situación en que se encuentra en medio de la grave crisis de la economía castrista. En el mismo período 2011 a 2015, según la Oficina de Estadística, la producción total de libros en Cuba ha pasado de 17.401.000 ejemplares a 15.284.000 después de haber registrado una cifra inferior en 2014, 13.222.900. Tanto en un caso como en otro, estamos hablando de un descenso del 24% en estos últimos años. Los datos son oficiales y se encuentran disponibles para quién los quiera consultar.

¿Quién responde de este balance ciertamente negativo de un sector “prioritario” para la llamada revolución? ¿Tal vez Abel Prieto, ministro de Cultura, o quizás Juan Rodríguez Cabrera, presidente del Instituto Cubano del Libro? Alguno de ellos tiene que ver, ya que el libro en Cuba, por desgracia, sigue siendo una actividad del sector presupuestado, y no se admite la producción privada y libre de títulos, que se tiene que hacer por los cubanos en el exterior. Pero explicaciones, ninguna. Para la Feria, lo importante son los datos de propaganda: la asistencia de 415.599 visitantes, superior en 25.000 a la edición anterior, 536 representantes de 46 países, con 232 expositores, 173 escritores, 48 editores, ocho artistas y 75 funcionarios. Asombroso. Pero la producción de títulos de libros, cayendo en cinco años un 24%. La “fortaleza” de Fidel Castro en papel mojado. De eso, sí que podemos recordarlo, ejemplificando un fracaso más, de los muchos conseguidos durante su larga vida.

Lo cierto es que ante la parálisis burocrática del sector editorial castrista, en el exterior, los cubanos han podido continuar su obra literaria sin cortapisas ideológicas, ni empujones, ni envidias. Los autores cubanos publican y cosechan resultados magníficos en los países europeos y en Estados Unidos. Sus obras se trasladan a las series de televisión y las películas de éxito. Sus libros se reeditan en varias ocasiones. Nos encontramos una vez más ante la dicotomía de una Cuba que se hunde en sus propios fracasos ideológicosa y políticos y otra, universal, que no hace más que crecer y consolidar su atractivo e imagen internacional. La Feria del libro es un buen ejemplo de ello. El sector del libro, también.

En ese empeño por tratar de distorsionar una realidad histórica inexistente, el libro cubano dinámico y próspero antes de 1959, se encontró, de la noche a la mañana, convertido en un arma de propaganda del nuevo régimen, y sus resultados son palmarios. Una feria que resalta como uno de los ejemplares más destacados un llamado «Diccionario…» en el cual se registran ahora más de 920 conceptos y 3020 pensamientos del Comandante en Jefe, o del libro «Un niño llamado Fidel Alejandro», está diciendo muy claramente donde están los límites de la ideología y la racionalidad.

Recuperar el sector no será posible con el escenario de reducción de gastos que tiene que afrontar el régimen por la falta de financiación internacional y la economía en recesión. Menos títulos se publicarán y los que vean la luz no se podrán apartar de esa línea oficial que parece haber descubierto en Fidel Castro una mina por explotar. Ya se verá. El mercado compra cualquier cosa que satisfaga sus necesidades, pero creo que están equivocados y que el tiempo no pasa en balde.

Si en vez de tanto homenaje a Fidel, el sector del libro cubano reencontrase su camino en la economía mundial, nos podríamos encontrar con un escenario bien distinto en el que tal vez con menos homenajes a comandantes en jefe, la demanda de títulos haría crecer al sector de producción editorial de la economía. Ya lo está haciendo a nivel internacional.

16 de febrero de 2017

La vía errónea de la sustitución de importaciones: el caso Cometal

Elías Amor Bravo, economista

A vueltas con la política errónea. Día si, día no, Granma presenta ejemplos de empresas a las que los planificadores del régimen les encargan “dispararse un tiro en el pie”, es decir, sustituir importaciones. Este es el caso de Cometal, una empresa estatal de producciones metálicas, que según Granma, “trabaja en aras de fabricar y comercializar productos que contribuyan al desarrollo industrial del país y a la sustitución de importaciones”. A ella dedican un artículo en el diario oficial castrista.

Como se señala en Granma, Cometal cuenta con más de 30 años de experiencia, una cifra superior a 900 trabajadores, entre ellos especialistas y obreros de amplia experiencia y calificación en sus departamentos, talleres y brigadas de montaje, distribuidos en una red que abarca todo el país. Desde 2013, la empresa trabaja en la Zona Especial de Desarrollo Mariel, donde instalaron ascensores, facturaron más de 200 módulos de facilidades temporales en baños, comedores y garitas, y en estos momentos se encuentra en la contratación de otros servicios.

Una empresa que merece especial atención. Sin duda.

