El régimen debe ser transparente y ejemplar con las donaciones externas

Elías Amor Bravo, economista 

Ante la grave crisis humanitaria que vive la Isla, el régimen se ha visto obligado a salir al paso de las críticas recibidas por el tratamiento y la gestión de los donativos que se reciben. Las críticas se refieren a la responsabilidad de la gestión, que suele beneficiar siempre a los mismos, y la transparencia con la ayuda, absolutamente oscura. Pero ¿qué hay de cierto en todo esto?  

Desde el derrumbe del muro de Berlín, cuando la economía cubana se encontró con un escenario de coyuntura económica de grave, profunda e intensa crisis provocada por la interrupción del subsidio soviético y el comercio de “pajarera” con los países del telón de acero agrupados en el CAME, los donativos y las ayudas a fondo perdido empezaron a llegar a la Isla procedentes de los más diversos países del mundo. A ello se añaden las situaciones puntuales de ciclones y huracanes con su efecto devastador que reclaman igualmente la solidaridad internacional.

Para una economía que siempre le había ido muy bien con el negocio de la “guerra fría”, ahora la ayuda internacional pasaba a ser un pilar fundamental para complementar las escasas actuaciones internas y tratar de que los efectos negativos de las crisis no se dejen sentir en la población.

Los donativos son un elemento fundamental del centro del sistema económico y social cubano, con una orientación política y partidista que deja fuera a amplios sectores de la sociedad civil. Por ejemplo, durante años la Iglesia católica se quejó de interferencias múltiples en las ayudas recibidas.

Por desgracia no existen estadísticas oficiales de los donativos y ayudas que, sin duda, han alcanzado en los últimos tiempos una mayor importancia creciente en términos absolutos y relativos. En estos términos se pronunció Deborah Rivas Saavedra, viceministra de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera (Mincex), en Mesa Redonda.

En ausencia de estadísticas, la viceministra explicó que la cooperación tiene lugar a través de diversas vías, entre ellas la bilateral gubernamental. Por medio de esta ayuda se han recibido innumerables donativos de alimentos y equipamientos, con un impacto significativo en el Sistema Eléctrico Nacional, con la llegada de tecnologías para parques solares fotovoltaicos y sistemas modulares para viviendas, policlínicos y centros productores de alimentos. En otro trabajo, se confirmó que los chinos se han destacado como donantes de paneles fotovoltaicos, aprovechando los excesos de capacidad que tiene el sector por las elevadas subvenciones que recibe del estado comunista.

Otra modalidad de donaciones y ayudas es la multilateral a través del sistema de Naciones Unidas, con proyectos que se adaptan a la actual contingencia. Cuba también recibe donaciones en el ámbito empresarial, tanto de compañías cubanas como extranjeras; y donaciones procedentes de organizaciones no gubernamentales y la sociedad civil internacional.

Es decir, Cuba en los últimos años se ha convertido en un receptor de prácticamente todas las modalidades de ayudas y donaciones, pero en ningún documento o informe se publican los datos concretos que alcanzan, existiendo una penumbra que genera no poca desconfianza a los analistas y observadores internacionales.

No es extraño que, en estas condiciones, surja todo tipo de dudas e interrogantes sobre el destino de las donaciones, lo que obligó a la viceministra a decir que la cooperación es “totalmente ordenada” por el Mincex, que actúa como órgano rector y aplica las políticas y normas como el Decreto 16 de 2020, “que garantiza que cada iniciativa se alinee con el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030”. Sin embargo, pese a ese control y rectoría ministerial, no hay datos oficiales de las ayudas y donaciones recibidas, existiendo una falta absoluta de transparencia.

La viceministra aprovechó su participación para decir que las donaciones “no se comercializan, ni se cobran, incluso cuando se distribuyen dentro de la canasta se exceptúa del cobro que tuviese un producto similar”. Ciertamente ha habido quejas de ello. Y también insistió para salir al paso de otras críticas que “se distribuyen de acuerdo con la voluntad del donante, de manera transparente, respetando las prioridades del objetivo para el que fueron dispuestos estos donativos”. Otro punto cuanto menos controvertido.

Al régimen le interesan, en el momento presente, las donaciones que ayuden a lograr la soberanía energética, mediante la transición hacia fuentes renovables y la eficiencia energética. Por eso, rompiendo cualquier principio de la cooperación, según el cual el receptor agradece la ayuda que recibe, los dirigentes comunistas cubanos se permiten decir abiertamente que “aspiramos a que los proyectos de cooperación se conduzcan hacia las áreas de desarrollo de nuestro programa de transición energética, vinculados a la producción de alimentos, la salud y el abasto de agua”.

