Las renovables en Cuba: pan para hoy, hambre mañana
Elías Amor Bravo, economista
La apuesta alocada de las autoridades castristas por las
energías renovables en Cuba puede acabar en un final triste, como cada vez que
el régimen comunista se empeña en dirigir la economía en una determinada
dirección. Ejemplos no faltan de ello en los últimos 67 años, por eso, algunos
analistas se están preguntando si esta invasión de renovables no puede acabar
como la fiesta del guatao, con peores resultados de los existentes al comienzo.
El origen de este entusiasmo de los dirigentes comunistas se
encuentra en las donaciones de paneles fotovoltaicos chinos, que el gigante
asiático no ha tenido más remedio que organizar para afrontar los incrementos
de oferta de estos productos provocados por la ayuda estatal a las empresas del
sector. Hay paneles fotovoltaicos chinos para detener un tren, pero por la
misma, se irán acabando, y después la producción será mucho menor y los precios
subirán. Los dirigentes castristas están eufóricos con los paneles de regalo,
pero no observan los problemas a medio plazo que se pueden producir. De
momento, los donativos llegan hasta donde llegan, pero luego habrá que pagar
los equipos cuando se tengan que renovar o se produzcan las roturas e imperfectos.
La mejor forma de plantearse qué significa toda esta euforia
a favor de las renovables por parte de los dirigentes castristas es dar
respuesta a un contrafactual muy sencillo: ¿Mantendrían esta obsesión con las
renovables en Cuba si el petróleo siguiera llegando de Venezuela prácticamente gratis
y manteniendo las opciones de negocio encubierto? Si eso fuera así, ¿habría
alguien promoviendo la instalación de paneles solares o inaugurando solineras?
La respuesta parece conocida. Antes de la crisis petrolera,
la participación de las energías renovables en la producción total energética
de Cuba apenas alcanzaba un 2%, uno de los porcentajes más bajos en América
Latina. Los dirigentes comunistas, que nunca se interesaron, como lo hicieron los
gobernantes de otros países, por apostar de forma seria en la matriz eléctrica
por las renovables, lo más probable es que, si se presentase un escenario de
petróleo barato, seguirían igual, quemando combustible no renovable para
producir, en condiciones ineficientes y de alto coste, una electricidad que no
se escaparía de los eternos apagones. Los comunistas se olvidaron de las
energías renovables mientras había petróleo en cantidad, y dejaron pendientes, para
después, las tareas que otros países asumieron en los momentos de bonanza. Renovar
en profundidad la oferta energética, sin volcarse de forma alocada por una de
las fuentes, manteniendo un equilibrio eficiente y costeable.
Porque, y esta es una lección de primer curso de economía
para cualquier alumno, las decisiones económicas no se basan en bolas de cristal,
sino en una comparación entre ingresos y costes esperados, que justifique la
toma de decisión con visos de estabilidad y sostenibilidad. Y este
procedimiento vale, lo mismo para las grandes decisiones de infraestructura
nacional, como para abrir una solinera de carga rápida, a las afueras de Santa
Clara, a solo cinco kilómetros de la ciudad en la autopista nacional.
Una decisión de este calado debe tomar en consideración múltiples
variables que ayudan a que se maximicen las oportunidades de negocio, dotándolo
de viabilidad. La solinera va dirigida, principalmente, a atender las
necesidades de carga de los automóviles eléctricos o híbridos. ¿Cuál es el parque
de vehículos a atender con este servicio?
¿Son suficientes los que circulan por la autopista? ¿Se ha calculado la
distancia adecuada de los grandes centros de población? ¿Se ha pensado en
ofrecer algún tipo de servicio durante la espera? ¿Cuál es el precio aplicable?
Al parecer, celulares, ventiladores y lámparas recargables, puedan recargarse de
manera gratis en la solinera, que no es una empresa estatal, sino una mipyme, Solguara,
completamente desvinculada del sistema eléctrico nacional.
La nueva estación de carga solar viene equipada con dos niveles de servicio, uno de carga rápida y el otro de carga ultra rápida, cuenta con conectores compatibles con distintos estándares internacionales, lo que permitirá la prestación de un servicio más eficiente y general. La mipyme se lo ha tomado con interés, cosa que el estado con sus empresas difícilmente haría.
Al parecer, en esta zona central de
la Isla ya habían entrado en funcionamiento otras solineras, entre ellas la
inaugurada en el consejo popular Virginia, que cuenta con 56 paneles solares,
30 kilovatios de potencia y 60 kilovatios-hora de almacenamiento; y otras en
los bajos de uno de los edificios de 12 plantas del reparto Sandino y en los
repartos José Martí y Ciro Redondo.
Y aquí viene la cuestión principal. Esta proliferación de
solineras no va a resolver la grave crisis energética que vive el país como
consecuencia de la falta de suministro petrolero, por la imposibilidad de
acceder a los mercados internacionales de crudo. Los comunistas se empeñan en
dar solución a los apagones eléctricos y la falta de movilidad, propiciando actuaciones
al margen del Sistema eléctrico nacional, y eso es inadecuado, inoportuno y de
consecuencias muy negativas. El problema
viene originado porque estas soluciones descentralizadas, como los paneles
fotovoltaicos o las solineras, impiden acometer, de manera integral, un problema
que requiere decisiones de escala y no pequeños parches aislados.
Es lo mismo que cuando Raúl Castro pidió a una población
hambrienta que cultivara en los “huertos urbanos”, en los jardines y patios.
Ojalá que alguien pudiera enseñar una sola malanga obtenida en estos “huertos”,
o ahora que andan con aniversarios de Fidel, aquella idea loca de repartir los
pollitos de las granjas estatales para que la gente los cuidara en casa. Las
soluciones descentralizadas en el régimen comunista cubano no salen bien, porque
se mantienen las estructuras jerárquicas, administrativas y de poder de inspiración
comunista, que son las que frenan cualquier avance y cambio social.
La solinera de Santa Clara es otro ejemplo de ese proceder comunista, un quiero y no puedo, que deja detrás de sí un balance de destrucción por donde quiera que pase. Lo peor de todo es que la solinera es de una mipyme con dinero privado propio, y que se está jugando su negocio. Mal asunto.
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