Díaz Canel y el turismo en Cuba

Elías Amor Bravo, economista
 
Ya empieza mal el año. La llegada de turistas a Cuba en el primer trimestre se desploma y registra un descenso del 7% respecto al mismo período de 2017.

El dato es preocupante porque coincide con la etapa de mayor actividad en el Caribe, que coincide con los fríos invernales en el norte que provocan los viajes hacia esas zonas más cálidas del planeta.  

Además, al parecer este dato ha sido una sorpresa. No estaba “planificado”. Tanto es así que en el sitio Cubadebate tuvieron que hacer referencia a una “nota rectificada”, al tiempo que las autoridades del sector se apresuraron a declarar que se espera para finales de mayo próximo el registro de 2 millones de viajeros extranjeros recibidos en la isla. Si, pero con el 7% menos en el primer trimestre.

En varias ocasiones he señalado en este blog que la política turística del régimen castrista no está bien enfocada. Que esa apuesta por cifras en aumento lejos de ser inteligente, crea problemas cada vez que, como en este primer trimestre, los datos se desploman. Llenar los hoteles gestionados por las empresas españolas, intentando acoger a 5 millones de visitantes en 2018, es un despropósito que se tiene que analizar con detalle y repensar en términos estratégicos, antes que sea demasiado tarde y se eche a la basura el extraordinario potencial turístico que tiene la Isla.

En Granma han culpado de los malos resultados de la campaña a “presiones externas y campañas de difamación” procedentes de EEUU, pero también de su primer mercado emisor, Canadá, con los mismos problemas con sus diplomáticos en La Habana. También los voceros del régimen han utilizado el argumento de la “seguridad y estabilidad” que es prioritario para el turismo. E incluso, algún medio oficial sigue culpando a “los efectos devastadores que causó el huracán Irma a su paso por la isla en septiembre pasado”, es decir, casi 7 meses después se afirma “que en la decisión de muchos viajeros influye la percepción de los destrozos provocados por el fenómeno meteorológico, pero el destino se recuperó y exhibe ahora una imagen renovada en sus instalaciones hoteleras y recreativas, en particular en la cayería norte”. ¿En qué quedamos?

Lo cierto es que el turismo mundial mantiene unos crecimientos cercanos al 8% según la Organización Mundial del Turismo, además concentrado en los países emergentes, y Cuba se hunde un 7% menos, justo en un momento de auge de esta actividad. La última reunión de FITUR en Madrid fue claramente optimista en cuanto a las previsiones del presente ejercicio cuando Cuba recibió un insólito premio Excelencia.

No es extraño que aumente la preocupación entre los dirigentes castristas por estos resultados. Díaz Canel tiene una oportunidad para mover el banquillo y las ideas en un sector fundamental para que el país obtenga divisas con las que afrontar los urgentes pagos por las deudas.

Ahora que se acerca la XXXVIII edición de la Feria Internacional de Turismo de Cuba, que se va a celebrar del 2 al 5 de mayo en Cayo Santa María, en vez de La Habana puede ser un buen momento, para dar un giro del timón de un equipo que debería pasar para dejar el testigo a otro, y ver si con ello se mejora el sector en Cuba.

Por muchos asistentes que vengan a estas ferias, lo que realmente le tiene que interesar a Díaz Canel es que visiten la isla turistas con alto poder de compra que dejen la mayor parte del gasto en el territorio. Esa es la clave para la rentabilidad de un producto turístico que sigue desenfocado y lejos de los estándares de competitividad del Caribe, donde otros destinos han tenido un mejor inicio del año.

Llenar los hoteles no lo es todo. Consolidar una oferta turística privada independiente y competitiva, si que es una buena idea. Atraer a los cubanos residentes en EEUU, que ya se han convertido en el segundo mercado detrás de Canadá, se puede conseguir, pero con otro tipo de planteamientos, distintos de los actuales. En suma, mucho hay que hacer, y poco el tiempo que queda. Díaz Canel debería tomar el control del turismo, antes que sea muy tarde.

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