Los economistas saben que no hay nada más perjudicial para el desarrollo económico y bienestar de un país que sus empresas se orienten por una política de sustitución de importaciones, de naturaleza autárquica, desvinculada de la realidad económica internacional y los procesos que animan la globalización. Cuando ello ocurre, surgen empresas poco o nada competitivas, cuya esencia depende de mercados protegidos y limitados que condicionan su propio proceso de desarrollo. Tarde o temprano, cuando las barreras proteccionistas caen, el sistema, en su conjunto se viene abajo. La autarquía no es una política económica sostenible.

Los grandes éxitos de los “dragones asiáticos” en la década de los años 80 del siglo pasado, o de Vietnam a comienzos del siglo XXI, se debieron precisamente al abandono de esa vía autárquica y la firme apuesta por la integración de las economías en el comercio internacional, la mejora de la competitividad y las ganancias del comercio. Los resultados no pudieron ser mejores.

La dirigencia comunista de Cuba se empeña en que las empresas estatales sustituyan importaciones por medio de la “adopción de soluciones rápidas y de costo menor, en aras de contribuir al desarrollo industrial del país”, lo que la Ciencia económica se empeña en mostrar, una y otra vez, es que esa vía es la menos adecuada para mejorar las condiciones de vida de un país. La sustitución de importaciones puede aliviar a corto plazo el balance comercial con el exterior, pero a medio y largo plazo, supone la consolidación de una estructura empresarial ineficiente y poco competitiva que termina desapareciendo con un coste social mucho más elevado.

Más aún cuando se trata de la fabricación de bienes intermedios, como es el caso de Cometal, especializada en el electrodo E-6013 para soldadura manual, electrodos inoxidables y ferroníquel, que al parecer tienen gran demanda en el mercado nacional. Además, la empresa fabrica “paneles destinados a la construcción, las tejas metálicas y el sistema constructivo Titán Steel”, entre otros, en suma, se trata de manufacturas que se destinan a su integración en otros procesos productivos, de gran impacto para las necesidades de sus clientes. Para esta empresa Cometal, los planificadores de la economía castrista quieren la vía autárquica. No tendrán éxito. El daño puede ser irreversible.

Este tipo de empresas especializadas en la fabricación de bienes intermedios necesitan de la globalización como los seres humanos del oxígeno para respirar. Al parecer, “en Europa y Asia se encuentran los mercados de importación de los elevadores, las bobinas de acero galvanizado, que son necesarios en la conformación del sistema Titán Steel, así como las piezas de repuesto para ascensores y cámaras frías”. Dar la espalda a esta realidad, tiene poco sentido. Precisamente, si se pretende producir a menores costes, con la tecnología más actualizada y dar el mejor servicio a los clientes, hay que estar al día. Los contactos internacionales entre empresas son necesarios. Y a partir del diseño de una adecuada política de I+D+i, con un control de costes y una continua mejora de la competitividad, avanzar en la conquista de los mercados internacionales. Para ello, existen opciones como las cadenas de valor, poco exploradas en la aislada economía castrista, que sigue soñando con el modelo de sustitución de importaciones.

El principal problema de Cometal, como el de la mayoría de empresas estatales de Cuba, es que da servicio a los mercados estatales castristas, que se encuentran igualmente protegidos de la competencia exterior: los ministerios de la Construcción, la Industria Alimentaria, la Agricultura y el Grupo de la Administración Empresarial del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, crean un espacio protegido, ficticio, ajeno a la realidad global, que impide a este tipo de empresas prosperar.

Cierto es que con este tipo de clientes, la apuesta por mejorar la calidad del servicio al cliente final o mejorar la eficiencia en la política de compras y logística, puede pasar a segundo plano. Más aún, cuando se reconoce en el artículo de Granma que “la demanda de los productos no está cubierta en su totalidad”, y aquí aparece otro problema del “embargo o bloqueo interno” de la economía castrista, que es cada vez más acuciante, relativo a la falta de “financiamiento de las entidades a las que se prestan servicios lo que imposibilita que se disponga a tiempo de los recursos solicitados por sus clientes”. Sin entrada de recursos del exterior, la situación puede acabar siendo peor.

Mucho hay que hacer en la economía castrista para enderezar su rumbo. Cometal es un buen ejemplo de que en 58 años muy poco se ha aprendido y que la vía elegida por los planificadores no es la correcta. Lo veremos.

14 de febrero de 2017

Carta abierta a don Pau Solanilla y la "verdadera revolución" de Cuba

Elias Amor Bravo, economista

Me refiero en este post al artículo de Pau Solanilla, director general para Cuba en LLORENTE & CUENCA, titulado “Cuba comienza su verdadera revolución”, que ha sido publicado en varios medios de comunicación.

