"Trabajadores" y el proceso de reducción de plantillas estatales

Elías Amor Bravo, economista

Ver para creer. El semanario oficial castrista “Trabajadores” ha criticado abiertamente la falta de "transparencia y justeza" en la reducción de plantillas estatales, a la vez que exigió a los sindicatos el cumplimiento de su papel como garantes de un proceso que empezó a desarrollarse hace tres años dentro del conjunto de las reformas conocidas como “Lineamientos”.

Una medida ciertamente controvertida, pero necesaria.

El gobierno castrista anunció la supresión progresiva de unos 500000 empleos estatales entre 2011 y 2015, dentro del marco de sus ajustes económicos para "actualizar" el modelo socialista de la isla. Como alternativa a esta medida se dispuso la ampliación del trabajo en actividades privadas que en la actualidad ocupa a poco más de 455.000 personas en las 201 actividades autorizadas por el  régimen para el  "cuentapropismo".

Conviene recordar que hasta el tercer trimestre del año 2013, todavía en la economía estatal trabajaban 4,9 millones de personas, lo que representa prácticamente el 94% del empleo total existente en el país. La reducción del aparato estatal y su orientación hacia las actividades privadas es un reto importante para un país que sigue empeñado en prohibir un marco jurídico privado de derechos de propiedad y el mercado como instrumento de asignación de recursos.

No es extraño que en amplios sectores de la población se hayan producido temores ante el riesgo e incertidumbre que supone perder el empleo en el ámbito estatal sin que las actividades privadas sean capaces de absorber los excedentes producidos.

Las autoridades deberían haber perseguido con más vigor y entusiasmo este proceso, absolutamente necesario para mejorar los niveles de productividad y eficacia de la economía. Pero la realidad bien cierta es que no lo han hecho. O tal vez no lo han querido hacer. Según datos ofrecidos en “Trabajadores” el pasado año se desarrollaron 39 procesos de reajuste laboral en 20 sectores de la economía y hasta el momento, el 52 % de los declarados "disponibles", desempleados en la terminología castrista, recibieron una ubicación definitiva en otra actividad. Resultados que se pueden calificar como mediocres, y que están en el origen del débil crecimiento registrado por la economía que, sistemáticamente, incumple las previsiones oficiales de año en año.

Volvamos al texto de “Trabajadores”. A nadie se le oculta que en Cuba cualquier publicación “oficial” tiene absolutamente prohibido escribir libremente sobre aquellas cuestiones que no pasen por los filtros de control del régimen totalitario. Si se acepta esta hipótesis, verificada hasta la saciedad por más de 55 años de dictadura y el record de agresiones a la prensa independiente que trata de sobrevivir en la Isla, la pregunta siguiente es ¿quién ordenó dicho artículo, y lo que es más importante, por qué? Responder a estas preguntas no es fácil.

En cualquier caso, tratar de reconducir el análisis nos lleva, de manera inflexible, al debate ciertamente cruento, que existe en la Isla, y nadie niega, entre los sectores inmovilistas obedientes a ciegas de las órdenes de Fidel Castro, y los que tratan de abrir espacios de modernidad en un sistema ineficiente e incapaz de resolver las necesidades de alimentación de la población.

La denunciada falta de "transparencia y justeza" en la reducción de plantillas estatales en Cuba no es una novedad. No conozco política alguna desarrollada en más de 55 años que haya sido sometida a un seguimiento, evaluación y control similar al que se realiza en los países democráticos. La cuestión entonces es ¿por qué debería haber ahora transparencia en la reducción del empleo estatal?

Tal vez porque se esté preparando el 1º de mayo. No conviene olvidar que esta fecha suele ser un instrumento de propaganda del régimen desde el comienzo de su existencia. Fue un 1º de mayo que Fidel Castro reafirmó el carácter socialista y comunista de una revolución que, poco antes, había sido “verde como las palmas”. Que el órgano de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC, sindicato único) censure la "falta de protagonismo" del movimiento sindical en un asunto de suma importancia para el trabajador no deja de ser una novedad en un sistema político e institucional acostumbrado a la falta de diálogo, a la ausencia de la negociación colectiva, o la participación de intereses ideológicos distintos a los representados por el partido comunista en la dirección política del país.

El texto de “Trabajadores” menciona "flagrantes violaciones" en las declaraciones de los trabajadores como "disponibles", el término acuñado por el castrismo para referirse a los despedidos, por errores administrativos, al tiempo que se cuestiona que “no estuvo presente la gestión sindical para combatir el mal proceder". De igual modo, “se critica la inasistencia de representantes de varios sindicatos nacionales a los despachos programados con funcionarios del ministerio del Trabajo para analizar la marcha de los procesos de reducción de plantillas para cada sector económico”.

Además, en el artículo se indica que se ha comprobado que en algunas entidades y organismos se ha producido "mayor cantidad" de despidos que los indicados por el ministerio de Economía y Planificación, y reclamó "el más estricto análisis" de esas situaciones para las que considera "vitales" la acción y presencia de los sindicatos.

De momento, “Trabajadores” revela la existencia de sensibilidades distintas en los ministerios de “trabajo” y “economía”, lo que suele ser habitual. Ponen el dedo en la llaga y aprietan puede causar mucho más daño que lo que un régimen como el castrista puede soportar. Las próximas horas o días nos van a servir como referencia.



Comentarios

  1. los enlances al periodico estan inactivos, tanto el que ofrece granma Trabajadores. como el que reconoce google Periódico Trabajadores

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Los trabajadores por cuenta propia y el régimen castrista

El verdadero origen de los problemas de la economía castrista

La unificación monetaria: un reto a la vista