La imposible "actualización del socialismo" en Cuba

He esperado intencionadamente el final de la visita del Papa para abordar el análisis de las palabras del ministro Murillo, en las que señaló a un grupo de periodistas internacionales en una reunión informal que “los cambios económicos son una actualización del modelo socialista”, para terminar añadiendo que en Cuba, “nunca habrá cambios políticos”.

Lo primero que debemos aclarar es que no se trata de enunciado nuevo alguno.

Desde que se lanzó el “manual del buen revolucionario” llamado “Lineamientos”, aprobado por el congreso del partido único el pasado año, no se está diciendo otra cosa que eso. Raúl Castro reconoció primero públicamente que la economía cubana estaba al "borde del precipicio", para decir después que lo que se tenía que hacer era “actualizar el socialismo”.

Ese concepto de “actualizar” algo que precisamente presume de su modernidad y vanguardia es algo que nos cuesta asimilar, pero haciendo un pequeño esfuerzo vamos a tratar de desmontar, con argumentos procedentes de la Economía política, esta aberración que, de llevarse a término, va a suponer más desdichas para el pueblo cubano.

Para empezar, lo primero que se tiene que destacar es que en la economía castrista nunca ha existido el socialismo. La propiedad estatal de los medios de producción, la confiscación de los derechos de propiedad, la eliminación del mercado como instrumento de asignación de recursos, tiene muy poco que ver con lo que se entiende por socialismo en las naciones occidentales y democráticas.

Por ello, si se tiene que calificar el sistema económico castrista con alguna etiqueta, no cabe duda que hay que hablar de comunismo, y además reaccionario y de base estalinista, más propio de las primeras décadas del siglo XX, que de los tiempos actuales de sociedad del conocimiento y de las modernas tecnologías.

Anclados en ese modelo que ha mostrado en numerosas ocasiones que es ineficiente y contrario a la razón humana, el castrismo raulista pretende impulsar una “actualización”, sin modificar los elementos constitutivos del sistema que son los que producen más deficiencias y desequilibrios. Dicho de otro modo, se plantea una acción modificativa de algo que funciona de manera incorrecta.

Corolario, como la acción a realizar va en la misma dirección que los defectos del sistema, se corre el riesgo cierto de que se agraven los defectos que se pretenden corregir (corrupción, desigualdades, improductividad, ineficiencia, agravios).

Actualizar lo que no funciona es un error, si no se alteran las bases que lo convierten en algo inútil e inadecuado para los tiempos.

Murillo se empeña en seguir un guión de parches que sólo van dirigidos a ganar un tiempo que los mercados internacionales no van a conceder a la Isla, y que supone un obstáculo, yo diría empleando los términos castristas, un embargo o bloqueo al pleno despliegue de las fuerzas productivas internas de la economía cubana, que son las únicas que pueden ayudar a superar un atraso relativo de más de medio siglo.

Es imposible la actualización del socialismo si no se modifica el sistema de derechos de propiedad que consagra la mayor parte del capital social y la acumulación de beneficios a un estado mediocre y falto de objetivos estratégicos. Devolver el capital productivo a los cubanos para que puedan ser libres de destinarlo a aquellas actividades que resulten más rentables y compensen su esfuerzo, y consolidar un sistema de derechos de propiedad legítimo y estable, protegido por las leyes, que garantice el respeto de los contratos y los acuerdos, es condición sine qua non para poner en funcionamiento las bases de la economía.

Advierto que como en los "Lineamientos" no se hace referencia alguna a esta cuestión, nada de lo que se vaya a poner en marcha, dará los frutos buscados. El castrismo no puede pretender jugar al capitalismo, manteniendo estructuras totalitarias de funcionamiento de la economía.

El mercado exige libertad para que oferta y demanda alcancen equilibrios óptimos y estables beneficiosos para todos, facilitando la acumulación de recursos, el crecimiento económico y bienestar. No hay nada de fanático en estas creencias que vienen avaladas por más de doscientos años de funcionamiento de las estructuras de la economía de mercado.

Los críticos de la libertad se escudan en etiquetas creadas ex profeso a partir de experiencias deformadas de acuerdo con sus objetivos. Es cierto que crisis graves han sacudido las estructuras de la economía de mercado libre, pero el capitalismo siempre ha salido más reforzado de las crisis, y lo mismo hará ahora.

Lo que ni Rodríguez ni Castro pueden pretender es diseñar una “vía castrista” para superar los atrasos de la economía de la Isla. Actualizar, no. Que no pierdan tiempo de manera innecesaria. Lo que hace falta es reordenar, reestructurar y apostar por un nuevo modelo económico. Esto es crucial.

Cuánto más tiempo se pierda en esta tarea, más grave puede llegar a ser la situación futura de la economía. Ya se ha observado como en los últimos años de expansión latinoamericana, la economía castrista ha registrado los peores resultados macroeconómicos de la región, situándose en la cola de las cifras de crecimiento y perdido la ola de estímulo que se ha desatado por toda la región.

Las deficiencias estructurales exigen un cambio en profundidad que, más tarde o temprano, debe suponer los cambios políticos que niega Marino Murillo, y que seguramente el podrá contemplar. La economía cubana necesita ser puesta en valor, desplegando sus potencialidades en la economía global, usando las mismas reglas del juego que sus vecinos.

Finalizada la etapa de gratuidades, subvenciones a fondo perdido y donaciones, los sectores productivos de la Isla se tienen que orientar la exterior, promoviendo las condiciones para dar sustento y satisfacer las necesidades de la población, primero, y los excedentes destinarlos al comercio. Obtener ingresos del exterior por la vía competitiva permitirá a la isla realizar los proyectos de inversión necesarios para modernizar y mejorar las infraestructuras públicas y privadas.

Suscribiendo las palabras del ministro, sería necesario reafirmar cambios, no actualización. Cambios valientes, de 180º que supongan un nuevo comienzo, que apunten a la libertad política y el respeto del marco de legalidad, suprimiendo arbitrariedades y la falta de seguridad legal que se deriva de un sistema en el que la división de poderes es inexistente. Eso se llama democracia y libertad, y su corolario en la economía es el mercado, el sistema capitalista. La única vía posible. Con nombres y apellidos.

Tomado de Miscelánea de Cuba, 29 de marzo 2012

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