Entretenimiento en lo improductivo: así no se resuelven los problemas económicos

Elías Amor Bravo, economista

Se equivoca Díaz Canel cuando insiste una y otra vez que “el éxito de las transformaciones económicas y sociales aprobadas se define en los municipios”. Nadie dice que la gestión local no es importante, porque si se ejecuta de forma eficiente y efectiva, redunda en múltiples beneficios para los habitantes. Pero también es cierto que ninguno de los grandes problemas que es preciso resolver en Cuba en estos momentos, se puede arreglar desde los municipios.

Pensemos en los apagones. Al margen de las limitaciones energéticas, el problema reside en la falta de repuestos y la rotura continua de los viejos equipos de mediados de siglo pasado. La solución pasa por  inversiones masivas en infraestructura que dependen del presupuesto estatal. Nada que ver con los municipios. Pero es que lo mismo cabe decir de los problemas de alimentación, la ausencia de transportes o el descontrol de la inflación. Salvo la recogida de basuras, que es una competencia municipal clásica, afectada por la falta de combustible, buscar en los entes locales la solución a los problemas es una pérdida de tiempo.

Pero Díaz Canel, cuyos asesores económicos no tienen facilidad para sacarlo del error, insiste en que los municipios son fundamentales para el éxito de las transformaciones, y así lo hizo saber en unos intercambios con los principales dirigentes de los municipios de la capital cubana, Centro Habana y Plaza de la Revolución.

La tesis de Díaz Canel se basa en varios supuestos.

Primero, que los municipios están obligados a hacer suyas las 176 transformaciones económicas y sociales aprobadas recientemente en el país. Bien, es cierto que existe un Eje temático, el número 5, dedicado a la autonomía municipal, que contiene 9 medidas de distinto calado. Fuera de este espacio, la realidad es que el resto de los 22 ejes temáticos tienen poco o nada que ver con los municipios. Establecer obligatoriedades para los entes locales en esta panoplia de medidas puede acabar siendo contraproducente.

Segundo, Díaz Canel entiende que todos los agentes económicos son plenamente responsables con la comunidad en que se encuentran enclavados, por ejemplo, los proyectos de desarrollo local vinculados a la recogida de desechos sólidos. Este sí que es uno de los problemas más graves de los dos municipios que tienen solución en la escala local cuya solución pasa por disponer de combustible. No obstante, con respecto a la atención a las personas más vulnerables no está tan claro ese protagonismo municipal, en línea con lo establecido en el Eje temático 8 de transformaciones sociales.

Tercero, en ausencia de un paradigma confiable para la actuación de los gobiernos municipales, Díaz Canel mostró su interés por una iniciativa denominada trabajo de la Red Comunitaria Juvenil, en proceso de despliegue en todo el país y en la que los jóvenes participan en la solución de los problemas de la comunidad.

A nadie se le debe ocultar que este tipo de iniciativas, absolutamente improductivas e innecesarias, forman parte de la sensibilidad reaccionaria que recorre en estos momentos la cúpula del régimen,. En esencia, a un grupo de jóvenes residentes en Centro Habana y Plaza se ha adjudicado una serie de funciones de atención a vulnerables, como el cuidado de los ancianos que viven solos, el seguimiento de los jóvenes que no estudian ni trabajan, la realización de talleres contra las drogas y de actividades culturales y deportivas en los consejos populares. 

Una especie de recuperación de la vieja “escuela al campo”, destinada a las calles de La Habana, donde los problemas sociales son especialmente contundentes y el régimen trata por todos los medios de hacerse con el control del malestar social. La cuestión es cómo reciben los más jóvenes estos encargos de la Red Comunitaria, porque si son desempeños voluntarios no habría nada que añadir, pero si son responsabilidades impuestas y obligadas, la cosa cambia. Algo debe tener que ver con la imposición, ya que Díaz Canel se quejó de que se precisa mayor incorporación de estudiantes de la FEEM y la FEU para participar en estos programas de inspiración comunista con los que se pretende aplacar el enorme malestar que recorre la sociedad cubana.

La pregunta que cabe formular es por qué Diaz Canel, que sabe que los problemas que golpean al pueblo cubano, como las largas horas de apagón, suministro de agua y disponibilidad de alimentos, no tienen la solución en el ámbito municipal, sino que son competencia suya, del gobierno y de la peculiar estructura de la economía que otorga al estado un papel preeminente en los asuntos económicos. 

Si a esto se añade el papel de los jóvenes en esta Red que se han inventado, la situación no puede ser peor porque se tiene la impresión de que se busca el reparto de las quejas sociales entre todos. En realidad, con actuaciones de este tipo, apenas se sale al paso de la agenda encargada consistente en "hacer frente a la programación de las afectaciones, examinar lo que denominan circuitos priorizados y seguir incentivando la instalación de fuentes renovables de energía en centros sociales, económicos y en las viviendas". Ni se hace lo correcto, ni tampoco lo que se tiene que hacer. Y mientras, la población sigue padeciendo la grave situación para la que no existen soluciones concretas, por mucho que las “transformaciones” se presenten como tal.

Eso sí, mientras que apagones, basuras, alimentación y movilidad asfixian al pueblo cubano, el régimen no pierde ni un minuto en eso que denominan “preparativos para la defensa, en interés de la Guerra de todo el Pueblo”. Si, Diaz Canel, todavía tuvo el cuajo de preguntar a los dirigentes comunistas habaneros, “sobre la determinación y el acondicionamiento de los lugares que servirían como refugio ante una situación excepcional, la necesidad de que la población conozca bien hacia dónde debe dirigirse, y el cuidado durante todo ese proceso de los ancianos, las embarazadas, los niños y otros sectores vulnerables”. 

Llevan 67 años preparándose para una guerra, una invasión, una batalla, cualquier cosa inimaginable, pero no acaba de llegar, y la idea obsesiva se mantiene, de lo sublime a lo ridículo. Mientras que la escasez agota al pueblo, hay gente pensando en donde esconderse o como enfrentar un supuesto ataque. Mayor pérdida de tiempo no puede existir en momentos cruciales como el actual. Poniendo a la gente a desempeñar tareas improductivas no es cómo se resuelven los problemas de la economía. Es un grave error que aumenta el impacto de las desgracias que recorren el paisaje de la Isla. Luego los dirigentes culpan al embargo, pero son incapaces de reconocer su incompetencia.

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