La sensibilidad reaccionaria se adueña de las transformaciones sociales

Elías Amor Bravo, economista

Los reaccionarios se agarran como pueden a la implementación de las transformaciones “sociales”. Lo que comenzó siendo un programa más o menos atractivo de 176 medidas para autorizar, liberar, desatar, flexibilizar y hacer la vida más fácil al sector productivo de la nación cubana, y en definitiva a la población, puede acabar siendo un espectáculo lamentable de división a trozos de una tarta que ni tan siquiera existe.

Pero como decía Margaret Thatcher, los socialistas se dedican a repartirse la tarta, pero ninguno es capaz de producirla. Todo es un futurible. En el régimen castrista sobran los ejemplos, desde aquel “hombre nuevo” a imagen y semejanza del Che, a la zafra de los 10 millones, pasando por multitud de campañas de credibilidad nula que han arrastrado a la nación al estado en que se encuentra en 2026.

Ahora el riesgo pasa porque el proceso de las transformaciones económicas y sociales que anunciaron se acabe olvidando de las primeras, y se centre en las segundas, para, según dicen, dentro de la sensibilidad más reaccionaria, mantener las bases humanistas del socialismo cubano y fortalecerlas.

El programa Mesa redonda contó con la participación de tres representantes de la sensibilidad reaccionaria, el viceprimer ministro, Eduardo Martínez, el ministro de trabajo y seguridad social Jesús Otamendiz y la directora jurídica y de relaciones internacionales del mismo ministerio, Yiseilis Ferrer.

El relato está servido. Desde el triunfo de la llamada revolución, y aun cuando siempre ha habido que afrontar el bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos los programas sociales siempre han ocupado un puesto relevante. Nadie reconoce que la mayor parte de las “políticas sociales” que se empezaron a aplicar con la revolución causaron más daño que beneficio; ahí están las reformas agrarias o la confiscación de derechos de propiedad privada, entre otras. Y enmendar ese desastre no entra en los planes del régimen en la actualidad. De modo que los reaccionarios construyen su relato utilizando la memoria histórica como les da la gana, sancionando que “las políticas sociales son la esencia de la revolución socialista” que Cuba jamás dejará atrás.

Lo demás, es toda una sucesión de datos más o menos inconexos que vienen a demostrar el coste descomunal que para los cubanos han tenido esos logros de la revolución, en ámbitos como salud, deporte, universidades, cultura, atención a vulnerables, etc., como si el único país del mundo que ofreciera estos servicios a su población fuera Cuba. Para desgracia de los castristas, los cubanos que viajan al exterior, y que cada vez son más, observan atentamente lo que sucede en otros países con estos servicios y comprueban el gran engaño a que han sido sometidos durante 67 años.

Y sacan conclusiones. En otros países de desarrollo similar al de Cuba, un médico o un electricista tiene una o dos viviendas en propiedad, manda a sus hijos a estudiar a universidades, recibe atención médica pública o privada, según su deseo y en verano disfruta de las vacaciones en un resort de playa. El mismo profesional cubano malvive con sueldos mínimos y apagones en medio de la acumulación de desechos sólidos urbanos. Y aún se le pide que espere y que confíe en un mañana que cada vez tarda más en llegar.

Las políticas sociales y de distribución de la renta y riqueza solo tienen sentido cuando previamente se establecen las bases para la productividad y competitividad de las economías. No hay forma de repartir la nada, porque eso es imposible y prometiéndolo, lo único que consiguen los gobiernos es defraudar a sus ciudadanos. De nada sirve que el régimen se esfuerce en convencer a los cubanos de algo que no es cierto. Ninguno de los servicios denominados “logros de la revolución” son gratuitos, sino que se paga por ellos y se paga quizás demasiado para la calidad que se recibe. La gratuidad de los servicios es otra de las falsedades del relato reaccionario comunista porque nada es gratis y de un modo u otro, hay que acabar pagando con impuestos asfixiantes (ahora se anuncia la entrada en vigor del IVA) lo que el estado entrega, ya sea una atención médica, una plaza en una escuela, o la libreta de racionamiento del mes.

Los cubanos saben que eso es cierto y que viven atrapados en un círculo vicioso en el que cobran unos salarios muy bajos en sus empleos, porque el régimen los engaña, diciendo que les compensa con un salario real elevado por la vía de la distribución “gratuita” de bienes y servicios, cada vez más escasa. La alternativa sería que los precios volvieran a reflejar la realidad del mercado (oferta y demanda) y que los salarios dejarán de ser reducidos por la presión del estado y se ajustaran a los niveles de productividad media. Y como no parece que esta “transformación” este incluida en la lista de las 176, habrá que seguir esperando y malviviendo a costa de lo que suministre un estado cada vez más agotado.

Los reaccionarios están “vendiendo” el sentido social de las transformaciones, pero lo hacen sin tener en cuenta el coste relativo de esas medidas. De nada sirve que los cubanos puedan acceder a los estudios universitarios si ninguna de las instituciones de educación superior de la Isla está entre las primeras del mundo. China, por ejemplo, tiene a más de diez en las 25 primeras del mundo. En deporte amateur, la sequía de triunfos y victorias se extiende de forma continua en el tiempo mientras que los profesionales que se dirigen al mercado triunfan en todas las especialidades.

La clave de las políticas públicas no es invertir y gastar a tontas y locas, sino hacerlo con visión estratégica y sin provocar una expansión del gasto presupuestario que convierte el déficit en un arma peligrosa por la vía de la expansión monetaria y el descontrol de la inflación. ¿Qué se ha hecho con los ingresos obtenidos por la denominada “cooperación médica internacional” cuyos fondos deberían servir para invertir recursos en el sistema nacional? Se acabaron los ingresos y entonces, el culpable es Marco Rubio por las sanciones. Los reaccionarios siempre buscan el enemigo en el exterior, forma parte de su ADN.

