Los diez mensajes de Díaz Canel a la CTC sobre las "transformaciones"

Elias Amor Bravo, economista

Díaz Canel se despidió de los sindicalistas de la CTC reunidos en su 22 congreso, y les trasladó algunos mensajes que vale la pena tener en cuenta.

Básicamente, porque conforman el núcleo central del relato que el régimen comunista ha puesto en marcha sobre las llamadas “transformaciones” y dejan claro cuál es el sentido real de las mismas y cómo se insertan dentro de régimen político en vigor.

Primero, ante el plenario de la CTC, Díaz Canel dijo en más de 15 veces que Cuba es, y seguirá siendo, una sociedad socialista donde mandan los trabajadores. Por si acaso alguien tuvo alguna duda. Es verdad que estas proclamas encendidas pueden durar lo que las sesiones del congreso, pero tanta insistencia debe responder a algún motivo. No obstante, por mucho que lo repitan, cada vez hay menos gente que se lo cree.

Y por ello, segundo, el dirigente comunista lanzó la necesidad de contar con el primer apoyo contundente de los trabajadores a esas transformaciones. Básicamente, porque sin esa “movilización consciente de los trabajadores nada será posible sin una unidad que no ignore las dificultades” (Lázaro Peña, dixit). Que le pregunte al pueblo asfixiado por apagones y fata de alimentos.

Tercero, los problemas actuales del pueblo cubano son consecuencia del genocidio que de la política del gobierno de los Estados Unidos contra Cuba. En absoluto se reconoce la más mínima responsabilidad en la crisis económica. La parálisis en las industrias y la necesidad de laborar en condiciones extremas, mientras que otros trabajadores han debido quedar forzosamente interruptos o reorientarse laboralmente es consecuencia del embargo acrecentado de Estados Unidos que hay que resistir de forma creativa. Y citó al respecto las áreas productivas en que los obreros han sido capaces de reinventarse y modificar tecnologías para seguir produciendo y seguir alumbrando, aunque sea mínimamente, con recursos propios del país. La dura realidad es que tal vez los cubanos no piensen lo mismo de Estados Unidos.

Cuarto, entonces, llegó la pregunta del desafío: ¿Cómo dar continuidad a la construcción del socialismo en una pequeña nación del Caribe que emergió a la revolución tras cuatro siglos de colonialismo y 60 años de neocolonialismo y que emprendió una obra de justicia social sin precedentes en la región, bajo la presión sostenida de seis décadas de bloqueo económico, comercial y financiero, el más prolongado en la historia de la humanidad, acentuado por más de 240 medidas, la inclusión en una lista infame como supuesto patrocinador del terrorismo y seis meses bajo un cerco petrolero total?

La respuesta a una pregunta tan larga y difícil se encuentra en “las transformaciones económicas y sociales que han sido aprobadas” para “salvar la revolución y sus conquistas sociales”, y de nuevo se menciona la cuestión principal, “para salvar la orientación socialista de la economía, independientemente de lo que diga la propaganda contrarrevolucionaria”.

Por supuesto, una propaganda siempre tendenciosa y malintencionada de los medios financiados por Estados Unidos donde los enemigos de la revolución atacan el proceso que ha emprendido Cuba “intentando promover propuestas de orientación neoliberal y exigiendo cambios en el modelo político cubano, que jamás tendrán cabida en el plan de transformaciones económicas y sociales que hemos emprendido” en un aviso a navegantes que retumbó en la sala.

Quinto, lo que se ha iniciado son transformaciones económico-sociales. El término “social” es fundamental, porque no solo se trata de transformar la economía con respeto al medio ambiente, sino hacerlo en función del desarrollo social y con justicia social, que es la esencia misma de la Revolución.

La intención es seguir construyendo el socialismo en una nación bajo las condiciones de asedio que soporta Cuba por parte de la mayor potencia del mundo, con la inspiración en las ideas de Fidel Castro, por supuesto, durante el período especial. En concreto, un discurso de 2005 en el que pidió perdón a las decenas de miles de economistas que hay en el país, por creer que “esa misma economía de hoy es igual a la de hace 50 años, o hace 100 años, o hace 150 años, o es igual a la época de Lenin, o a la época de Carlos Marx”. Tremendo.

Sexto, después lanzó otro mensaje contundente: “jamás estará en nuestros propósitos la restauración del capitalismo en Cuba”. La justicia social prevalecerá, para mantener y ampliar las conquistas de la Revolución en la salud, la educación, el deporte, la ciencia, la cultura y en otros tantos campos del desarrollo humano.

