Y ahora a pagar impuestos a la ONAT
Elías Amor Bravo, economista
Llegó el momento en que los cubanos tienen que meter la mano en el bolsillo y contar las pocas monedas que tienen. Hay que pagar impuestos al fisco castrista. En un escenario de crisis humanitaria sin precedentes, con apagones diarios, falta de alimentos, insalubridad en las ciudades, parálisis energética por la falta de combustible, al régimen castrista no se le ocurre otra cosa que pasar al cobro los impuestos de la presente campaña tributaria.
Como si no
pasara nada, como si los cubanos se encontrasen en una etapa de normalidad,
cuando no es así. Decisiones de este calibre confirman, una vez más, que el problema de Cuba
está en su gobierno y no en el exterior, y que la falta de sensibilidad y
atención a los graves problemas internos puede acabar provocando un desastre más en
el actual escenario de crisis humanitaria.
El mensaje de las autoridades es claro. Que a nadie se le
olvide cumplir con sus obligaciones tributarias en los plazos establecidos. Poco
importa que la actual situación sea la menos propicia para realizar el esfuerzo
personal y colectivo que supone el pago de tributos. La Oficina Nacional de
Administración Tributaria (ONAT), el brazo ejecutor de la política recaudatoria, ha realizado un llamado a las personas naturales y jurídicas del país para que,
dentro del calendario fiscal vigente, cumplan con la obligación de pagar
impuestos. Y ya se sabe, quién se salga de la lista, lo tiene claro.
De ese modo, el estado comunista pretende volver a rellenar
las arcas con ingresos que luego destina a aquellas actividades que estima
pertinentes. De todo ello, los actores económicos quedan al margen. Ni siquiera
son consultados. Para el régimen comunista, lo único que interesa es que los
ciudadanos paguen los impuestos y en la fecha prevista. En caso contrario,
llegarán las amenazas, los controles, la persecución y las sanciones.
La ONAT parece ajena a la situación de crisis humanitaria en
que vive el país, lo que no deja de ser sorprendente. En crisis similares a la
que está sufriendo la economía cubana, otros países retrasarían el compromiso
tributario en el tiempo o lo cancelarían con exoneraciones generosas en el pago
de impuestos, pero en Cuba, nadie quiere cuestionar el calendario fiscal
vigente.
Y el mensaje del gobierno no admite la menor duda: toca
pagar, aunque sea muy difícil o imposible hacerlo. Lo realmente lamentable de
todo esto es que el régimen no renuncia a su recaudación tributaria en momentos
especialmente difíciles para los actores económicos, y lo justifica diciendo
que hay que continuar fortaleciendo la economía nacional. Grave error.
La teoría de la hacienda pública sostiene que lo peor que puede
hacer un gobierno en un momento de grave crisis, como el actual, es exigir el
pago de los impuestos a la población. Muchos negocios pequeños tendrán
problemas para cumplir con sus obligaciones tributarias y podrán desaparecer.
Haciendo eso, poco podrá el gobierno por fortalecer la economía nacional.
No debe existir la menor duda al respecto. El responsable del
desastre tributario que se avecina es el régimen. Concretamente, el Ministerio
de Finanzas y Precios, que, a través de sus perfiles oficiales en redes
sociales, respaldó el llamado de la ONAT poniendo énfasis en la importancia de
la disciplina fiscal como pilar del desarrollo del país. Es decir, las
prioridades comunistas siempre han estado bien claras. Primero el estado
totalitario, después la economía nacional.
Las autoridades quieren además que los contribuyentes se
ajusten en sus pagos al cronograma previsto que se extiende los meses de marzo
a mayo con el siguiente desglose en tres fases: hasta el 31 de marzo: pago del
impuesto sobre utilidades y los dividendos obtenidos. Hasta el 30 de abril:
declaración jurada y pago del impuesto sobre ingresos personales. Hasta el 31
de mayo: liquidación de impuestos no tributarios, según lo establece el
calendario oficial.
Se trata justamente del peor período del año para hacerlo,
teniendo en cuenta que difícilmente desaparecerán los factores que han llevado
a la economía cubana a la situación de grave crisis humanitaria en que se
encuentra y que lo más probable es que se vean sensiblemente agravados conforme
pase el tiempo.
Hay quien piensa que esta campaña tributaria, alardeada
desde los medios de información del régimen comunista, como la Agencia Cubana
de Noticias (ACN), es un instrumento más de propaganda para trasladar al resto
del mundo una sensación de estabilidad económica. Pero el mensaje es falso,
como si en Cuba no estuviera en este momento ocurriendo una de las peores
crisis económicas que se recuerdan en los 67 años del castrismo, y la protesta
social no se estuviera extendiendo progresivamente de noche en noche en la
capital y las principales ciudades.
Y como siempre puede ocurrir algo peor, el régimen exige a
las personas naturales que durante el periodo fiscal no obtuvieron ingresos,
que presenten igualmente la declaración jurada, un comportamiento que el régimen
considera un requisito indispensable para mantener la legalidad tributaria y el
orden. En realidad, se trata de un instrumento más de control comunista de la
economía, de los muchos que existen en Cuba.
Y aquí viene lo realmente sorprendente. La ONAT ha decidido,
para incentivar el empleo de las nuevas tecnologías y modernizar los procesos
en los pagos de impuestos de la actual campaña, conceder un descuento del 3% a
quienes efectúen el pago de sus tributos mediante las plataformas electrónicas
habilitadas, una medida que según dicen, favorece la agilidad y la
transparencia. En suma, el régimen quiere recaudar rápido, cuanto antes y cual
sea su importe final, parece que es una consigna de las autoridades que no las
tienen todas consigo, y que son conscientes de que puede haber un descenso sin
precedentes de la recaudación tributaria como consecuencia de la crisis. Y el
resultado final acabar siendo mucho peor de lo esperado.
Al mismo tiempo, la prensa oficial del régimen ha señalado
que la ONAT ha recordado a la población que tiene a su disposición los canales
institucionales de atención para canalizar dudas, quejas o sugerencias, con el
compromiso de ofrecer respuesta oportuna a cada planteamiento. Pocas quejas o
sugerencias hacen los cubanos a la ONAT, mejor pagar y no tener problemas.
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