¿Producir azúcar para Brasil? Bueno, ya veremos



Elías Amor Bravo

Gran expectación mediática con la visita de la presidenta de Brasil al régimen castrista. Los defensores de la línea de cambios que viene introduciendo Raúl Castro ya se han apresurado a realizar una valoración muy positiva del impacto de esta visita que, parece haber tenido ya un primer resultado, al anunciarse que la empresa brasileña Odebrecht va a producir azúcar en Cuba, convirtiéndose además en la primera inversión extranjera en la agricultura, un sector hasta ahora cerrado en la isla por el régimen comunista.

Según ha trascendido a los medios, Odebrecht firmará con el monopolio estatal castrista que ha sustituido al tradicional ministerio del azúcar, denominado Grupo de Administración Empresarial del Azúcar cubano, un "contrato de administración productiva" por el ingenio "5 de Septiembre" en Cienfuegos.

La historia, a veces, no deja de sorprender.

Primero, que Cuba necesite que Brasil le enseñe a producir azúcar parece un contrasentido, cuando estamos hablando de que hace unos 60 años, era precisamente Cuba la primera potencia mundial productora de un artículo de gran demanda en los mercados mundiales y para el que se habían desarrollado instrumentos financieros y económicos muy avanzados para su tiempo. Este “contrato de administración productiva” simplemente me parece un ejemplo más del infortunio que los cubanos padecen como consecuencia del régimen castrista, algo que les debe llevar a reflexionar sobre el sentido de su historia.

Segundo, nada que objetar, por otra parte, a la decisión. Desde hace más de quince años, los turistas españoles que viajan a Cuba se sorprenden en los hoteles y cafeterías cuando piden un café y abren la bolsita de azúcar, en la que dice textualmente “hecho en Brasil”. Desde que a comienzos de siglo XXI el entonces gobernante Fidel Castro declarase la guerra al sector azucarero acusándolo de falta de productividad y de rémora para la economía, las cosas no podrían haber ido a peor. La cuota mundial del azúcar cubano, situada en aquel momento en torno a los 6 millones de toneladas, fue ocupada por otros países que nunca habían alcanzado los niveles de la Isla y lo sucedido después es conocido: precios al alza en los mercados mundiales, fabricación de etanol, biocombustibles, etc. Todo un nuevo sector de aplicaciones industriales perdido por las inoportunas ocurrencias de la cúpula dirigente del país.

Y ahora, llega el acuerdo con Odebrecht, plasmado en ese “contrato de administración productiva” cuyo objetivo es  que durante 10 años se  incremente la producción de azúcar y la capacidad de molienda a la vez que ayudar a la recuperación de la industria nacional.
De ese modo, Cuba, la otrora potencia mundial, puede convertirse por obra y gracia del devenir de los tiempos en una “maquila” azucarera de Brasil, vía aportación de tecnología del país sudamericano, y lo más importante para el régimen, capital extranjero sometido a riguroso control que sostenga la pésima situación de las finanzas internas. 

Hasta la fecha, el régimen, cuya queja permanente del bloqueo se ha ido desgastando con el paso de los años ante la evidencia de los hechos, había autorizado la inversión internacional en actividades como el turismo o el petróleo, pero es la primera vez que lo hace en la agricultura, y en esta ocasión de la mano de Brasil. Según se ha podido conocer, han sido varias las empresas privadas de otros países que llevan años negociando su entrada al sector azucarero de Cuba, cuyo potencial es indiscutible.

La apuesta por Brasil es fruto de una meditada decisión política como casi todo lo que se cuece en el castrismo. Imaginemos que el yacimiento de Repsol en aguas del golfo de México sale mal y Cuba se queda sin petróleo. Quienes siguen de cerca estos asuntos saben que Odebrecht también producirá etanol y energía, a partir de biomasa en Cuba.

Tal vez lo más relevante de todo esto sea el hecho de que la producción de etanol a gran escala en Cuba ha tenido siempre en contra al ex presidente Fidel Castro, un crítico feroz de la utilización de alimentos como por ejemplo el maíz para fabricar biocombustibles. Sus artículos últimamente han puesto especial énfasis en estas cuestiones.

¿Cabría pensar en una nueva polémica entre los dos hermanos a cuenta de Odebrecht? No estaría mal.  De hecho, los analistas señalan que el proyecto de Cienfuegos es muy parecido al que Odebrecht ya viene desarrollando en Angola con la petrolera de aquel país Sonangol para producir unas 260.000 toneladas de azúcar; pero lo más importante son los 30 millones de litros de etanol y 45 megavatios de energía eléctrica.

Lo cierto es que ya desde antes de la “revolución”, el potencial de la industria azucarera cubana sonaba para sus aplicaciones para la producción de etanol, pese a que la tecnología de entonces no es la misma que en la actualidad. De hecho, son muchos los expertos que opinan que si Cuba resucitara su industria azucarera podría volver a ser el tercer mayor productor del biocombustibles del planeta tan solo por detrás de Estados Unidos y Brasil.

Estimaciones realizadas por Ron Soligo, economista en la Universidad Rice de Houston, apuntan a que Cuba podría alcanzar una producción de 7.500 millones de litros de etanol al año (fuente: Infobae). Pero, también añade que desarrollar el sector de la producción de etanol en Cuba tardaría un cierto tiempo, porque gran parte de la tierra ha sido abandonada durante muchos años.

Brasil, el segundo mayor productor de etanol del mundo, tendrá que emplearse a fondo para recuperar el potencial productivo  y se sabe de buena fuente  que ha ofrecido a las autoridades cubanas asistencia técnica para la producción de biocombustibles a partir de caña de azúcar, a pesar de que esto no entra en los planes de Fidel Castro. No parece que esta sea la posición de su hermano, que contempla con buenos ojos a Odebrecht, sobre todo porque gracias a esta empresa se están ejecutando actualmente obras por 800 millones de dólares para modernizar el puerto de contenedores de Mariel, al oeste de La Habana. Un proyecto financiado por el estatal Banco Nacional de Desarrollo brasileño que ha abierto las puertas a Odebrecht en la modernización de la deprimida industria azucarera cubana.

Tomado de Miscelánea de Cuba, 31 de enero de 2012

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