El autor parte de presupuestos que no son acertados, y que pueden condicionar sus conclusiones. Ni la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales americanas, ni tampoco el fallecimiento de Fidel Castro, y ni mucho menos, el deterioro de la economía, son aspectos que pueden “hipotecar el último trimestre del año de la isla en el nuevo rumbo que parecía haber impulsado el presidente Raúl Castro”, porque la realidad se empeña en mostrar, una y otra vez, que ese “nuevo rumbo” es apenas inexistente. Más aún, algunas de las decisiones adoptadas en ese “nuevo rumbo” del régimen castrista están provocando justo los efectos contrarios a lo que se esperaba. Ganar tiempo a toda costa sigue siendo la máxima de la dirigencia comunista de La Habana,

No es cierto, como dice el autor, que la muerte del dictador “haya impulsado fuera de las fronteras de Cuba, una avalancha de análisis sobre el futuro político”. Los estudios, las posiciones y la estrategia existen desde hace muchas décadas. El deseo de cambio democrático también, y por ello, la represión totalitaria del régimen no hace otra cosa que aumentar y evitar una posible apertura o incluso sobre el fin del régimen actual que es lo que desea la mayoría de los cubanos. Tampoco es cierto que “la estabilidad política a corto plazo del régimen parece garantizada”. La realidad confirma que Cuba ha entrado en un escenario nuevo en el que cualquier cosa puede ocurrir. La estabilidad impuesta por el uso de la fuerza suele durar poco tiempo y es mala consejera.

En el plano económico, sin ir más lejos, lo que los cubanos están experimentando es un nuevo “período especial” de consecuencias más leves, pero que presenta todos los rasgos previos a un estallido social, conforme desaparecen las gratuidades a cargo de un presupuesto estatal cada vez más menguado. En un entorno como ese, ni habrán nuevas medidas para agilizar la llegada de inversores extranjeros que dinamicen la economía, ni tampoco habrá empresarios dispuestos a arriesgar su capital en operaciones de alto riesgo.

Cierto es, como dice el autor, que el sector turístico “se ha convertido en la locomotora económica del país. Con la llegada de cuatro millones de turistas en 2016” pero concluir a partir de ahí que esto beneficia a la población es cuanto menos arriesgado. La torpe planificación central de la economía castrista es tan deficiente que la llegada masiva de turistas está provocando desabastecimiento de productos agrícolas y lo que es peor, aumento de sus precios. El turismo, lejos de beneficiar, perjudica los estrechos márgenes de vida de los cubanos.

No parece, por otra parte, como señala el autor, que la estrategia de Trump hacia la dictadura castrista vaya a generar una incertidumbre. El autor no comprende que el apoyo de la comunidad cubano-americana de Florida va a suponer la definición de una nueva política más equilibrada que la ofrecida gratuitamente por Obama, y el régimen tendrá que ceder en aquello que no le gusta: libertades, derechos humanos y democracia. En caso contrario, Trump actuará como debe. Seguro.

Otro grave error es asumir que la economía de Cuba presenta insuficiencia crónica y baja eficiencia en la mayoría de sectores económicos, como el agroalimentario o el industrial, como consecuencia “del bloqueo económico por parte de los EEUU”. No es muy sensato atribuir responsabilidades a un embargo o bloqueo que no impiden a Cuba comerciar y recibir inversiones libremente de todos los países del mundo. La razón de fondo, y en eso coincido con el autor, hay que buscarla, sobre todo, en “métodos y formas de gestión que no están alineados con los tiempos de hoy”, y que debieron desaparecer hace más de cuatro décadas, pero ahí están y se resisten a desaparecer. El régimen castrista vive soñando con una autarquía imposible en la globalización.

Otro aspecto controvertido es la posición sobre la captación de inversión extranjera por el régimen comunista. Abrirse al capital y a la experiencia de las empresas extranjeras del sector, requiere una contraparte que el régimen es incapaz de ofrecer. Respeto a los derechos de propiedad, acción de oro, capacidad de decisión libre sobre la contratación de trabajadores e insumos. Nada de eso es posible actualmente. Además el autor sabe que la inversión extranjera busca socios que aporten su contribución económica a los proyectos. En ausencia estructural de liquidez, el régimen debe conformarse con préstamos blandos o subvenciones a fondo perdido que no palían la escasez de financiación.

Finalmente, el 2017 será clave, pero no para el desarrollo futuro de Cuba, como señala el autor. Será un año en que los empresarios extranjeros deben revisar con gran prudencia sus estrategias, a la vista de un escenario de grave recesión como el anunciado por la Asamblea nacional en diciembre. Un año en que el agotamiento de los petrodólares de Venezuela no se podrá compensar con otras fuentes de financiación. Un año perdido, en que pueden aparecer protestas y estallidos sociales, como los “boteros” de La Habana, descontentos con la política de precios tasados. Ni aparecerán oportunidades de negocio, ni las continuas revisiones de la famosa “cartera de proyectos” servirán de nada. La economía del país continuará despeñándose con un abultado déficit público y del comercio de mercancías, que pondrá en graves aprietos la repatriación de beneficios a las casas matrices con mayor control de pagos por el Banco central. Más de lo mismo. Pocas opciones al optimismo.