¿Empresas privadas o estatales? ¿Quién manda en Cuba?

Elías Amor Bravo, economista

Ya tardaban en salir a defender el armatoste inservible de las empresas estatales socialistas. El relato de las 176 medidas ha sido construido para hablar, principalmente, de actores no estatales o de sector privado, pero en Cuba rige un sistema económico marxista leninista desde hace 67 años, sancionado con la constitución de 2019, y en el mismo, el sistema empresarial estatal socialista se considera que es parte fundamental de la economía. Los castristas se encargan de recordar que pueden hablar con los empresarios privados, pero los estatales son preeminentes, y eso se tiene que dejar bien claro.

Por ello, Díaz Canel mantuvo un encuentro con representantes de entidades económicas estatales que avanzan en la implementación de las transformaciones económicas y sociales, y la prensa oficial se hizo eco de lo tratado en la reunión. Al encuentro asistieron más de 30 líderes empresariales del sector estatal, cuyas entidades destacan por sus resultados en la aplicación de las medidas económicas que ha adoptado el país en los últimos años y ahora lideran la implementación de las 176 transformaciones económicas y sociales. Lástima que no acudieran a la reunión los más de 400 empresas estatales en pérdidas.

La reunión se celebró en el palacio de la revolución, y al igual que la que se realizó con los empresarios privados, contó con la participación de varios miembros del buró político, Marrero, Morales Ojeda, Valdés Mesa, Chapman Waugh. Qué curioso, por allí no apareció Pérez Oliva Fraga que si estuvo en la reunión con los empresarios privados.

De la reunión, nada nuevo, si quieren que les resuma en dos palabras el contenido, pero si que hubo algún mensaje que conviene destacar, como que “las transformaciones permiten a la empresa estatal socialista ponerse en igualdad de condiciones que el resto de los actores económicos”.

Si. Han oído bien, al parecer la empresa estatal socialista, privilegiada del régimen, eje sobre el que se encuentra organizada la economía marxista leninista, y principal concentración de empleo y valor añadido, resulta que “hay que ponerla en igualdad de los demás actores económicos”. Y aquí surgen las preguntas ¿Igualdad con el TCP que pasa 24 horas al día trabajando sin parar para poder obtener unos ingresos básicos? ¿Igualdad con la mipyme que a duras penas levanta cabeza en medio de prohibiciones y restricciones de todo tipo? ¿Igualdad con quién, en qué y para qué? Esta es la cuestión que a Díaz Canel ni se le ocurrió plantear.

El relato comunista sobre la empresa estatal va por otros derroteros.

En primer lugar, el partido único, el gobierno y el estado ratifican su “plena confianza en la capacidad que tiene el sistema empresarial estatal socialista cubano para aportarle al país lo que necesita, y su posición a la vanguardia de los procesos no admite cuestionamiento alguno”, aunque para ello sea precisa una transformación.

En segundo lugar, el presidente del Instituto Nacional de Activos Empresariales Estatales, Roberto Ricardo, glosó en su intervención “los resultados que van obteniendo entidades del sistema empresarial estatal socialista y presentó las fortalezas, amenazas y retos que enfrentan”. Por supuesto, ni una crítica ni un comentario fuera del relato oficial. 

En tercero, la reunión acabó siendo una exposición de los casos relacionados con la actividad de diversas empresas estatales, como la Empresa Apícola Nacional, de la que se dijo que había logrado de forma exitosa cerrar el actual proceso, tras sacar ventaja de buena parte de las facultades otorgadas anteriormente. Su máximo directivo explicó que las transformaciones fueron analizadas en los colectivos laborales y los trabajadores han hecho aportes a las mismas de acuerdo con las características y experiencia de su sector.

Los asistentes concluyeron que el apícola es un grupo empresarial “que ha asumido con seriedad las anteriores medidas de flexibilización, de lo que es muestra el esquema de financiamiento que aplica desde hace un año con resultados que le han permitido avanzar en su gestión, incluido el pago en tiempo a los productores”. No es extraño que la producción de miel funcione bien tratándose de un sector orientado a la exportación y la obtención de divisas. Habría que pensar qué podría ocurrir si no se diera esta circunstancia.

A continuación, el presidente del grupo empresarial de Logística de la Agricultura (Gelma), Wilson Ramírez explicó la implementación de las transformaciones en una actividad presente en la mayoría de los municipios del país. Calificó las transformaciones como cambio radical, que han generado dudas en la base, de ahí la importancia de realizar un activo proceso de intercambios de opiniones y de experiencias que permitan una mayor comprensión y entendimiento por parte de los colectivos laborales. Mucha información, pedagogía y explicaciones, pero ahí sigue estando el problema alimentario que afecta de forma notable el bienestar de la mayor parte de la población.

Desde el grupo Automotor del Mitrans, su director Oscar Carvajal, describió la labor realizada en la entidad aprovechando las flexibilidades otorgadas y que ahora se concretan en las citadas transformaciones. Y como ejemplo señaló que este año ninguna de sus empresas terminará con pérdidas y crecerán en aportes y utilidades. Un dato a tener en cuenta si se advierte que en el primer semestre del año el número de empresas estatales con pérdidas aumentó más de un 40% con respecto al mismo período del año anterior.

En la reunión se presentaron también las “buenas prácticas” y resultados de la implementación de las transformaciones en otras empresas, como Labiofam, de la hidráulica y de la industria electrónica, entre otros. Edel Gómez, director general de la Empresa Industrial Electrónica comandante Camilo Cienfuegos, comentó que las transformaciones les permiten ponerse en iguales condiciones que el resto de los actores económicos, destacando lo importante que es que se quiten obstáculos y trabas y se permita avanzar con mayor rapidez en la creación de esas riquezas que se necesita. Fue la única ocasión en que se habló de riqueza.

