Las medidas de Díaz Canel: Banca, sistema financiero y tipo de cambio (I)

Elias Amor Bravo, economista

El eje 11 del programa de medidas atiende a las transformaciones encaminadas a lo que desde el régimen se denomina “Modernización del sistema bancario y financiero”. Buena falta hace. La banca en Cuba, dirigida con criterios estalinistas desde el triunfo de la revolución, es un sector atrasado, poco eficiente y que provoca rechazo en la población. Los cubanos están acostumbrados a trabajar con papel moneda en las transacciones. El porcentaje de efectivo en manos del público sobre el PIB ronda el 50%, uno de los más elevados del mundo, a pesar del énfasis del régimen en la denominada “bancarización”, apenas cuenta con apoyo social.

En estas condiciones, lanzarse a transformar el sistema bancario y financiero en un momento como el actual no solo es arriesgado e inoportuno, sino que interesa realmente a muy poca gente. No obstante, vale la pena revisar las medidas destinadas a cumplir este objetivo, y de paso realizar una valoración técnica de las mismas. Este es el objetivo de esta entrada de Cubaeconomía.

Este eje 11está formado por 23 medidas de las 176 del programa, algunas de poca relevancia, pero otras, sin duda alguna, han despertado el interés de analistas y observadores.

Por ejemplo, la medida número 79 “Fomentar la participación del capital privado en la actividad bancaria” ha llamado la atención de los medios, sobre todo porque supone un giro de 180º respecto del actual escenario dominado por bancos estatales.

Con independencia de que habrá que ver cómo se establece ese rango de propiedad privada en la banca, parece que este objetivo va ligado a la ampliación del número de instituciones financieras bancarias y no bancarias autorizando a hacerlo a parte de empresas privadas, cooperativas e inversión extranjera con licencia de banca corporativa y universal.

Más competencia, mejor calidad de servicio y especialización subsiguiente, ojalá ese fuera el círculo virtuoso que se produzca en la economía, porque visto en perspectiva, de llevarse a término la medida, nos encontramos ante una auténtica transformación de la banca y las finanzas en la economía castrista. Un eventual regreso al sistema que existía antes de 1959.

Este "empoderamiento" de la banca privada se establece con una serie de normas básicas, como que la banca privada opere bajo supervisión del BCC en igualdad de condiciones regulatorias con la banca estatal. Realmente esta es una de las competencias de los bancos centrales, y por tanto nada nuevo bajo el sol. Asimismo, se anuncia que se permitirá el establecimiento de instituciones financieras no bancarias o no financieras de apoyo al sector bancario de capital privado nacionales o extranjeras para el otorgamiento de microcréditos. Habrá que esperar a ver cuáles son esas instituciones no bancarias y no financieras que podrán otorgar microcréditos y si con el tiempo no profundizan y extienden su labor a todo tipo de créditos.

Cabría pensar que el régimen ha pisado el acelerador con estas medidas para favorecer la banca privada, pero ahora hay que descender a la realidad. ¿Qué interés puede tener la banca privada en establecerse en una economía en la que escasea la financiación? Los cubanos perciben rentas tan bajas que apenas tienen capacidad de ahorro. La mayor parte de la financiación pasa a circular por las arcas del estado, como consecuencia del peso descomunal que tiene el sector público en la economía. De hecho, con bastante frecuencia los bancos estatales cubanos no atienden las extracciones de efectivo de sus clientes porque no tienen numerario en sus cajas fuertes.

Por otro lado, la pobreza extrema de los cubanos impide formalizar créditos de consumo, y los prestamos hipotecarios para la compra de vivienda siguen sin tener una regulación y pasan por ser inexistentes. En estas condiciones, ¿Qué espera el régimen conseguir con la banca privada? ¿Qué se lance a la piscina sin agua? ¿Más competencia acaso para activar a los dormidos bancos estatales? ¿O quizás, con visión de negocio, vender estas instituciones a precio de saldo para que el sistema bancario de la Isla sea todo privado? ¿Tal vez reservar la acción de oro para la participación estatal que se mantenga en estas entidades?

Y como ya he señalado, el concepto "privado" en Cuba no es equivalente al resto del mundo, y puede ser por ejemplo, el que se aplica a la gestión hotelera, donde el establecimiento es propiedad del estado cubano y la compañía hotelera privada actúa como gestor. Esta fórmula podría otorgar al régimen la “acción de oro” en los consejos de administración de los bancos autorizados a operar, que dependerán en todo caso, de decisiones políticas comunistas. Todo muy confuso.

