Pero, ¿de verdad es tan necesario el Mariel?

Elías Amor Bravo, economista

Una pregunta que siempre tendrá alternativas afirmativas y negativas. Yo me decanto por las segundas. Me propongo explicar por qué.

¿Es un proyecto cubano? O por el contrario, ¿es un proyecto brasilero?

Conviene recordar que los 600 millones de dólares que han servido para organizar el espacio de 45 kilómetros cuadrados al oeste de La Habana han venido principalmente de Brasil. Que las labores de planificación y desarrollo urbanístico la ha realizado Odebrecht, una empresa brasilera, y que tras la inauguración de las obras por Dilma Roussef y Raúl Castro, se volvió a solicitar otra ayuda de un importe similar a Brasil. Quedan pocas dudas del origen del proyecto, aunque la titularidad de la propiedad, como toda Cuba, es del régimen.

Si ello es así, El Mariel responde básicamente a las necesidades de Brasil, que declara que quiere aumentar el comercio con Cuba hasta convertirse en el primer socio del régimen castrista, pero eso es un enunciado más político que económico. Lo tiene complicado. Entre 2006 y 2013, las exportaciones a Brasil apenas alcanzaron un 2,1% de las destinadas a América Latina. En cuanto a las importaciones, fueron algo más elevadas, alcanzando un 8,2% de las procedentes de la región, pero conviene recordar que esta cifra fue prácticamente la misma que se comercializó con Estados Unidos. Asombroso ciertamente. Mucho recorrido tiene por delante el comercio de Brasil con el régimen castrista si quiere alcanzar cifras como las de Venezuela o Canadá, que son los principales socios de la región y no se embarcan en este tipo de proyectos. En todo caso, el Mariel poco podrá ayudar.

Y acaso, el Mariel ¿responde a las necesidades reales de los cubanos? Vamos a ver. La Zona especial de desarrollo que se plantea en su entorno pretende especializarse en alta tecnología, productos biotecnológicos, farmacéuticos, agroindustriales. ¿Realmente esto es lo que necesitan los cubanos? ¿No sería mejor pensar en bienes de consumo, como alimentos, vestido, calzado o, en su caso, equipamientos para las viviendas, a la vista del pésimo estado del patrimonio habitacional? ¿A quién se le ocurrió que esos deberían ser los sectores a promover en la ZED? ¿Tal vez a la empresa de gestión procedente de Singapur, PSA Internacional, que es cierto que regenta otras diez zonas similares a nivel internacional, pero tal vez le ha faltado una cierta sensibilidad con el pueblo cubano?

Si, claro, alguien podría afirmar con todo derecho que los 1.000 empleos que se van a crear en la zona serán un potente estímulo para los cubanos. De acuerdo, pero ¿sabe alguien qué retribuciones van a tener, cuáles serán las condiciones contractuales, y lo que es peor, ¿quién podrá acceder a los empleos ofrecidos y gestionados por la agencia empleadora del régimen que ya se sabe a quién beneficiará en los procesos de selección  y por qué?

También alguien podrá pensar que esta actuación del Mariel sirve para que Cuba vuelva a situarse en la zona de comercio de América Latina, de la que nunca debió despegarse tras la aventura soviética y el distanciamiento geopolítico con Estados Unidos. Otro error. En la sociedad del conocimiento y de las nuevas tecnologías en la que ya nos encontramos desde hace años, entrar a formar parte de una determinada zona no requiere infraestructuras de esta naturaleza cuyo coste desborda cualquier planteamiento de rentabilidad. Y el que no crea, que se lo pregunte a los chinos.

Ahora parece que los rusos, tras la visita de Putin y la condonación de la deuda con la extinta URSS, se van a quedar con proyectos energéticos en la zona del Mariel. Parece que se olvidaron de la electricidad y alguien tiene que encender la luz. Realmente sorprendente. Más aun cuando Murillo declara que la inversión rusa para la energía no será suficiente.

Enterrar 1.200 millones de dólares en una actuación faraónica, que no se sabe muy bien qué objetivos tiene y para que va a servir, parece una aventura arriesgada más, de las que han jalonado la existencia durante más de 50 años del régimen castrista.No es difícil identificar centenares de alternativas mucho más positivas para destinar ese volumen de dinero. En un sistema democrático, la gestión pública está sometida al escrutinio de los electores que toman decisiones respecto de sus gobernantes, a partir de este tipo de actuaciones ruinosas, que pueden hipotecar para muchos siglos las débiles arcas de la economía. En Cuba, lamentablemente eso no es posible.

Al final, el régimen castrista es experto en borrar la historia. Tal vez ese haya sido el objetivo. Pero lo tienen difícil con google. Cuando se busca “El Mariel” en google, lo que aparece, en las primeras referencias, no es el megapuerto o la zona especial de desarrollo, sino el éxodo masivo de los años 80 provocado tras los incidentes de la embajada de Perú. Mucho les va a costar cambiar el rastro de la verdad en las nuevas tecnologías. Tal vez no lo consigan nunca. Está bien.

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