Cuba: Estado democrático de derecho y economía de mercado. Respuesta al profesor Monreal
Elías Amor Bravo, economista
El estimado colega Pedro Monreal ha planteado una cuestión
para animar un debate entre economistas que ha captado mi atención. No tengo por costumbre que mis artículos en el blog sirvan para alimentar polémicas, pero la amable invitación del profesor invita a participar y tratar de justificar cual es la alternativa a la economía social de mercado y Estado de
Derecho.
La respuesta es fácil. Por el Estado de Derecho, lo que haga
falta. Es la única garantía de que la democracia y el pluralismo político, la
división de poderes, el ejercicio de las libertades públicas vuelva a Cuba
después de 66 años de prohibiciones. Ciertamente hay que pensar que los cubanos
libres damos nuestro apoyo entusiasta al Estado de Derecho y a sus instituciones
para que Cuba pase a formar parte del concierto de naciones occidentales y deje
atrás la imagen de dictadura de la guerra fría.
Y por si subsiste alguna duda, aquí conviene resaltar mi
acuerdo total y completo con los pilares del Estado democrático de derecho que
cita el profesor Monreal y que enumero a continuación:
- Gobernantes, partidos y ciudadanos están sometidos al
Derecho.
- Separación de poderes y control judicial: Legislativo,
Ejecutivo y Judicial se limitan entre sí. Un poder judicial independiente e
imparcial revisa las decisiones del Estado, protege los derechos y evita la
captura partidista de las instituciones.
- La soberanía reside en el pueblo.
- Los partidos representan a la ciudadanía, pero no son
titulares del poder ni pueden apropiarse del Estado.
- El poder se ejerce mediante mandatos temporales obtenidos
en elecciones libres y multipartidistas.
- La mayoría no puede suprimir la dignidad, la igualdad ante
la ley ni las garantías que protegen a las minorías.
- Las libertades inalienables no son concesiones del
gobierno, sino derechos que el poder no puede abolir, aunque pueda regular su
ejercicio. Entre ellas:
o Integridad física y moral.
o Libertad y seguridad personales, sin detenciones
arbitrarias.
o Privacidad, honra e inviolabilidad del domicilio y las
comunicaciones.
o Libertad de pensamiento, conciencia y religión.
o Libertad de opinión y expresión.
o Libertad de buscar, recibir y difundir información.
o Libertad académica y de creación.
o Libertad de reunión pacífica.
o Libertad de asociación, incluidos partidos, sindicatos y
organizaciones civiles.
o Sufragio libre y participación en los asuntos públicos.
o Igualdad ante la ley y no discriminación.
o Debido proceso, derecho de defensa y juez independiente e
imparcial.
o Libertad de trabajar y emprender.
o Derecho de propiedad, con función social y límites
legales, sin confiscación arbitraria.
o Libertad contractual.
Y defiendo esta posición y además, creo que no existe, al menos que yo conozca, entre los sectores del
exilio crítica alguna a esta visión de Cuba como Estado democrático de Derecho.
Ha habido en el pasado y hay mucha gente en el presente trabajando para lograr
que sea así.
Sin embargo, mientras que existe una posición casi unánime
en la defensa del Estado de Derecho no ocurre lo mismo con la economía social
de mercado. La razón es muy simple: son cosas distintas y establecer un paralelismo
o relación entre ambas, puede acarrear no pocas confusiones.
La economía social de mercado es una aproximación a la estructura económica que, en esencia, respeta los elementos básicos de la economía de mercado, pero pone énfasis en la justicia social, la distribución del producto y la compensación de los factores de producción por medio de instrumentos de redistribución de la renta, lo que implica aceptar una participación del Estado en el aseguramiento del bienestar de la población.
Por su parte, la economía de mercado enfoca su diseño a la producción y retribución competitiva de los factores de producción, el libre funcionamiento de los mercados, el respeto a los derechos de propiedad, la libre empresa. El Estado cumple sus funciones de crecimiento, asignación y distribución.
Observando la distancia entre las dos acepciones, es perfectamente posible, por tanto, que se produzca una oposición crítica a la idea de que Estado democrático de Derecho y economía social de mercado vayan en el mismo paquete para el futuro de Cuba. Como ya se ha señalado, no es necesario que el Estado de Derecho se identifique con la economía social de mercado.