Dejando de lado la cuestión bancaria y financiera, hay un conjunto de medidas relacionadas con la gestión de divisas que, en absoluto, van a dar algo de respiro al peso cubano en su desplome de valor con respecto a dólar o euro. La medida número 80 “Eliminar las restricciones a los pagos en divisas entre negocios con capital extranjero y sus proveedores nacionales” y la número 81 “Permitir la apertura de cuentas en divisas por parte de personas jurídicas y naturales, sin autorización administrativa previa” tratan de dar respuesta a las reclamaciones de los inversores extranjeros en su intento de repatriar beneficios a las casas matrices, y se encuentran con limitaciones formales e informales para recuperar sus ganancias en la Isla.

Por otro lado parece que se pretende estimular a los receptores de remesas a abrir cuentas en divisas, con el argumento de que el dinero está más seguro que bajo el colchón. La flexibilidad que se establece para la apertura de cuentas en divisas, sin autorización administrativa previa, puede actuar como un estímulo en algunas situaciones particulares. En todo caso, habrá que esperar a que se publiquen las normas para valorar el alcance de estos cambios.

La medida número 82 “Implantar el marco regulatorio para activos virtuales y el uso de tecnologías financieras y expandir su uso para operaciones de cobros y pagos internacionales y nacionales. Crear entidades financieras para activos virtuales” entra de lleno en el ámbito de la modernización financiera, dando concreción a las criptomonedas y activos virtuales para el pago en operaciones internacionales. Conviene recordar que em esta tarea ya estuvo entreteniéndose hace unos meses el Banco Central y que, a la vista de los resultados, han decidido incluirla en el programa. Una entrada en este blog analizó las repercusiones de esta medida. El impacto social de la misma, es de dimensión marginal.

La medida número 83 “Actualizar el sistema de tasas de interés ajustándolo a las condiciones actuales de la economía (incluyendo los bonos soberanos)” lo dice todo. En esencia, el régimen reconoce que el funcionamiento de los tipos de interés en el mercado de dinero de la economía no responde a criterios racionales, ni tiene justificación de ningún tipo, siendo necesaria su revisión en profundidad. 

Conviene recordar que los bonos soberanos son los títulos que utiliza el régimen para financiar el déficit público y se colocan de forma obligatoria en los agentes institucionales y particulares por parte de los bancos. La puesta en marcha de un mercado de dinero para regular oferta y demanda es condición necesaria, pero no suficiente, para el resto de las medidas propuestas en este eje. Básicamente, porque la economía demuestra que construir mercados parciales sin atender a la generalidad de las relaciones entre las variables económicas acaba siendo un desastre. De nada sirve construir las bases de un mercado de dinero, si otros mercados como el de bienes o el de trabajo siguen gestionados con criterios administrativos e intervencionistas.

La medida número 84 “Implantar la figura de agente de pago de última milla para formalizar los flujos de remesas a través de un canal privado” es otra novedad de la que habrá que estar al tanto para su regulación en un ámbito de especial interés para el régimen como son las remesas, sobre todo para evitar la aparición de "timbiriches" en un mercado muy sensible.

La medida 85 “Diseñar otras vías de capitalización de los bancos, en adición a los recursos del presupuesto del Estado” anticipa que al igual que con las empresas estatales, los bancos tendrán que espabilar para financiar sus actividades porque los recursos procedentes del presupuesto, como ya debería haber ocurrido hace años, irán en descenso. El problema es el eventual quebranto que esta practica puede suponer en algún banco y las consecuencias sobre los depósitos de sus clientes.

El enunciado de la medida 86 “Actualizar la estrategia con nuevo enfoque para el tratamiento de la deuda externa, teniendo en cuenta las condiciones actuales” es inquietante esta medida, porque ha trascendido que el régimen está valorando operaciones de canje de deuda por activos nacionales, siguiendo un esquema tipo del FMI que siempre ha sido rechazado por las autoridades. Se advierte que nadie puede estar en contra del pago de la deuda y sacar a Cuba del listado de deudores que no pagan, esta es una prioridad, pero se tiene que realizar con una determinada metodología y por ello, esta medida exige más concreción.

Las medidas número 87 “Acelerar el proceso de automatización de los bancos y la reducción de los trámites asociados a sus servicios”, 88 “Otorgar a Transfermóvil licencia de institución financiera no bancaria”, y 89 “Culminar el proceso de eliminación de los límites en las transferencias bancarias y la extracción de personas naturales y jurídicas, nacionales y extranjeras” guardan relación con la operatoria final bancaria en un intento de "bancarizar" las operaciones y obligar a los cubanos, en contra de su voluntad y preferencias, a utilizar los medios de pago digitales, al mismo tiempo que el régimen, pese a lo expuesto, se resiste a dar libertad de acción a la banca.

