Las reformas castristas y la artesanía

Un artículo en Granma de Yenia Matos viene a destacar la importancia de la vuelta de los artesanos para la industria local. En medio de todas las medidas adoptadas por el régimen para recuperar la actividad productiva, no me cabe la menor duda que la artesanía puede suponer un importante estímulo para la economía.
Lo que no consigo entender cómo es posible que el comunismo ideado por Fidel Castro a partir de 1967, cuando se decidió la confiscación absoluta de todo tipo de actividades privadas, suprimiera también la artesanía. Es una decisión absurda que ha dejado a Cuba, a sus municipios, y regiones, sin un elemento fundamental de su cultura tradicional que, además, supone una fuente muy importante de generación de empleo y riqueza.
En todas las economías, las artesanías cumplen una función primordial como elemento dinamizador del desarrollo local, que es precisamente el más sostenible y el que ofrece más garantías de estabilidad y prosperidad. En Cuba, donde la ideología se ha situado históricamente por encima de la racionalidad económica, los artesanos se convirtieron muy pronto para la oficialidad de la dictadura en peligrosos delincuentes y criminales que amenazaban la revolución, focos en los que se concentraba la protesta y animadversión hacia el nuevo régimen, y por eso, desde 1967 fueron barridos de la realidad económica y social.
Su reaparición durante el período especial sirvió para confirmar que el sector estaba dormido, pero no eliminado, y la permanencia a posteriori de numerosas actividades, sobre todo orientadas al turismo, ha sido un factor relevante para la mejora de las condiciones de vida de numerosas familias.
El valor de la artesanía es el trabajo especializado. Por eso, me cuesta comprender que un régimen como el comunista de los hermanos Castro, convirtiese a los artesanos en peligrosos hombres de negocio a los que había que eliminar como fuera. La artesanía supone una recuperación y adaptación permanente de la cultura productiva existente en la sociedad civil. Un valor en alza en todos los países occidentales, y que genera volúmenes muy importantes de actividad y de beneficios. En cualquier caso, la artesanía es una actividad que permite el ejercicio por cuenta propia de una profesión, generar recursos, empleo y dar viabilidad a una opción de negocio.
Y ahora que en Cuba Raúl Castro parece inmerso en una vuelta atrás al 67, se mira con expectación hacia las artesanías. De la relación de 178 actividades autorizadas la mayoría pertenecen al sector de los servicios, y no parece que se haya prestado mucha atención a la producción manufacturera en pequeña escala como hacen los artesanos.
En cualquier caso, la artesanía para florecer necesita un mercado. Y como ya sabemos, el interno es inexistente en Cuba, con una población que carece de recursos para destinarlos a bienes y servicios que no estén directamente relacionados con la alimentación o las necesidades básicas de sustento. Por eso, en tales condiciones el único mercado puede venir del turismo, que por otra parte y como muestran indicadores recientes, no parece despegar en sus cifras, conforme se acerca la temporada alta.
Luego están los problemas, no menos relevantes de costes y aprovisionamiento, de tecnología, de organización y distribución, que en estos momentos, en presencia de un rígido control de la economía por parte de la jerarquía comunista, no parece ofrecer soluciones para esta actividad.
De lo expuesto, tengo mis dudas sobre el futuro de los nuevos artesanos, que abrumados por impuestos y tasas, pueden acabar regresando al ámbito de la economía sumergida, como reacción inicial, o abandonar definitivamente sus actividades a más medio plazo.
Mi consejo a los castristas: no se hagan muchas ilusiones. Una base empresarial no se puede crear por decreto, y ahora que los brasileños se ofrecen a enseñar a los cubanos a dirigir empresas, ya veremos en qué puede acabar toda esta historia de incertidumbres. Al final, el único perjudicado termina siendo, como siempre, el pueblo cubano, cuya capacidad de resistencia puede haber llegado a un límite.

Comentarios

  1. El Mínimo Líder, Raúl Castro, trata de salvar el socialismo con curitas. Parece desconocer ese refrán que dice que a grandes males, grandes remedios. A sus 70 y tantos años Raúl pretende desconocer que los errores del socialismo en todas partes se debió a que los medios de producción están en manos del estado y a que la propiedad privada no es permitida, además de considerar el enriquecimiento como un delito. Una economía con rigores capitalista dentro de un marco socialista es un engendro que no respira ni camina hacia ninguna parte. Es el mismo monstruo mutado. Es como esa vaquita del tamaño de un perro que su hermano Fidel alguna vez quiso que hubiera en todos los hogares cubanos. Ordeñar la perra es como debería llamarse este proyecto diseñado para la plebe cubana. Más que con un cetro, este anciano monarca del socialismo dirige la economía y las libertades con un gotero.

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