Las empresas estatales socialistas en el núcleo de las reformas castristas

Elías Amor Bravo, economista


Una de las actuaciones que ha venido impulsando Raúl Castro en su programa de actualización del socialismo ha sido la transformación de la empresa estatal socialista. Desde los tiempos ya lejanos del "perfeccionamiento empresarial", la necesidad de poner en orden el sistema ha sido recurrente.

Y, aun cuando en los distintos enunciados y proclamas sigan insistiendo que “la forma fundamental de gestión del  modelo económico es la empresa estatal socialista”, las normas jurídicas que se publicaron hace unos días en la Gaceta Nacional suponen un nuevo paso adelante en un proceso absolutamente irreversible y que debe conducir a la normalidad en la gestión de las actividades económicas en Cuba.

Dicho de otro modo, Raúl Castro está dando la vuelta a todo lo que su hermano se empeñó en destrozar durante cinco décadas. En ese sentido,  dotar de mayor autonomía a las empresas estatales es una buena cosa, y merece una valoración positiva.

¿Por qué defiendo esta posición?

Básicamente porque el estado centralista y estalinista que sostiene la dictadura comunista de Cuba demuestran ser inservibles. Ya no existen países en el mundo que apuesten por este sistema para regular sus relaciones económicas, salvo Corea del Norte y Cuba. El modelo castrista es una reliquia histórica que pertenece al siglo pasado. La prohibición de la libre empresa y la propiedad privada, el intervencionismo estatal asfixiante y las prácticas autárquicas como ejes de un modelo económico, no dan para más. Tal vez, el Ché, Fidel o Raúl, creyeron que era posible esa vía alternativa, pero sus ideas trasnochadas pertenecen a un contexto y una época ya muy lejana en el tiempo.

Dar más autonomía a las empresas estatales es una buena forma de mejorar su eficiencia y competitividad. Por supuesto que las normas castristas publicadas en la Gaceta dejan mucho que desear, pero suponen un camino a iniciar lleno de promesas. No me extraña que esta política de dar más libertad a las empresas socialistas haya abierto un nuevo frente en el aparato burocrático de un estado que se resiste a adaptarse a los nuevos tiempos. Vaya por delante que tengo muy claro quiénes van a perder esa batalla. Y por supuesto, la guerra, hablando como lo hacen ellos.

Lo que se ha aprobado por el régimen castrista es una progresiva y muy sana, separación de las funciones estatales de las empresariales. Gracias a ello, las empresas estatales tienen las manos más libres, digamos sus gestores, para adaptarse a un nuevo entorno que es absolutamente necesario para evitar la parálisis imperante en el país durante décadas. Ojalá que ese proceso continúe avanzando. Tiempo habrá para regularizar el marco de los derechos de propiedad, pero la prioridad es que las empresas funcionen y sean rentables. Y con el peso del estado y del partido encima, eso es imposible.

Es muy bueno para una economía, vincular el salario con los resultados de las empresas.  Si se eliminan los límites administrativos del pésimo modelo igualitario imperante en la Isla, y se fomenta que aquellas empresas estatales que funcionen bien puedan pagar más, los efectos de esas medidas pueden ser muy relevantes. Nada de referencias negativas al "destajo" como he leído en algunas declaraciones. El salario en función de la productividad rige en las decisiones microeconómicas que están en la base del funcionamiento de una economía y permite que muchos comportamiento se acerquen a estándares de eficiencia. Fundamental para que la economía cubana vuelva a funcionar.

Por supuesto que hay mucho recorrido por delante. Por ejemplo, ahora se permite a los gestores la venta de los excedentes después del perverso cumplimiento de los encargos estatales. La cuestión es ¿por qué deben existir esos encargos estatales? ¿Qué sentido tienen? ¿Por qué las empresas estatales no pueden vender toda su producción y servicios directamente a los consumidores que son los destinatarios finales de los mismos? ¿Qué sentido tiene ese papel "intermediario" del estado castrista que se reserva esa producción para una distribución que, durante medio siglo, ha sido un desastre? Creo que en este campo existen muchas posibilidades de ir avanzando en la libertad y la flexibilidad empresarial, pero la venta de los excedentes a precios de mercado parece un buen comienzo.

Visto desde lejos y con los efectos que el mantenimiento de un sistema dominado por la ideología tiene sobre una economía, liberalizando las trabas existentes se puede concluir las enormes dificultades que el castrismo ha impuesto sobre los cubanos y el normal funcionamiento de sus empresas. Algunos ejemplos de lo que ahora se está implantando sirven para contrastar lo alejado que se encontraba el sistema de la realidad.

Las normas de la Gaceta aumentan la independencia de la gestión, flexibilizan los objetos sociales y el sistema de indicadores directivos para medir el desempeño de las entidades, descentralizan funciones, incrementan la responsabilidad en la actividad empresarial, pretenden una mayor preparación de los directivos. La pregunta inmediata, ¿es que acaso todo esto, que es absolutamente necesario para que una economía funcione con absoluta normalidad, no se estaba haciendo en la economía castrista?

Defiendo la libertad de empresa. Creo que la empresa estatal puede y debe funcionar con criterios de independencia y autonomía respecto de su propietario principal, el estado. También pienso que este no debe interferir directamente en la actividad económica, sino que sus funciones clásicas, asignación de recursos, estabilización de los ciclos económicos y distribución de la renta, tienen poco que ver con la presencia del estado y sus representantes en las empresas. Hay mucho que hacer.

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