La escasa atención de los lineamientos a las inversiones

Uno de los males de la economía castrista es la escasa atención que se ha prestado de la formación bruta de capital fijo, FBC, es decir, a las inversiones en infraestructuras y equipamientos productivos, que son los que realmente hacen crecer a una economía a medio y largo plazo.


El economista Oscar Espinosa ha prestado atención a los últimos datos disponibles sobre la FBC en la economía castrista, destacando que su porcentaje sobre el PIB, un 9,4%, es de los más bajos de América Latina y el Caribe, donde la media fue casi de un 20%. No hace falta insistir en que un bajo porcentaje de la FBC en el PIB de una economía supone un freno para el potencial de crecimiento, la capacidad productiva y la generación de empleo y riqueza. La experiencia confirma que los países que invierten más en su presente, son los que desarrollan mejor sus economías a medio y largo plazo.

Recientemente, los economistas han prestado atención a la inversión en capital humano (la formación y educación superior), la energía, la I+D, y las telecomunicaciones, como elementos que se incorporan a la valoración del capital productivo de las economías. En cualquier caso, estos indicadores en la economía castrista, dejan mucho que desear.

Y si los niveles son bajos, las últimas informaciones procedentes de la Isla, en plena efervescencia por la puesta en marcha de los llamados “lineamientos” que vienen a suponer una apuesta por la “actualización del socialismo”, no son halagüeñas. Salvo el proyecto que se vienen desarrollando con no pocas dificultades en el puerto del Mariel, supervisado por el propio Raúl Castro en un ejercicio inédito de liderazgo empresarial, las evidencias sobre las inversiones en infraestructuras dejan mucho que desear.

Los sectores en los que se ha concentrado en mayor medida el gasto del presupuesto estatal, los denominados “logros de la revolución”, educación, sanidad, deporte, no parecen encontrarse en su mejor momento. El principal sector agroindustrial de la economía, el azúcar, se encuentra en niveles mínimos históricos, y los planes para su reactivación no están dando los resultados esperados, toda vez que el abandono de los campos y la obsolescencia de los equipamientos, provocada por la desatención de los gestores, han supuesto la ruina total de la principal actividad económica de Cuba desde sus orígenes.

Como señala Espinosa, la situación del transporte, otro sector de peso en el componente de la FBC, es deplorable, con la recuperación en pueblos y ciudades del interior de “carretones tirados por equinos, en un viaje sin escala a las condiciones de vida del siglo XIX”. Recientemente, las normas fiscales aprobadas han establecido un trato más favorable para este transporte ante la escasez y mala calidad de la oferta alternativa. Dentro de este breve recuento, la vivienda sigue siendo una asignatura pendiente, y medidas como la autorización para la construcción en las tierras cedidas en arrendamiento, no dejan de ser propuestas que lejos de conseguir sus objetivos, van a complicar más aun si cabe la recuperación productiva de la economía.

Este breve recuento de actividades con impacto sobre la FBC nos permite abordar otra cuestión de suma importancia. Una lectura detallada de los denominados “lineamientos” confirma la escasa atención que el régimen otorga a la necesaria recuperación de la economía productiva vía inversiones. La explicación es sencilla, los procesos de inversión para su materialización, exigen la generación de riqueza, de excedentes que se puedan acumular de forma progresiva para su orientación final a proyectos que se ejecutan a lo largo del tiempo.

Existe una posibilidad alternativa para invertir, el recurso al crédito, pero dada la posición de endeudamiento de la economía castrista, bien conocida en los mercados mundiales, no parece que vaya a ser la solución, lo que deja escaso margen, por no decir, ninguno, al desarrollo de la inversión extranjera productiva. Para invertir hay que generar riqueza y acumular.

Estos dos móviles de funcionamiento de una economía de mercado con propiedad privada, son conceptos que tienen un signo delictivo en la economía castrista, donde se utilizan insultos “merolicos, macetas” para calificar a quienes tienen éxito en sus proyectos emprendedores y obtienen buenos resultados de los mismos.

Esa animadversión hacia el comportamiento empresarial, hacia la generación del beneficio como el móvil de la empresa que funciona de manera eficiente, ese resentimiento ideológico con la acumulación de renta y riqueza, con el ejercicio del legítimo derecho de propiedad que todas las personas tienen, es el origen de los principales defectos de la economía impuesta por la fuerza en 1959 por el régimen castrista a los cubanos.

Una economía donde el componente ideológico ha pesado, en mi opinión de forma excesiva, sobre las decisiones de gestión eficiente, y en la que ahora, medio siglo después, se procesa y se castiga a los gestores cuya única responsabilidad ha sido cumplir fielmente las órdenes de la cúpula dirigente, acusándolos de burócratas. Esos vaivenes, sin las necesarias reformas estructurales en la economía, van a ser, ya lo están siendo, un grave problema para la normalización de la economía cubana y su plena inserción en la economía mundial.

Tomado de: www.miscelaneasdecuba.net

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