Puede funcionar
un Estado de derecho con una economía de mercado, como ocurre en más de 180 naciones
del mundo, lo cual no impide que en la mayoría de esos países se promueva por
los gobiernos una política fiscal distributiva para promover la justicia
social siguiendo las funciones clásicas de la Hacienda pública de Musgrave. Pero la base del sistema es la economía de mercado, que es la que viene
funcionando razonablemente bien desde hace más de doscientos años.
La alternativa, y aquí vamos respondiendo al profesor Monreal
es muy sencilla, Estado democrático de derecho y economía de mercado, con una
apuesta por la responsabilidad social.
Por supuesto, quiero dejar bien claro que por mi parte no existe la menor preferencia
por un modelo económico socialista acompañado de dictadura del proletariado.
Ese modelo marxista leninista, en sus múltiples y asombrosas denominaciones, ha
regido los destinos de la Isla durante 66 años y ha sido el fracaso más
absoluto. Nadie quiere volver al pasado sino mirar al futuro con esperanza.
Esperanza de que los factores de producción sean retribuidos
de acuerdo con su aportación a la economía, de forma competitiva y que se
asignen de forma eficiente por medio de las decisiones de oferta y demanda a la
búsqueda de los equilibrios de mercado. Cierto es que habrá que corregir
fallos en la asignación, pero existe abundante experiencia sobre esta materia que ayudará a
tomar las decisiones correctas en materia regulatoria.
Esperanza de que el producto sea distribuido de acuerdo con
las previsiones de los agentes que participaron en la producción social, y que
no aparezca poder político alguno capaz de crear rentas de situación que
beneficien a unos colectivos por encima de otros. La distribución del mercado puede
ser mejor y más eficiente, y al igual que en la asignación, hay bastante
experiencia sobre el qué hacer.
Estoy detallando la alternativa económica que considero más
adecuada que la economía social de mercado para Cuba. Y por eso es tan
relevante la responsabilidad social, que se encuentra ampliamente extendida en
todos los países de economía de mercado.
Y al igual que el profesor Monreal defiendo los pilares de
la economía de mercado, citados por él como, “iniciativa empresarial privada y precios
determinados por la oferta y la demanda; competencia, protegida frente a
monopolios y carteles, como motor de eficiencia e innovación; un Estado que no
dirige detalles de la producción, sino que establece reglas estables:
competencia, estabilidad monetaria, libertad contractual y responsabilidad por
las decisiones; intervención estatal para corregir fallos del mercado, no para
sustituirlo; políticas que garanticen un mínimo de dignidad —seguridad social,
educación y protección frente a riesgos— sin eliminar la responsabilidad
individual”. En estos pilares estamos de acuerdo y no hay nada que cuestionar.
Entonces, ¿por qué nos oponemos a la economía social de mercado? Cuando
se incluye como uno de los pilares de la economía de mercado “la distribución
de la riqueza compatible con la cohesión social” algo empieza a no funcionar bien.
Una economía puede tener muchos fines que conseguir, a veces alternativos. Esa
es la definición de la Economía como Ciencia. Pero introducir, de forma
preceptiva y/o obligatoria, la “cohesión social” como un elemento a tener en
cuenta para la distribución de la riqueza, puede acabar siendo un elemento que
elimine a largo plazo el potencial de crecimiento, que tanto necesita la
economía cubana para superar su atraso secular. Sinceramente, la distribución
de la riqueza no tiene por qué depender y/o ser compatible con la cohesión
social.
La economía social de mercado es un modelo tendencial, que se encuentra arraigado en Europa Occidental desde los años 60 del siglo pasado. Tal vez, llegamos tarde.
En cambio, la responsabilidad social es una actuación moderna, cada vez más extendida
en el sector empresarial productivo que incorpora un modelo que la economía de
mercado recibe con agrado como es la cooperación pública y privada, por sus
efectos benéficos sobre el control del tamaño del Estado y la eficiencia de sus
políticas. Podemos estar de acuerdo que la economía social de mercado ya no es
un privilegio de países ricos, pero su adaptación a economías en desarrollo
plantea no pocas dificultades que pueden distorsionar los objetivos del
crecimiento que son prioritarios para estos países pobres.
Estimado profesor Monreal, nos une un objetivo común: Cuba debe
construir un Estado democrático de Derecho y aprender de los errores ajenos. La
nación tiene ante sí la gran oportunidad de retornar a la economía de mercado
que perdió en 1959 para volver a situarse en la posición que merece dentro del orden
económico mundial. En ello estamos trabajando. Espero haber precisado la
posición con claridad meridiana.
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