Economía cubana en 2026: la prioridad es el interior
Elías Amor Bravo economista
En una entrada anterior discutíamos sobre los retos internos de la
economía cubana que tienen que ser afrontados lo antes posible.
En un entorno económico internacional cada vez más débil,
cualquier decisión de política económica que pretenda superar los obstáculos que laceran la economía cubana a comienzos de 2026, debe dirigir la mirada hacia el interior de la economía cubana, donde es
necesario adoptar decisiones que supongan un giro de 180º en la evolución
actual.
¿Por dónde empezar?
Sin duda hay un problema grave con la productividad de los factores, que lastra y
limita el ingreso per cápita de los cubanos, que sigue rezagado y se encuentra
afectado por los retos estructurales de los distintos sectores de la economía. Por ejemplo, la excesiva concentración de inversiones en el turismo ha provocado un
deterioro productivo en otras actividades económicas que muestran unas deficiencias cada
vez más difíciles de superar. La ausencia de inversiones en el sector primario o energético ha supuesto la penuria de alimentos o los apagones. El estado comunista ha sido un fracaso a la hora de realizar inversiones para fomentar la productividad.
Otro problema no menos grave se encuentra en el hecho observado de que la
debilidad registrada por la actividad económica ha ido acompañada de un aumento
de las tasas de inflación sin precedentes, desde la adopción de la llamada "tarea ordenamiento", lo que hace prácticamente imposible
para cubanos que solo obtienen ingresos en moneda nacional acceder a una amplia
variedad de bienes y servicios que se venden en moneda extranjera.
Esto significa que los cubanos experimentan un descenso del
salario real y pérdida de poder adquisitivo que no se recuerda desde los
tiempos del período especial, y ello acentúa la sensación creciente de pobreza,
sin que los servicios públicos compensen esa pérdida de poder de compra real. Esta pobreza generalizada es un problema interno de la economía y nadie debe esperar soluciones mágicas del exterior
Como ya se ha advertido, tratar de recurrir al sector externo para resolver estos problemas internos, tiene poco sentido. Ya se ha observado en los últimos años la debilidad del sector exterior sin apenas crecimiento para sostener las inversiones en el turismo. Detrás de este comportamiento tan desfavorable se encuentra la falta de compromisos internacionales con los mercados financieros, practicada de forma continua por el régimen comunista, lo que impide acceder a más fuentes de financiación.
Y el mercado laboral se encuentra tan debilitado que apenas
traslada signos relevantes al resto de la economía, en tanto que la gente
prefiere no acudir a sus empleos, mal retribuidos que se sustituyen por
actividades por cuenta propia de baja productividad y controladas por el
estado. En última instancia, la salida masiva de cubanos al exterior pone de
manifiesto la situación de crisis total de la economía y la percepción de
estado fallido, cada vez más extendida entre los analistas y observadores.
Además de lo expuesto anteriormente, que tiene su
complejidad y exige un tratamiento altamente especializado, al régimen
comunista no le queda otra que acelerar, como sea, la reducción de la deuda
pública y además de forma urgente. Si no acomete esta tarea necesaria, no
va a disponer de un colchón fiscal para afrontar, por ejemplo, los retos del
futuro. Los cubanos se preguntan qué más se puede reducir el peso del estado en
la economía, pero es que no existe alternativa. Lo que el estado reduzca lo tiene
que ocupar la actividad privada, o una colaboración pública y privada que
facilite la transición hacia una distribución más equilibrada.
Y por eso hay que ponerse a trabajar, y, además, hacerlo lo
antes posible. Hay que elaborar y ejecutar un plan para reducir la deuda y el
tamaño que alcanza el estado en la economía después de 67 años de gestión
comunista. Este plan debe ser creíble para los organismos internacionales especializados. Una tarea que exige revisar todas y cada una de las partidas
presupuestarias para mantener aquellas que sean realmente productivas y
beneficien a la actividad económica. Una suerte de presupuesto de base cero que
debe servir igualmente para revisar los actuales ingresos que detrae de la economía el estado
comunista. Igualmente, una revisión de los ingresos debe ayudar a eliminar aquellos que
lastren o limiten a la actividad privada, que son numerosos y tienden a
mantenerse en el tiempo con una capacidad recaudatoria limitada.
En suma, no hay alternativa a poner en marcha medidas para el aumento de la productividad para
que la economía supere la crisis estructural en que se encuentra. Para ello, se
tienen que acentuar los esfuerzos de desregulación, mejora de financiación y
reducción de cargas tributarias en las mipymes, trabajadores por cuenta propia,
agricultores independientes y demás colectivos en que la actividad privada sea
mayoritaria.
En una Cuba democrática y libre los responsables de la
economía podrán contar con el apoyo estimulante del capital procedente del
exilio, al que habrá que otorgar incentivos y apostar por una moderna
regulación para que puedan contribuir al emprendimiento y la reconstrucción de
Cuba. Este es un capital cubano, aunque sus raíces se encuentren en el exterior. Una fuente de vida para estimular los sectores de la economía, que se encuentra a la espera de los necesarios cambios políticos e institucionales sin los que no será posible recuperación alguna. Igualmente, en algún momento se tendrá que solicitar la entrada en los
organismos internacionales especializados, como la Organización Mundial de
Comercio, para lograr acceso a las ayudas financieras.
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