En este punto, Díaz Canel intervino para comparar el contenido de la reunión con las empresas estatales con la que días atrás había mantenido con representantes del sector empresarial no estatal para conocer cómo iban asimilando las transformaciones y sus criterios y dudas sobre estas. Y aunque no entró en detalle de comparaciones, si que se comprometió una vez más a que los encuentros se mantengan de forma sistemática, lanzando una novedad que es que los próximos encuentros empresariales integren conjuntamente la participación de todos los actores: estatales, no estatales y cooperativistas, “para que nos vayamos integrando como ese sistema empresarial único concebido en nuestro modelo económico y social”.

Sin embargo, el discurso de Díaz Canel sobre las 176 Transformaciones sigue siendo falso y puede inducir a graves errores a quienes se inspiran en lo que él dice. Por ejemplo, no es cierto que las transformaciones obtengan la necesaria seguridad jurídica, a partir de las normas y leyes que se van publicando a destajo en la Gaceta oficial.  Ese cuerpo jurídico entra en colisión con el texto constitucional de 2019, que tiene que ser modificado para que exista la necesaria seguridad jurídica que impida al régimen una “vuelta atrás” o una “revisión” como ha ocurrido en procesos anteriores. Sin cambio constitucional, hay graves riesgos en la implementación de las transformaciones y cualquier actuación que no tenga en cuenta el articulado de los fundamentos económicos de la constitución comunista puede acabar mal, muy mal.

El relato de Díaz Canel viene dominado por la grave crisis humanitaria que existe en Cuba, pero no tiene en cuenta que hay que despojarse de los principios marxistas que frenan los procesos de cambio estructural de la economía. Y si hay empresas que de forma irresponsable se lanzan a la piscina sin agua, que luego no vengan a quejarse de daños y perjuicios. Avisadas están, inclusive las más emprendedoras y arriesgadas que ya tienen preparados sus diseños para actuar, pero no basta con las normas que se publican en la Gaceta, y se tiene que garantizar que la constitución recoja esas transformaciones.

La prisa nunca ha sido buena consejera, y menos cuando una economía se encuentra inmersa en una grave crisis estructural, al borde de un oscuro precipicio. Presionar al sector empresarial, en general, con las transformaciones y exigir que todas las entidades nacionales en los territorios se pongan a la orden del poder político para llevar a término sin dilación las transformaciones, no solo es irresponsable, sino que puede acabar provocando una crisis mucho más grave que la generada por la tarea ordenamiento.

El relato no sólo establece la urgencia en la aplicación de las transformaciones, sino que en busca de una imposible normalidad, se anuncia que el sector empresarial tiene ante sí dos escenarios importantes que tendrán lugar en lo que queda de año en los colectivos laborales: la discusión de las 176 transformaciones económicas y sociales y la elaboración del Plan 2027. Y para que esta iniciativa cuaje, Díaz Canel pidió a los empresarios y dirigentes de las empresas estatales que “cambien los estilos de dirección y de gestión de la actividad empresarial, porque todo lo tenemos que hacer con la participación de los trabajadores”.

Con respecto al Plan 2027, una iniciativa que se podría calificar de imprudente con la economía funcionando a los niveles más bajos de actividad desde el periodo especial, Díaz Canel pidió que el plan surja de la base, también, con la participación de los trabajadores, porque “si hemos dado toda la autonomía, entonces que los trabajadores digan cómo, ejerciendo esa autonomía y aplicando las transformaciones podemos potenciar la actividad de nuestra empresa estatal socialista”. 

En este punto, aprovechó para lanzar un dardo envenenado a “algunos lugares donde los dirigentes están haciendo énfasis, sobre todo, en los incrementos salariales a que deben conducir las transformaciones, olvidando que de lo que se trata es del pago de salarios con respuesta productiva y con creación de riqueza”. Cuidado, que esta historia todavía no se acabó.

Los representantes del sistema empresarial estatal socialista, la niña mimada de la economía cubana, no debieron de salir de la reunión tan tranquilos como entraron. Se encontraron con unos “jefes” que, sin ir más lejos, les están encomendando más trabajo y, sobre todo, cualificado. Unos jefes que siguen insistiendo en que el sistema empresarial estatal socialista debe ser “nuestro principal actor económico” asumiendo las transformaciones que se deba y atendiendo a la “guerra económica que nos han impuesto” que fue el único momento en que salió a la palestra en toda la reunión.

Díaz Canel acabó su discurso hablando de que es preciso aprovechar la voluntad política que existe en el país, en el partido, en el gobierno, en todas las instituciones, para que el sistema empresarial estatal socialista salga adelante y aporte al país lo que le tiene que aportar. ¿Voluntad política? ¿Cómo se mide eso?

La conclusión es que los castristas muestran su preferencia por la economía estatal y se olvidan del sector privado. Aviso a navegantes que piensan que en Cuba han cambiado las tornas. No es así, la cúpula dirigente sigue teniendo sus prioridades y no las van a cambiar, aunque la economía se hunda.

El castrismo tardío quiere conseguir que la economía funcione con soberanía productiva y promoviendo la interconexión de todos los actores económicos. Lo tiene complicado. Son muchos años de descontrol, pésima gestión y desorientación respecto de lo que debe ser un ejercicio empresarial, y eso no se arregla en 15 días, y es muy probable que exija soluciones de cirugía fina, que, en este momento, en el régimen castrista ni se lo imaginan.

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