Es decir, quieren dinero, pero que venga con nombre y apellidos, lo que traslada otro elemento de incertidumbre a las ayudas y donaciones, por ejemplo, ¿qué pasa con las que no se dedican, por voluntad de los donantes, a esas finalidades? En cierto modo es el mismo formato que se practica con las inversiones extranjeras que deben adaptarse a la conocida “cartera de oportunidades”. No hay libertad ni en la ayuda ni en la inversión. Y eso acaba cansando.

Rivas Saavedra no aclaró nada de estas cuestiones, pero si resaltó “el carácter bilateral de la cooperación cubana, que recibe, pero también ofrece, basada en el principio de internacionalismo”. Y que, “en este momento complejo, Cuba cosecha los frutos de más de 60 años de solidaridad internacionalista”. La ayuda cubana se cobra y además, bien pagada, los médicos, profesionales de servicios, deportistas no representan ayuda o donativo, sino que son servicios que se pagan, y bien pagados.

La doctora Tania Margarita Cruz Hernández, viceministra primera del Ministerio de Salud Pública (MINSAP), volvió a salir al paso, a continuación, en Mesa redonda, para insistir “que el proceso de recepción es totalmente transparente y se realiza de manera directa en las instituciones” y que las donaciones incluyen desde analgésicos y antibióticos, imprescindibles en salas de hospitalización y terapias intensivas, hasta medicamentos para programas líderes como la atención materno infantil, así como en el tratamiento de la quimioterapia y la radioterapia. Parece que en el ámbito de la sanidad es donde existe un mayor ajuste de los donativos recibidos.

La relación de hospitales beneficiados por los donativos es extensa, como el Ginecobstétrico Eusebio Hernández, los pediátricos, el Instituto de Oncología y Radiobiología, así como centros de cardiología, neurología y ortopedia.

Los donativos también se han dirigido a financiar equipamiento de alta tecnología; se ha recibido tomógrafos que ya se distribuyen en las provincias de Matanzas, Granma y Santiago de Cuba, además de ultrasonidos y otros recursos. Sin embargo, parece que estas donaciones no son suficientes y que “el sistema necesita mucho más para mantener los indicadores de primer mundo que históricamente lo caracterizan”. La viceministra no ofreció ni un solo dato de qué se necesita.

El Sistema de Salud ha comenzado a recibir sistemas fotovoltaicos mediante donaciones, destinados a garantizar la soberanía energética en instituciones sensibles y se han priorizado áreas de atención primaria como Policlínicos, Casas de Abuelos y Hogares de Ancianos, así como salones de operaciones y terapias intensivas en hospitales e institutos.

Betsy Díaz Velázquez, titular de Comercio Interior, dijo en Mesa redonda que su ministerio, “a través de su sistema empresarial, tiene la responsabilidad de recibir y distribuir los donativos, a partir de planes elaborados en base a determinados factores, incluyendo planes de emergencia, en situaciones tales como un evento climatológico”.

Volvió a señalar que los determinantes de la distribución de los insumos dependen de las cantidades registradas, de la voluntad de los donantes e incluso, de un principio de territorialidad, así como también la prioridad de los niños, personas mayores de 65 años, embarazadas, individuos o familias que el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social identifica como “vulnerables” y también niños que tienen una prescripción médica certificada por Salud Pública, entre otros.

Igualmente se refirió a que “la principal herramienta en la distribución de los donativos, o cualquier otro producto controlado es la libreta de abastecimiento” y en este punto ofreció algunos datos estadísticos, como que China dona al país 60.000 toneladas de arroz, de las que ya se recibieron los dos primeros envíos, con 4.800 toneladas, lo que ha permitido beneficiar a 6 millones de consumidores en ocho provincias.

Además, los 35 municipios afectados por el huracán Melissa, en el oriente del país, siguen recibiendo ayuda. Tras el levantamiento a las afectaciones del recurso «colchón», el 49,6 % de lo entregado provino de donativos y el resto, de los esfuerzos del país.

Concluyó diciendo que “nuestro sistema tiene un gran reto: recibir, transparentar y que llegue a cada consumidor lo que para él se destina”.

Y todo esto para glosar la aventura del llamado Convoy Nuestra América, integrado por centenares de activistas internacionales y también cubanos residentes en el exterior, que han traído ayuda material a la Isla en lo que Granma califica de “una muestra de valentía y compromiso”. En el programa, los dirigentes no escatimaron ataques al “bloqueo genocida de Estados Unidos” al que acusaron de querer “afectar las necesidades más perentorias del pueblo cubano en alimentación, salud y educación”.  Que alguien del equipo negociador tome buena nota. Y que nadie olvide que, si Cuba en estos momentos necesita ayuda y donaciones porque está cerca de una grave crisis humanitaria, que su régimen es responsable directo de haberla llevado a esa situación y que hay que dejarse de ir a buscar supuestos enemigos externos. La hora de la verdad, llegó.   

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