Las barberías y peluquerías: otro experimento que no puede salir bien

Bueno, finalmente ahora sabemos por qué las barberías y peluquerías se van a convertir en el primer sector de ejercicio libre dentro del régimen comunista. Un artículo en Granma de Anneris Ivette Leyva lo señala textualmente, “descargar al Estado de responsabilidades menores y permitirle concentrarse en funciones de mayor envergadura”.

A tal fin, las resoluciones firmadas por los ministerios de Comercio Interior, Trabajo y Seguridad Social, y Finanzas y Precios, publicadas en la Gaceta Oficial ordinaria número 36 del pasado viernes 11 de noviembre vienen a sancionar el nuevo régimen de funcionamiento de estas actividades que, históricamente, serán las que primero “rompan los vínculos con el sistema comunista”. A partir de ahora, los pequeños establecimientos (de uno a tres sillones) ya no estarán subordinados a las empresas provinciales de servicios técnicos, sino que podrán disfrutar de una merecida orfandad.

Como todo lo que viene de Cuba en materia de asuntos económicos, estremece. Si una de las metas que persigue el Partido Comunista Cubano para la “actualización del modelo económico” consiste en dejar que los peluqueros y barberos hagan su trabajo, entonces es que algo no funciona correctamente en la cabeza de la dirigencia del régimen. Ojalá que esta embriaguez de libertad económica continúe y que se haga efectivo lo dispuesto en el lineamiento 308, en el que se acordó "Introducir formas no estatales de gestión en el comercio, en lo fundamental en los servicios gastronómicos, personales y técnicos de uso doméstico".

Presiento que muchos de estos nuevos emprendedores castristas no lo van a tener muy fácil. Más bien, todo lo contrario. Nadan en aguas turbulentas y llenas de tiburones que van a intentar, por todos los medios, hacerles la vida imposible.

Los que trabajen en las 1.358 unidades de uno a tres sillones que dejan de pertenecer a las empresas comunistas, van a tener que luchar y duro por conseguir mantenerse y sobrevivir en un sistema económico asimétrico, en el que la intervención estatal, la planificación central de la economía y la burocracia asociada a ello van a hacer todo lo posible por estrangular cualquier experiencia alternativa, por mucho que los “lineamientos” digan lo contrario.

Tengo mis razones para pensar en que ello va a ser así. En el sistema comunista ideado por los hermanos Castro, cualquier proceso de acumulación de riqueza, es delictivo. El arrendamiento a los trabajadores de los locales por parte de la organización colectivista, se convertirá en un instrumento recaudatorio que no dejará de aumentar, más aun cuando los cubanos empiecen a realizar transacciones con sus viviendas.

En cuanto que la retribución de los profesionales se adapte a su productividad, dedicación, esfuerzo y competencia, el régimen les sube el alquiler y detrae los recursos que, por la vía impositiva, obtendrá igualmente. Esta es el arma de control que no me cabe la menor duda, usarán a discreción. Tiempo al tiempo.

Si los profesionales de peluquería y barbería pudieran ejercer libremente el derecho a alquilar locales a ciudadanos privados, y no a empresas estatales del régimen, la competencia permitiría abaratar los costes y proporcionar ingresos complementarios a los titulares de los locales, cuyo margen de elevación de precios sería limitado. El monopolio que se reserva el estado castrista, es una amenaza sobre estos negocios que ahora comienzan.

En fin, por si alguien tiene alguna duda, la Resolución 434 de Comercio Interior, que fija el Reglamento para el funcionamiento de estas barberías y peluquerías, deja absolutamente evidente “que el Estado continúa siendo propietario de los inmuebles y los medios que se incluyan en el contrato de arrendamiento”. Hasta las tijeras, las secadoras, las máquinas, serán propiedad de quién todo lo controla, dejando a los profesionales como trabajadores por cuenta propia que nunca serán dueños de su destino, y capaces de ejercer con libertad su actividad.

Además, los medios de producción se tienen que comprar obligatoriamente en la red de tiendas minorista de Comercio Interior, como si de una franquicia del régimen castrista se tratase. Ya veremos cuándo localizar tintes o champús para el pelo, cuando aprieten las condiciones de financiación exterior.

Las normas de seguridad social y de tributación que fijan las cuotas a pagar por los establecimientos, “podrán ser variadas por los consejos de la Administración municipales, de acuerdo con lo estipulado en la Resolución 298 de Finanzas y Precios de septiembre del 2011”, lo que supone una discrecionalidad coercitiva que se convierte en otro instrumento más de presión y control.

Tan solo observo alguna ventaja. Los gastos de electricidad se van a ajustar al sistema tarifario establecido para el sector residencial que es más económico que el ideado por el régimen para los nuevos cuentapropistas. Pero, dado el nivel de discrecionalidad de la burocracia comunista, en cualquier momento pueden cambiar estas condiciones.

Ojalá que los cubanos y cubanas puedan tener una mejor calidad de servicio, y que puedan elegir con más libertad donde quieren cuidar su aspecto. Ojalá que los precios realmente reflejen el comportamiento de oferta y demanda. Y ojalá que las barberías, en estado lamentable bajo la propiedad y gestión estatal, mejoren de aspecto y se conviertan en lugares donde la calidad del servicio vaya en aumento.

Y a todo ello digo ojalá porque mucho me temo que no van a producirse cambios. Los trabajadores del sector que pasan a ser cuenta propistas, no podrán desarrollar con la necesaria libertad su actividad. Sus ganancias serán reducidas, y no podrán esforzarse en mejorar las instalaciones o los medios de trabajo e insumos.

Todo será como antes. Detrás de este tipo de medidas, el régimen trata de ganar tiempo abriendo espacios para determinadas actividades que pasan a ser controladas por la extensa y compleja burocracia comunista. Nada nuevo bajo el sol.

Lo lamentable es que hayan estado dos años haciendo un estudio para la aprobación y generalización del modelo de barberías y peluquerías. Ahí es donde me sorprende que haya alguien en Cuba pensando en este tipo de cosas. Ya se va viendo por donde se asientan las bases de la actualización del socialismo castrista.

El Estado cede los servicios que nunca ha prestado en condiciones de calidad, pero no se desentiende de ellos, sino que continúa regulando y controlando, ahora desde una posición de fuerza, una actividad en la que juega a una semi libertad para los que la ejercen.

Tomado de: (www.miscelaneasdecuba.net)

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