Por su parte, Jesús Otamendiz, ministro de Trabajo y Seguridad Social, también se adscribió a la sensibilidad reaccionaria al presentar las transformaciones en el ámbito laboral y de protección social, y créanlo o no, para el ministro la medida más importante es el incremento salarial mínimo del país, que pasa de 2.100 a 3.210 pesos. ¿De verdad cree el ministro que esta medida vale la pena si no se ajustan los restantes resortes de la economía, por ejemplo, la productividad? Este mismo tipo de decisiones fueron adoptadas durante la tarea ordenamiento y ahí quedaron las consecuencias nefastas.

Las empresas obligatoriamente deberán ajustar los salarios que estén por debajo de ese límite, y el incremento que corresponde al mes de julio será percibido por los trabajadores en los primeros días de agosto, dándose a conocer las escalas salariales mediante los medios oficiales. Pero si la productividad del trabajo es inferior, no pasa nada. Ya habrá alguien que acabará pagando la diferencia. Se avecinan malos tiempos para muchas empresas, sobre todo, estatales. Ese es el relato reaccionario puro.

De las pensiones, el relato reaccionario de las transformaciones ofrece la posibilidad de jubilarse con pensiones superiores, sobre todo en el sector agrícola y forestal. Otra medida que plantea lo mismo, ¿de dónde saldrá el dinero?  Las arcas del estado se encuentran vacías y las cotizaciones de los trabajadores no alcanzan para pagar las pensiones. Que se diga cómo se va a reconocer hasta un máximo de 10 años, a los efectos de la jubilación, para las personas que han dedicado ese tiempo al cuidado de sus familiares. Será todo lo humano que quieran, pero otra vez más, ¿Quién paga y cómo?

Yiselis Ferrer, directora jurídica y de relaciones internacionales del ministerio, dijo que las transformaciones aprobadas irán destinadas al nuevo Código de Trabajo, para promover mayor responsabilidad social y participación de todos los actores económicos en, y con, las comunidades donde desarrollan sus actividades. Se pretende generalizar las mejores experiencias, como el apoyo a hogares de niños sin cuidado parental, hogares de ancianos, hogares maternos y otros programas sociales impulsados por los gobiernos locales. Esta participación, que podrá ir acompañada de incentivos fiscales, se debe entender como una contribución activa al bienestar de las comunidades, más allá de la actividad económica de cada entidad, como un compromiso de todos los actores económicos con el proyecto socialista cubano.

Parece que estas medidas van a ser aplicadas rápido, muchas de las cuales ya encuentran respaldo en el proyecto de ley. En suma, garantizar la protección de los derechos de los trabajadores en el actual contexto de cambios económicos y fortalecer la Oficina Nacional de Inspección del Trabajo, para reforzar el control estatal sobre el cumplimiento de la legislación laboral.

En ese sentido, se anuncia la eliminación de la autorización administrativa para que profesionales de la salud, investigadores, maestros, profesores y otros trabajadores puedan ejercer el pluriempleo, para incrementar los ingresos familiares, sin descuidar las garantías relacionadas con la seguridad y salud en el trabajo. El pluriempleo es una medida que se encuentra denostada por los defensores de la justicia social, a ver cómo la encajan ahora.

Igualmente, el proyecto incorpora la posibilidad de concertar jornadas laborales reducidas, de común acuerdo entre empleadores y organizaciones sindicales, con la remuneración correspondiente, cuando las características de determinadas actividades lo permitan. Otra medida de escaso apoyo en la negociación colectiva.

Respecto a la inversión extranjera, se elimina el uso obligatorio de las entidades empleadoras y se permite la contratación directa de trabajadores, aunque el Código preservará las garantías para reclamar ante posibles conflictos y mantendrá la protección de los derechos laborales mediante los convenios colectivos de trabajo.

El proyecto reconoce el teletrabajo desde el exterior en determinados supuestos, la suspensión del cumplimiento del servicio social para quienes viajen al extranjero por motivos de formación autorizados por su empleador y una protección equivalente a un mes de remuneración para trabajadores contratados por trabajadores por cuenta propia en casos de interrupción o cese de la actividad.

El Código regulará el pluriempleo mediante relaciones laborales formales, mientras que otras actividades que puedan realizar trabajadores de una entidad, como determinados servicios de mantenimiento o reparaciones menores, se regirán por contratos de prestación de servicios y no por una relación laboral, aspecto que será desarrollado en normas específicas.

Y como no hay dos sin tres, el programa de transformaciones sociales tiene una medida, la número 65, que se plantea rescatar las ideas fundacionales del programa de “trabajadores sociales” creado por Fidel Castro. Más reaccionario, imposible. La doctrina otorga jerarquía a la labor de los trabajadores sociales al permitirles participar en los espacios municipales en los que se diseñan, gestionan y evalúan las políticas sociales, para que protejan a las personas en situación de vulnerabilidad y alerten a los directivos sobre cómo las transformaciones impactan en esos grupos, acciones que al parecer ya se han ensayado en determinadas zonas del país, buscando esa integración de los vulnerables en la actividad económica.

Mención aparte es la medida, según la cual se otorgará un ingreso mensual equivalente al salario medio a jóvenes de entre 18 y 30 años que estén desvinculados laboralmente (por pertenecer a colectivos vulnerables) y se involucren en cursos de capacitación para acceder al empleo. Un gasto que correrá a cargo del presupuesto de la asistencia social o del sistema empresarial según corresponda. 

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