La batalla contra los indicadores de CEPAL,¿una trama castrista?

Asombroso. Según el diario Granma, el principal resultado del XXXIII período de sesiones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, CEPAL, celebrado en Brasilia durante esta semana, ha sido la propuesta de crear “nuevos indicadores económicos y sociales que reflejen mejor la realidad de cada país y permitan detectar las principales necesidades de cada uno".
Y continúa la nota del periódico castrista señalando, “de esa manera el criterio de renta media dejaría de ser un impedimento para participar en la asistencia oficial para el desarrollo”.
Tal vez algunos antecedentes nos permitan comprender lo que sucede. La “batalla” del castrismo contra CEPAL comenzó en 2005, cuando la organización mostró su desacuerdo con la cifra elaborada por el régimen comunista cubano para el informe de la organización, y que calculaba en un 11,5% la variación del PIB, un dato que superaba cualquier otra estimación regional y que convertía la economía de los hermanos Castro en una suerte de “dragón” asiático en el Caribe, a pesar de que la evidencia de los hechos mostraba justo lo contrario: una economía empobrecida, endeudada y carente de productividad y eficiencia.
En mi libro, “Economía cubana: la oportunidad perdida” de editorial Publiberia, realizo un análisis detallado de la controversia entre las autoridades del gobierno castrista encargada de los asuntos económicos y los expertos de CEPAL, que alcanzó niveles críticos cuando en 2006, la organización se negó a publicar los datos de la economía de la Isla, elaborados por el sistema estadístico nacional castrista, y los sometió a un proceso de evaluación externo e independiente.
Esa obsesión del régimen castrista con la estadística oficial, que sigue normas internacionales para facilitar la comparación entre los países, y que tienen todo el apoyo de la profesión por su base metodológica impecable, es el ejemplo más evidente de un régimen político que basa toda su información económica en los pretendidos éxitos de unas campañas imposibles de cosecha de chícharos o de producción de huevos.
Desde la eliminación del sector azucarero cubano por decisión unilateral de Fidel Castro a comienzos de siglo, los principales indicadores de la economía empezaron a ofrecer una imagen real de pobreza, deuda y miseria que afeaban cualquier análisis de la realidad. Ni siquiera en el Club de París se podían obtener los créditos con los que hasta entonces se financiaba a corto plazo la economía de la Isla, basado en las estimaciones de producción de azúcar en los mercados mundiales. Casi diez años después, el precio del azúcar alcanza máximos en su tendencia secular, y Cuba obtiene niveles de producción similares a los más bajos de la época colonial. Esas son las consecuencias de las decisiones económicas del castrismo, una rara mezcla de obsesión con acabar con la brillante historia económica cubana y con destruir cualquier posibilidad de superar la crisis estructural del modelo intervencionista y estalinista creado en 1959.
Mi consejo a CEPAL es que no acepte que el castrismo le obligue a rectificar. Es muy fácil cuestionar los procesos de elaboración de las estadísticas macroeconómicas, pero es muy arriesgado confiar la información de contraste a la propaganda y la manipulación. En este terreno es donde mejor se ha movido históricamente el régimen que oprime a los cubanos, pero en la Economía, se impone otro estilo: la credibilidad, la objetividad y la comparabilidad.
Y le guste al castrismo, a Granma o a quién sea, no hay mejor indicador sintético de la economía de un país que el PIB per cápita, elaborado con procedimientos homologados y similares que faciliten la comparación.
Cualquier otra alternativa supone introducir juicios de valor en el cálculo estadístico, lo que no es muy recomendable. Los indicadores de desarrollo humano son un buen ejemplo. Cuesta creer que estos indicadores, elaborados por Naciones Unidas cada año, sitúen por ejemplo a Cuba al nivel de algunos países europeos con niveles de desarrollo diez o doce veces superiores. Pero insisto, ese es el riesgo de los indicadores alternativos al PIB per cápita.
No se puede aceptar que un país, por su cuenta, decida que determinadas rentas de servicios en el exterior se computen como producción sectorial, como pretende el castrismo, por ejemplo, con los servicios de maestros o médicos en Venezuela. Pero, ¿no habíamos quedado que eso era cooperación internacional castrista? Además, ¿cómo se puede valorar a precios de mercado un programa formativo o una operación de cataratas en La Habana, cuando el mercado y su mecanismo de asignación, simplemente está proscrito? En ausencia de estas referencias de precios, fundamentales para realizar los cálculos, la medición del valor del PIB de la economía cubana se convierte en un esfuerzo complejo y difícil, obstaculizado por la negativa de las autoridades castristas a seguir las normas internacionales al uso.
Me temo que esta “batalla” se ha extendido de forma asombrosa, y no me cabe duda que detrás de esta propuesta a CEPAL en su reunión de Brasilia, estén los países del ALBA, fácilmente manipulables con la letal combinación del argumentario castrista y los petrodólares de Venezuela. Por eso creo que hay que poner un punto y final, evitando que se disperse y que gane fuerza. Todo ello en beneficio de la credibilidad de la información económica y en contra de la ambición de manipuladores profesionales que tienen mucho que esconder.

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