¿Bienvenida la Ventanilla Única para el Comercio Exterior?

Elías Amor Bravo, economista

Bueno ya se verá. Al final, Malmierca ha sido capaz de lanzar este instrumento con el que pretende activar el comercio exterior cubano, en medio del complejo escenario económico que supone la pandemia de la COVID19 para todo el mundo. Una vez presentada la primera fase, al parecer este operativo ha entrado en funcionamiento, con sus aportes como dice Granma “a la informatización de la sociedad y la estrategia económica y social para impulsar el desarrollo del país”. No deja de ser curioso que los comunistas cubanos sigan empleado el término anticuado y obsoleto de “informatización” y no hayan abrazado el más moderno y actual, “digitalización”. En ocasiones, el lenguaje empleado lo dice todo, o casi todo.

El caso es que la Ventanilla de Malmierca a pesar de sus buenas intenciones, tiene más sombras que luces. Su objetivo, dicen, es “facilitar la gestión de los empresarios cubanos y extranjeros que realizan operaciones de compraventa internacional”. Un totum revolutum que tal vez exigiría una cierta segmentación previa de necesidades. Se llama estudios de mercado y a lo mejor Malmierca no lo sabe, pero lo que un exportador busca o precisa tiene poco que ver con lo que necesita un importador. De hecho, rara vez suelen coincidir. Y para mayor inri, el importador extranjero en ocasiones tiene muy poco que ver, en términos de necesidades, con su homólogo nacional, y otro tanto se podría afirmar de los exportadores. Un mundo complejo, variado, diferente que no admite tratamientos uniformes tan a gusto del estado social comunista cubano.

En ese sentido, tiene poco interés práctico tratarlos a todos por igual, mezclando deseos, necesidades y objetivos muchas veces contrapuestos y contradictorios de los distintos agentes, de modo que el resultado final pasa a ser incierto. La idea de Malmierca tal vez sea mucho mas simple, es conseguir en línea con el objetivo de digitalización, que en Cuba los actores del comercio exterior cubano, “como las empresas, declarantes, transitarios, transportistas y proveedores extranjeros, puedan gestionar en línea y simultáneamente, las autorizaciones y los pagos necesarios con las entidades a cargo de los registros, y de contar con estos antes del despacho de mercancías”. Normativa de transitarios y consignatarios, más que de exportadores. No lo veo claro.

Tampoco creo que la herramienta pueda llegar a ser una fortaleza para el comercio exterior cubano, puesto que no parece garantizada de antemano “la mayor interoperatividad institucional dentro del país con otras ventanillas del mundo, en un momento económicamente adverso por el impacto de la pandemia”. Cada país tiene sus propios objetivos, y la realidad es que en un mundo global y cada vez más competitivo, las estrategias comerciales de los unos y otros pasan por ámbitos diferentes.

La nueva herramienta electrónica quiere lo mismo que cualquier otra, como "simplificar trámites burocráticos relacionados con permisos, registros, despachos de mercancías y renovación de licencias y certificados". Pero esto no es suficiente para exportar e importar. Para lograr ese objetivo, Malmierca sabe que el papeleo y la burocracia son aspectos de segundo orden, que cuando existe una oferta competitiva atractiva y una demanda interesada en determinados bienes intermedios o tecnologías, no hay nada que detenga el comercio exterior. Y creo que en este ámbito se ha trabajado muy poco. Bueno si, el mapa, y las empresas “especializadas”, esa es la gran estrategia para el comercio exterior cubano. Van listos.

Creo que el objetivo de extender las operaciones de exportación e importación a las formas no estatales de gestión, es decir, a los cuentapropistas, agricultores independientes y cooperativas no agropecuarias, entre otros, no va a dar buen resultado, porque no se trata a todo el mundo en igualdad de condiciones. Para empezar, el mapa territorial deja fuera numerosas formas no estatales que podrían ser incluidas, y siguen sin facilitar los criterios utilizados para incluir las 382 con sus 1.026 bienes y servicios con categoría exportable en todo el país. No hay nada más absurdo e incomprensible que considerar la exportación como un stock y no un flujo. Ojalá revisen pronto este criterio.

Y si absurdo es andar con mapas de planificación de lo exportable, más torpe es limitar a 36 empresas “especializadas” el servicio de intermediación comercial en las operaciones de comercio exterior. Por supuesto, se trata de entidades estatales que obtendrán ingresos en divisas fácilmente con solo poner la mano en la operación, por mucho que se revista de contratos y otras majaderías comunistas. Y para redondear el proceso, en solo tres bancos comerciales (el Popular de Ahorro, el Metropolitano y el de Crédito y Comercio) se podrá materializar el resultado financiero de las exportaciones. Es decir, un cuentapropista que se plantee exportar no puede elegir libremente cómo hacerlo, deberá ir acompañado de un “especialista” estatal, y el dinero que obtenga de la operación tiene que depositarlo en uno de esos bancos y no donde quiera hacerlo o le indique su cliente. Y además, para que no quede duda, todo debe quedar registrado en la Ventanilla única de Malmierca que, como proyecto de “informatización” no de digitalización, igual ese día, o esa semana, está colgada y no da servicio.

¿Qué clase de broma de mal gusto es todo esto? ¿Por qué las empresas del conglomerado militar y de la seguridad del estado pueden exportar e importar libremente y los empresarios privados no? ¿por qué esta desigualdad? ¿qué temen los dirigentes comunistas, o que pretenden conseguir controlando la actividad exportadora de los emprendedores privados?

Hay quien cree que este operativo se parece mucho a las tiendas que venden alimentos y productos de limpieza en moneda libremente convertible, con la diferencia que lo que queda al exportador en estas operaciones es una pequeña parte para su disposición, lo que reducirá la motivación para implicarse en las actividades de comercio exterior, que requieren un esfuerzo y carga de trabajo superior, pasar días fuera de casa, lejos de la familia, viviendo en habitaciones de hotel y viajando por el mundo. Eso cansa, al cabo de poco tiempo. Por eso, no veo futuro al sistema. No es la solución, ni de lejos. Como entretenimiento, puede servir, pero si de veras se quiere expansionar el comercio exterior cubano, hay que ir por otro camino. Y Malmierca sabe cuál es.



Comentarios

  1. Excelente análisis Elías, gracias por todos tus argumentos ante "el elefante" dentro de una cristalería que es la ventanilla única.

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  2. ¿Estaremos entrando en una especie de Perestroika cubana? 🤔

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