Las medidas 90 a 94 se relacionan con la necesidad que plantea en estos momentos el mercado cambiario para detener la caída libre del valor del peso con respecto a las principales divisas. Siendo de gran relevancia, la cuestión es ¿lograrán su objetivo?

La medida 90 “Redimensionar el mercado cambiario oficial y de remesas, con la participación de actores económicos no estatales, lo que incluye otorgar licencias para operaciones de casas de cambio privadas”. Nuestra opinión es que, antes de lanzarse a crear esas “casas de cambio”, se debería aprovechar la experiencia acumulada por los operadores privados informales que funcionan de forma eficiente en la economía cubana desde 2021, y después, lograda cierta estabilidad de los operadores, abrir el mercado cambiario a la competencia. 

De hecho, la idea de crear un mercado cambiario digital, en tiempo real, con agentes autorizados y de implementar un sistema de subastas de divisas parece acertada, aunque difícil de alcanzar con los indicadores de penetración de las nuevas tecnologías. Los instrumentos que permitan avanzar en la ejecución de una política monetaria básica, que pueda contribuir a la consolidación de un mercado cambiario en vez de los tres más uno que rigen en la actualidad, deben ser bien recibidos.

La medida 91 “Realizar devaluaciones sucesivas de la moneda nacional para reducir las diferencias de tipo de cambio. Las empresas que no soporten la devaluación serán liquidadas” esta medida da a conocer cual es la estrategia del régimen para afrontar la crisis del peso.

Devaluar de forma continua con respecto a las divisas es una estrategia que apunta a que las autoridades aceptan expectativas a la baja de la moneda nacional que obligará a los actores económicos que dependen de las divisas, a tomar posiciones precautorias de cara a los próximos meses.  Lejos de sostener el valor del peso, que exigiría medidas contundentes, las autoridades aceptan el escenario de flotación a la baja de la moneda. 

Ahora bien, se advierte que de nada sirven las devaluaciones del peso si no se pone control a los aumentos de precios y se estimula el crecimiento de la economía. El escenario de grave estanflación que golpea a la economía cubana no se corrige solo con medidas cambiarias, sino que estas deben estar integradas en un paquete donde la política fiscal y monetaria definan la estrategia a seguir. El aviso a las empresas que no soporten la devaluación de la moneda que serán liquidadas, en tono de amenaza, se sale de todo formato realista, y no es el mensaje más adecuado para dirigir una economía en grave crisis como la actual. El valor del peso seguirá cayendo, asumido por el gobierno.

En la misma línea, se ha propuesto incorporar al segmento II las cooperativas, sector diplomático, mipymes estatales e inversión extranjera que operan con formas de gestión no estatales, garantizando que no ocurra arbitraje. Por lo visto el régimen sigue con las mismas segmentaciones de siempre, beneficiando a unos y dejando a otros sin opciones, con criterio político, nunca económico. Las empresas estatales concurrirán libremente para la venta y de manera controlada para las compras.

La medida 92 “Crear instituciones financieras no bancarias estatales y privadas que se dediquen a la canalización de flujos financieros, incluyendo las remesas, a través de operaciones cambiarias” abre el espacio de actuación a las agencias especializadas en el tráfico de remesas de naturaleza privada, lo que redundará en beneficio de la gestión de estos recursos financieros. Como en otros ámbitos habrá que estar al tanto de la norma que regule la creación y puesta en funcionamiento de estas nuevas entidades.

La medida 93 “Establecer ventanillas únicas de cambio para todos los actores económicos que se decida” está escrita en términos crípticos y deja en función de la decisión gubernamental la apertura de ventanillas únicas de cambio, que se añadan a las actuales existentes.

Finalmente, la medida 94 “Ampliar el objeto social de instituciones financieras no bancarias que ofrezcan el servicio para la administración de fondos de la cooperación internacional” introduce una modalidad para la aparición de entidades no bancarias que ofrezcan apoyo financiero en la cooperación internacional, por ejemplo, fundaciones y ONGs.

A modo de conclusión, las medidas propuestas en materia bancaria y financiera, no van a resolver la crisis humanitaria que vive la población cubana en este momento porque sus efectos, en caso de aplicarse, serán percibidos a medio y largo plazo. Se trata de un conjunto de iniciativas que apuestan por la irrupción del sector privado en este sector, pero sin definir ese "rango privado" que se acepta. Las medidas aisladas, con relación al mercado monetario, no contemplan la relevancia de la integración y dependencia entre los mercados de una economía, por lo que sus efectos benéficos no se producirán o tardarán demasiado en ocurrir.

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