Sin embargo, para que esa justicia se mantenga, hay que generar y disponer de recursos materiales y financieros, de los cuales se priva cada vez más al Estado cubano, para garantizar una justa redistribución.

Las transformaciones económicas y sociales plantean desatar las fuerzas productivas de la nación para generar riqueza y distribuirla con la mayor justicia social que se pueda lograr, reconociendo que es un proceso complejo y a la vez urgente que se tiene que hacer bien, con agilidad y mucho sentido de responsabilidad.

Séptimo, las transformaciones económicas y sociales no son nuevas ni salieron de la nada, ni son una proyección improvisada de último minuto ni mucho menos fruto de concesiones ante las amenazas de los Estados Unidos. Para añadir a continuación, “no nos importa lo que el Gobierno estadunidense crea de esas medidas. No se concibieron para complacerlos. Se trata de una decisión soberana de Cuba, de los cubanos y las cubanas” que se inspiran en los Lineamientos de la Política Económica y Social de la Revolución aprobados en el Sexto Congreso del Partido, en el año 2011, y que fueron actualizados sucesivamente en el Séptimo y Octavo congresos.

Octavo, se auto permitió justificar la dilación en el tiempo de la adopción de las medidas, porque hubo que esperar una mayor conciencia colectiva con respecto a la necesidad de los cambios y de un contexto más favorable. Por ello, ahora cada medida tiene responsables y plazos, y que se rinda cuentas periódicamente sobre su progreso. Todo ello acompañado de un diseño comunicacional, que incluya información sistemática sobre su progreso o dificultades, es decir, el relato encargado de informar al pueblo al día de cómo y en qué tiempo se cumple lo acordado.

Noveno, en ese sentido, las medidas o decisiones que ayuden a desatar de inmediato las fuerzas productivas hay que aplicarlas sin demora. Empresas estatales y actores económicos no estatales deben recibir el mismo tratamiento en función de sus aportes a la economía y a la sociedad. Es preciso articular armónicamente a todos para que no se incrementen las desigualdades.

También hay que prepararse para explicar cuál es el origen de las transformaciones, qué defienden, por qué hay que aplicarlas y cuáles son sus potenciales impactos. Si no participan todos de manera consciente y entusiasta hay que desplegar un eficiente plan político y comunicacional que movilice, explique e informe.

Décimo, Díaz Canel dijo que la discusión sobre las medidas no está agotada. Si alguien propone algo mejor de lo que hemos previsto será recibido, analizado e incorporado en la medida en que tribute al sentido político, económico y social de las transformaciones. Hay que trabajar con criterios de expertos, buscar el conocimiento dondequiera que esté y que ayude a implementar y conducir este empeño.

En la misma línea, señaló que el uso de la inteligencia artificial constituye una herramienta imprescindible, no podemos renunciar a ella porque el volumen de acciones a emprender, su control e implementación gradual y su optimización conllevan variables y matrices que solo son posible agilizar con los algoritmos que nos proveen estas nuevas tecnologías.

Y citó como ejemplo, el cotejo de las 176 medidas con el ordenamiento jurídico cubano, realizado con empleo de un modelo de IA cubano, que abrevió considerablemente el proceso. Y dijo al respecto, que "con métodos tradicionales no habríamos podido discutirlas, aprobarlas y estar pensando hoy ya en su implementación".

Destacó la seguridad jurídica de las transformaciones económicas y sociales, con las reglas claras de todo lo que se puede hacer y mecanismos efectivos que tributen a la transparencia, que faciliten el control popular, obrero e institucional, particularmente de todo aquello que demande procesos de licitaciones de bienes inmuebles o activos.

De hecho, señaló que urge implementar de inmediato todo lo que ya está identificado que se puede hacer sin dilación, como son las facultades a municipios y empresa estatal, el rediseño de las OSDE para desatar fuerzas productivas y otras medidas. Y en lo estratégico, es decisivo avanzar con paso firme en la cimentación jurídica. Sin respaldo del componente jurídico las transformaciones están condenadas al fracaso. Pero las prisas nunca han sido buenas compañeras.

Sin embargo, permitan una maldad. ¿Saben de que no habló Díaz Canel ni una sola palabra ante los sindicalistas de la CTC? De las inversiones de los cubanos de la diáspora en Cuba. ¿A que usted amable lector sabe por qué?

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