El Plan prevé un crecimiento del PIB del 1%: no se va a conseguir
Elías Amor Bravo, economista
Entre billetes bancarios nuevos y operaciones con criptomonedas
sobrevenidas para realizar pagos exteriores, el régimen comunista de Cuba nos vuelve a
regalar una nueva edición del documento titulado, “Programa Económico y Social
del Gobierno 2026” que contiene la planificación e implementación para la
gestión de la economía, “el qué, el cómo y cuándo hacer, para reimpulsar la
economía y hacer frente a la crisis”.
Un objetivo encomiable, pero impracticable. Se podrían haber
ahorrado más de la mitad de las 100 páginas del documento para explicar los 10
objetivos generales, los 111 objetivos, las 505 acciones y los 309 indicadores
y metas. No está la economía cubana en la mejor situación para este tipo de
aventuras. Plantearse un crecimiento del 1% para este año en que la economía cubana
se encuentra prácticamente paralizada o limitar el déficit estatal a los 74.500
millones de pesos, una cifra similar a la registrada en 2024 ofrece una idea de
lo alejados de la realidad que están los redactores de este plan.
No obstante, los comunistas definen este plan como “una
brújula, hoja de ruta, hilo conductor” y no sé cuántas cosas más, “para
alcanzar las necesarias transformaciones en el complejo escenario en el que se
desempeña la economía”.
Este plan se elabora con los documentos programáticos
aprobados en el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba con referencia a las
“distorsiones críticas, desequilibrios macroeconómicos internos, así como a
impactos externos severos que amenazan la estabilidad y el cumplimiento de los
objetivos del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social al 2030”. Y
finalmente, a escala territorial el plan se relaciona con las Estrategias
de Desarrollo Provinciales y Municipales. Por ejemplo, Marrero se siente especialmente
satisfecho del trabajo realizado por, quédense ahí, 2 millones de personas. El
20% de la población de Cuba. Increíble.
El plan es una de las oportunidades en que los comunistas
hacen valer su peso e influencia en el control y dirección de la economía que
les otorga la constitución de 2019, pero al mismo tiempo saben que, una vez
más, el fracaso de lo que se proponen alcanzar está servido y con el plan la
economía cubana volverá a registrar resultados que no contribuirán a la mejora
de las condiciones de vida.
En esencia son diez los objetivos generales, cada uno hijo
de su padre y su madre.
Por ejemplo, el primero plantea en abierto, “propiciar un
entorno macroeconómico que favorezca la actividad productiva”, un enunciado tan
general e inabarcable que parece mentira que se pueda fijar en un documento programático
como éste. Y sobre todo, en un momento de grave crisis humanitaria.
Pero es que el segundo no le va a la zaga, “aumentar los
ingresos externos”, y claro ¿quién se puede oponer a este enunciado que lleva
décadas siendo perseguido, pero que siempre esta muy lejos de los objetivos
establecidos. La cuestión es cómo conseguirlos.
El tercero es más o menos lo mismo, “aumentar la producción
nacional con especial atención a los alimentos”, muy bien, todos de acuerdo,
pero qué ocurre que año tras año, el sector agropecuario cubano sea cada vez
más improductivo.
Y el cuarto, un cántico a las empresas estatales, que siguen
siendo el aliado principal del régimen comunista, “transformar, modernizar y
desarrollar el sistema empresarial con prioridad a la empresa estatal
socialista”, un objetivo que, desde la aplicación de la tarea ordenamiento solo
ha servido para incrementar la insolvencia de estas entidades que apenas han
crecido en su número en los últimos años.
El quinto, pretende “avanzar en el perfeccionamiento de la
gestión territorial” y nada más. Uno de los objetivos más crípticos.
El sexto, “avanzar en el perfeccionamiento del gobierno, la
defensa y la seguridad” y aquí sí que toca trabajar y mucho, pero al igual que
en otros objetivos, la inconcreción es lo habitual.
En séptimo lugar, “consolidar y desarrollar políticas
sociales”, menos mal que alguien se acuerda de los vulnerables.
El octavo, un enunciado genérico sobre la “prevención del
delito económico” que abre no pocas dudas sobre cómo se emplearán las autoridades
en este ámbito.
En noveno lugar, ocupando un puesto muy bajo en la relación
que no se corresponde con la relevancia y la necesidad que existe, “recuperación
del sistema electro energético nacional”. Lo que confirma que este plan no
tiene nada que ver con la actual situación de la economía.
Y finalmente, el eterno guiño a Díaz Canel con la gestión de
la ciencia e innovación.
Esto es lo que ofrecen los comunistas cubanos para planificar
la economía de la Isla. ¿Sirve para algo? En absoluto.
Es fácil observar que no se entienden los contenidos
planteados y se describen, en muchos casos, de forma críptica lo que hace difícil
acceder a su comprensión por el común.
- Se trata de una serie de peticiones como las que formularía un niño inocente en una carta a los reyes magos, esperando que al menos caiga alguno de los regalos de todos los pedidos. En realidad, se portan tan mal que rara vez se recibe alguno.
- Este plan contiene una filosofía obsoleta que huele a discurso bolchevique de mediados del siglo pasado. No se moderniza ni el lenguaje ni tampoco el diseño operativo.
- La mayor parte de los objetivos son contradictorios con la economía real y marginan o agravian a unos entes productivos con respecto a otros.
- Se mezclan, una vez más, los objetivos e instrumentos, acentuando la ineficiencia de las propuestas y los errores técnicos más habituales de la deficiente planificación.
- Se avanza en la burocratización de la economía con su secuela de ineficiencia y falta de flexibilidad para adaptarse a los signos cambiantes de cada momento.
- Los resultados de la planificación central en años anteriores están a la vista, y el cumplimiento de los objetivos se ha visto comprometido de forma sistemática.
Dicho de otro modo, el plan refleja lo que la economía
cubana no puede alcanzar con sus capacidades, pero los redactores publican los
enunciados aun sabiendo que van a quedar lejos de los objetivos. Y este
proceder, que se viene repitiendo de año en año, supone invalidar todos los documentos
programáticos que se manejan en la economía comunista cubana, desde la Conceptualización
de modelo, a los famosos “lineamientos”, pasando por el plan de desarrollo económico
y social, que conduce al programa de gobierno y de ahí al plan de la economía y
el presupuesto.
¡Cuánto papel sobrante para nada! Con la mitad se podrían conseguir resultados mucho más eficientes y mejores. Pero esta es la idea que sostiene al plan de la economía que representa, ante todo, poder político y decisión. Y esto nadie lo quiere perder, aunque sea a costa de un pésimo resultado económico. Lograr en las condiciones actuales un crecimiento del PIB del 1% es inalcanzable y de ahí para abajo.
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