Resistencia creativa, estado fallido y relaciones con Venezuela: borrón y cuenta nueva

Elías Amor Bravo, economista 

Larga, muy larga la rueda de prensa de Díaz Canel en la que intentó hablar de muchas cosas, pero sin dejar nada claro. A pesar de que el momento actual no está para juegos, la posición defendida por el dirigente comunista lo aleja de la realidad y viene a mostrar que, o no se entera de lo que está pasando a su alrededor, o no quiere hacerlo.

Parte importante de la comparecencia ante la plana mayor de periodistas amigos del régimen que le aplaudieron al final (algo inaudito en ruedas de prensa en países democráticos), se dedicó a hablar sobre el concepto de “resistencia creativa”, defendida como “actitud nuestra ante el colapso”, como si se tratase de una marca registrada por la revolución comunista. Debería preguntar al cubano de a pie que opina de la misma.

Resistencia creativa es un concepto que ha sido adoptado por el Buró político del partido único, el Comité ejecutivo del consejo de ministros, el Consejo de defensa nacional, y finalmente, el Consejo de ministros también, para actualizar un plan que permita al Gobierno afrontar un desabastecimiento agudo de combustible que puede conducir a un “colapso del sistema”. Es decir, a Díaz Canel de la orden ejecutiva del presidente Trump le preocupa más el contenido de la Sección 1, que el de la Sección 2. Sus razones, tendrá, pero creo que se equivoca.

Díaz Canel no escatimó explicaciones al representante de RT Rusia Today, al que dijo que la teoría del colapso y la insistencia en el colapso “está muy relacionada con la teoría del estado fallido” y con lo que definió como “un grupo de construcciones con que el Gobierno de los Estados Unidos ha tratado de caracterizar la situación cubana”. Lo dicho, la Sección 1 de la orden presidencial le importa poco.

A Díaz Canel le preocupa la asfixia económica, que situó en los años sesenta con el Memorando de Mallory, sin hacer referencia al proceso de incautaciones de propiedades de Estados Unidos en Cuba que dio lugar a la situación. Al régimen castrista siempre le ha funcionado muy bien abordar los hechos históricos solo desde la perspectiva que a ellos interesa, y les ha ido bien, hasta que el tándem Trump-Rubio ha tomado la dirección del barco del vecino del norte.  

Díaz Canel afirma que no hay estado fallido, que lo que hay es un “estado que ha tenido que enfrentar con mucha resistencia las máximas presiones, no de cualquiera, las máximas presiones para asfixia económica de la principal potencia del mundo”. El eterno cuento del embargo/bloqueo que nunca aclara que Cuba comercia libremente con todos los países del mundo, recibe turistas de todos los países del mundo, e inversiones de todos los países del mundo. Pero es más fácil hablar de la “presión económica del imperio” y de la supuesta “agresión militar” que nunca acaba de llegar por si alguien se quiere creer ese cuento. En realidad, si a Cuba no le ha ido bien con el modelo comunista de organización económica, que se lo hagan ver.

De modo que Díaz Canel afirma que frente al bloqueo que pretende conseguir la asfixia económica, el régimen apuesta por la “resistencia creativa” de los cubanos que en 67 años siempre han tenido carencias, dificultades complejas, funcionamiento en medio de vicisitudes y de imposiciones y de presiones que no se le imponen a nadie en el mundo, y mucho menos de una manera tan prolongada.  Nada de eso, el fracaso es de la ideología comunista, que en ningún país del mundo ha logrado éxito económico.

Frente al colapso del estado fallido, Díaz Canel habla de la resistencia, de la resistencia creativa, “que tiene que ver con defensas de ideas en las que creemos, con defensas de convicciones en las que creemos, con una convicción de victoria en la que también creemos”, atribuyéndose para él, un sentimiento que se presume de todos los cubanos. Error.

Díaz Canel asume que “vamos a vivir tiempos difíciles”, pero sostiene que “los vamos a superar entre todos, con resistencia creativa, con el esfuerzo y con el talento de todos los cubanos, de la mayoría de las cubanas y los cubanos”. La resistencia creativa es la receta principal para superar la Opción cero de la que también habló. Pero como se tendrá ocasión de comprobar, no sirve para comer, ni para que haya electricidad, ni se recojan las basuras o se arreglen las infraestructuras, entre otras.

El otro asunto al que Díaz Canel dedicó su atención fue la relación de Cuba con Venezuela, que sostuvo que “no se puede catalogar de una relación de dependencia”. No debería ser tan mal agradecido. Si a finales de siglo pasado no hubiera aparecido Chavez con el petróleo barato para Fidel Castro, otro gallo cantaría, porque Cuba jamás habría superado las consecuencias del período especial sin ayuda externa.

En realidad, el régimen comunista de La Habana ha sido un peligroso parásito para Venezuela y su Revolución Bolivariana, que, sacando provecho de la cooperación y colaboración solidarias, ha logrado petróleo barato para atender las necesidades internas y obtener un buen negocio en la reexportación de crudo a otros países. A cambio, Cuba daba salida a sus policías, militares, agentes de represión, maestros y médicos, entre otros.  El Convenio de Colaboración Integral entre Cuba y Venezuela durante 25 años ha sido un negocio magnífico para las arcas del régimen comunista. Poco importaba la salida masiva de venezolanos huyendo de la represión chavista, dirigida por los mercenarios cubanos, los mismos 32 que protegían a Maduro para que durmiera tranquilo el pasado 3 de enero.

Por eso, ahora, con el brusco final de las relaciones de Cuba y Venezuela, el régimen castrista se encuentra ante un escenario complejo. Se acabó ordeñar el ALBA-TCP; se ha visto que el apoyo de los países del ámbito de América Latina y el Caribe se ha diluido y de nada ha servido reivindicar “el enfoque social, hacia la justicia social, hacia la equidad, hacia las oportunidades y el beneficio y el desarrollo de los pueblos, de esta organización creada por Chávez y Fidel Castro”, que casi seguramente acabará disolviéndose más pronto que tarde.

En este punto hizo referencia a la llamada “Misión Milagro, que le devolvió la visión a más de 3,5 millones de latinoamericanos” o el método cubano de alfabetización, el “Yo sí puedo”, y a los efectos de estos programas en la población, sin reparar en un análisis mínimo objetivo de coste beneficio de estos, que realmente vendría a mostrar aspectos de ineficiencia e ineficacia que Díaz Canel no quiere reconocer.

Y como si se tratase de un desiderátum, Díaz Canel se atrevió a proponer que el futuro de las relaciones de Venezuela con Cuba “está en la manera en que seamos capaces de construir ese futuro desde la situación presente de una Venezuela que ha sido agredida, que ilegalmente le secuestraron al presidente y a su esposa y los mantienen en una prisión en los Estados Unidos”. Insisto, mal inicio para recorrer un camino nuevo si se pretende sentar las bases de una relación con Venezuela, utilizando este argumentario. Va a ser difícil que el Gobierno venezolano democrático y libre que ya ha promovido la libertad de presos políticos, propicie o defienda colaboración con Cuba.

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