Dejando para 2019 lo que no pueden hacer hoy

Elías Amor Bravo, economista

¿Quién dijo que iba a ser fácil? Granma ofrece hoy una noticia que muestra el deficiente proceso de atracción y desarrollo de la inversión extranjera por el régimen castrista. Una tarea que se está convirtiendo, por mor de las trabas burocráticas comunistas, la falta de experiencia y el escaso atractivo que surge de muchas de estas iniciativas, en un auténtico calvario. Cómo si no entender que un proyecto integrado en la primera Cartera de Oportunidades de Inversión Extranjera, que se presentó hace casi tres años, en 2014 por la multinacional suiza Nestlé, anuncie que para 2019, es decir, dentro de dos años, empezará a desarrollar sus operaciones en la zona del Mariel.

En total, habrán sido 5 años, un largo lustro, para que una fábrica torrefactora dedicada a la producción de café y otras cosas (no se trata de un proyecto de alta tecnología espacial) empiece a dar sus frutos. En cualquier otro país de América Latina, una inversión de estas características, se pone en funcionamiento en menos de un año. En Cuba, exige 5 y bueno, ya veremos qué pasa al final.

Tras los proyectos de inversión extranjera que se interesan por operar en la isla, como éste de Nestlé que ya funcionaba en Cuba antes de 1959 y fue víctima de la ola salvaje de confiscaciones y expropiaciones de los mismos que mandan todavía en el país (cada uno ya sabe lo que tiene que hacer con su dinero) pasan un auténtico calvario de negociaciones, contactos, presentaciones, idas y venidas con la maraña de empresas estatales del régimen en ese sector y los funcionarios y burócratas del gobierno, que hacen ciertamente difícil llegar a concretar algún resultado práctico. No es extraño que Granma, en el día después del recuento de votos de las selecciones del domingo, dedique un espacio a tratar este asunto. No son muchos los proyectos que llegan a un final, sobre todo, si la producción no comienza realmente hasta 2019.

Este proyecto ejemplifica, igualmente, de qué modo se están organizando las inversiones extranjeras por el régimen castrista que, lejos de lo que muchos creen, se convierte en árbitro y controlador del proceso, dejando muy poco margen a los empresarios privados al frente de sus negocios. La intervención estatal llega, incluso, a canalizar el tipo de producción que se debe realizar, alterando los planes iniciales de los inversiones, como ha ocurrido con este proyecto de fábrica de café, ampliado más tarde a la producción de galletas saladas, dulces y cremadas, productos culinarios y alimenticios en polvo, englobados bajo la etiqueta Maggi que actualmente se importan con un elevado coste para la economía nacional. Lo que no tengo claro es que esta inversión extranjera, en las condiciones actuales de poder adquisitivo de la población cubana, vaya a alcanzar unos umbrales de rentabilidad si se ve obligada a concentrar sus ventas en el mercado interno sustituyendo importaciones por valor cercano a 100 millones de dólares. Ya se verá.

En todo caso, estamos en 2017 y los responsables del proyecto insisten en que habrá que esperar a 2019 para que la empresa pueda comenzar sus operaciones, teniendo en cuenta, dicen y cito textualmente, “la complejidad del proceso inversionista”. Más preocupante será la disponibilidad de materia prima obtenida en el interior del país, sobre todo si se pretende igualmente reducir la dependencia del exterior. Es muy posible que este tipo de cuestiones continúen sin estar resueltas en 2019, al menos actualmente no es posible.

Granma señala igualmente que otros proyectos de inversión extranjera llevan el mismo camino. Se trata de “cuatro proyectos en fase de negociación adelantada” con inversores italianos, españoles y eslovacos en la creación de empresas mixtas para la fabricación de pastas frescas, confituras, aguas, refrescos y cerveza, igualmente dirigidos al mercado interno.

Este tipo de noticias de Granma, en momentos como el actual, suenan más a propaganda para hacer frente a la tensión interna de una población asolada por la falta de alimentos en los mercados estatales, que otra cosa. Jugar a pensar siempre en el futuro, sin prestar atención a los problemas del día a día, es una mala opción, pero que al régimen castrista le ha funcionado razonablemente bien durante 58 años. Mientras los mercados estatales están vacíos y los de oferta y demanda experimentan las elevaciones de precios derivadas de una oferta limitada por la distribución logística, hay quiénes están pensando en el coste del proceso seleccionador en que llevan los cubanos varios meses. ¿Alguien del régimen ha dado alguna cifra de lo que cuesta esta farsa que solo sirve para mantener en el poder a los que ya están? Tal vez, si hubieran datos económicos del coste de los procesos seleccionadores nos llevaríamos alguna sorpresa. No en 2019, sino ahora mismo.

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