A los amables lectores de Cubaeconomía

Elías Amor Bravo, economista


Dos años y medio han transcurrido desde que se publicó la última entrada en este blog. Y desde entonces y con la perspectiva del tiempo transcurrido, se puede concluir que el estado de la economía cubana, lejos de mejorar o estabilizarse, ha ido cada vez a peor.

Este blog Cubaeconomía nació con el objetivo principal de buscar y definir espacios de objetividad para el análisis económico de la economía cubana y por ello, la labor que lo inspira es hoy mucho más necesaria que nunca antes, estando asociada a la elaboración de informes objetivos que lleguen a los entes decisores para que acierten en el diseño e implementación de las políticas públicas.

Cubaeconomía se esfuerza por trasladar a los entes involucrados en la economía cubana el acervo de investigaciones e informaciones que sobre la economía se dispone. Informes que pretenden ofrecer una valoración objetiva y responsable, de la realidad económica, institucional, social y de la gobernanza, para abrir debates técnicos y políticos que permitan avanzar, siempre en beneficio del pueblo cubano.

Llegados a este punto, cualquier análisis de la situación actual de la economía de la Isla debe tener en cuenta tres indicadores que, lejos de haber mejorado, han experimentado un notable deterioro en los últimos años y que es preciso tener en cuenta para dar solidez a cualquier análisis.

Salario mínimo, brecha de género salarial y mercado laboral ineficiente son los indicadores que ayudan a entender por qué el ingreso per cápita de los cubanos se ha quedado atrás. Con este escenario, que ha significado un incremento de los niveles de pobreza incluso superiores a los producidos en el período especial, los retos que se plantean a la economía cubana son igualmente complejos, nada fáciles de lograr en las condiciones actuales. A estos retos nos vamos a dedicar en estas primeras entradas del Blog tras los dos años y medio transcurridos.

En primer lugar, está el reto de mantener un nivel de gasto social compatible con una mínima sostenibilidad fiscal. El núcleo duro del régimen comunista está en crisis. Gastar y gastar para y por el estado, agente principal del sistema económico, no sirve para sacar a la economía cubana de la pobreza, sino todo lo contrario. Los cubanos son mucho más pobres que nunca y los servicios que reciben del agente estatal son los peores.

En segundo lugar, el necesario fomento de la productividad. Una economía no puede crecer a largo plazo si la productividad de los factores se estanca o decrece, y esto es lo ocurrido en la economía cubana, presa de tendencias que la someten a una crisis estructural de difícil superación. Los cuenta propistas, los agricultores independientes, las mipymes, únicos espacios para la libertad económica, son esquilmadas por el estado comunista y les impiden crecer y lograr una escala óptima.

En tercero, y en estrecha relación con el ámbito laboral y los efectos demográficos derivados del envejecimiento de la población, hay que aprovechar mejor el potencial de la fuerza laboral de edad avanzada, e incluso, los jubilados recientes que deseen volver a sus empleos. Cuba envejece y con ello su estructura social, sin que existan planes para sostener esa nueva estructura de la sociedad.

Y en cuarto, existe el reto asociado al refuerzo de la resiliencia climática y la lucha contra la devastación provocada por ciclones, por ejemplo.

Este somero análisis señala que los retos de la economía cubana devuelven la referencia al entorno interior de la misma, ya que el exterior, según todos los informes de organismos especializados, no va a traer buenas noticias ni para el comercio de bienes, ni el turismo, ni la atracción de capitales, ni el turismo.

El análisis nos indica que el populismo castrista ha sido un veneno para la economía cubana, utilizando el falaz argumento del bloqueo durante demasiado tiempo, postergando decisiones que era necesario adoptar a la vez que se implementaban otras que lo que hacían era llevar al caos a la economía de la Isla. Demasiados experimentos fracasados y un pueblo que está harto de esperar un futuro mejor que nunca llega. En suma, desde Cubaeconomía vamos a exigir cambios drásticos en el rumbo de la nave.

No hace falta ser un especialista para observar que la visión que tiene el mundo en 2026 de la economía cubana es de debilidad, fracaso, que está atrapada en amplios espacios de ineficiencia, y por ello existe un consenso bastante generalizado de que el tiempo se ha acabado. Tiempo habrá de ir perfilando en próximas entradas de Cubaeconomia los retos antes citados.

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