Hacen falta otras medidas de comercio exterior e inversiones
Elías Amor Bravo, economista
El régimen cubano sigue adelante con la presentación en la
prensa estatal de las transformaciones estructurales del modelo económico.
Ahora le toca a la inversión extranjera y al comercio exterior. Para informar comparecieron
en la Mesa Redonda Carlos Luis Jorge Méndez, viceministro primero del Mincex, y
Déborah Rivas Saavedra, viceministra del propio organismo. Lo que allí expusieron
ofrece un panorama de en qué dirección se van a mover las actuaciones del régimen.
Carlos Luis Jorge Méndez, viceministro primero del Mincex, tomó la palabra en primer lugar, y señaló que la inversión extranjera debe dejar
de ser un complemento, para convertirse en un pilar fundamental en la dinámica
económica del país. El argumento es válido, pero el problema es cómo lo logra.
Con ello, reconoce el absoluto fracaso de las normas
reguladoras de inversión extranjera, desde la primera Ley 118 de 2014, y la
posterior incapacidad del régimen para atraer capital foráneo con el Decreto
325/2014, de ese mismo año, que se ha visto modificado por el Decreto 153/2026.
Y a continuación, la segunda derivada es que, para conseguir
inversiones del exterior, se pretende lograr la participación de cubanos
residentes en la diáspora que puedan apoyar al sector privado, porque se considera
ahora “que es vital”. 67 años han tenido que pasar para que el régimen implore
a los cubanos del extranjero que inviertan en Cuba. ¿Lo conseguirán?
Formulada esta petición, los dirigentes se reafirman en que
esto no representa un retroceso al capitalismo y que, bajo ningún concepto “se
venderá al país al mejor postor” citando comentarios en redes sociales, ni tampoco
que las medidas sean una “manera de comprar tiempo ante la agresión de Estados
Unidos”. Por el contrario, dijeron que las transformaciones responden a un programa
de gobierno, lo cual no es verdad ya que no existe una identidad de objetivos e
instrumentos, y que “su principal objetivo es el de poner todos los activos del
país, tanto los recursos como el material humano, en disposición de generar
ingresos, divisas y desarrollo”. ¿Qué quieren que les diga?, el relato de las
transformaciones cada vez se parece más al de la campaña de los 10 millones de
1969.
En tales condiciones, los dirigentes afirman que no queda otra
que generar en la economía “condiciones más atractivas para los inversionistas
extranjeros, y eso pasa tanto por la infraestructura como por acondicionar el
marco legal para que sea posible”. Reconocido en parte el origen del problema,
la forma de abordar las soluciones es parcial e intrascendente, y no va a
surtir los efectos buscados.
Para comenzar, del déficit de infraestructuras apenas se habló
en el programa, por lo que puede haber pasado sin pena ni gloria a pesar de su
destacada importancia, al igual que la escasez de finanzas en el interior para
dar apoyo al capital extranjero. No se habló de estos problemas que se tienen
que atender ya mismo.
De lo que sí se habló es de que los negocios de inversión extranjeras ya no tengan que contratar empleados mediante entidades empleadoras. Una de las medidas aprobadas que, en efecto, puede ser una buena iniciativa, pero no resuelve el problema. Cierto es que la dinámica introducida por la Ley 118 de 2014 obligaba a los empresarios extranjeros a contratar a trabajadores cubanos enviados por unas agencias de colocación del régimen bajo una supuesta protección de los derechos de estos trabajadores.
Esta fórmula de injerencia
laboral del régimen había creado no poca insatisfacción entre los empresarios
extranjeros, pero suprimir este mecanismo beneficia a los que ya están operando
en la Isla, y no contribuye a despertar el interés de otros. Es difícil hacer
entender a los dirigentes comunistas que la construcción de una casa no se
puede empezar por el techo, porque se les acabará cayendo todo encima. La contratación
de trabajadores por las inversiones extranjeras es una combinación de
disponibilidad, talento y compromiso. Lo demás es todo un cuento chino.
Pero, de nuevo, vuelve a la cuestión de la propiedad. El
reconocimiento de los derechos de propiedad privada de los medios de producción
sigue estando proscrito en la economía marxista leninista, de modo que los
dirigentes se han sacado de la chistera una fórmula que, ya podemos advertir
desde el primer momento, que a los inversores extranjeros no les interesa.
Me refiero a la extensión del límite de usufructo y la
diversificación del tipo de actividades, así como el otorgamiento de hasta 90
años para derechos de superficie. Mientras que el régimen de cesión en
usufructo sea el que condicione el acceso a los medios de producción, nadie invertirá
un centavo en la Isla, porque es tirar el dinero y no obtener la rentabilidad
que precisan los negocios para funcionar.
Que los comunistas sigan empeñados en respetar y mantener el
principio de que Cuba no cede la propiedad del suelo, y que solo otorgará
derechos para la explotación y el uso de terrenos, entonces, que se olviden de
recibir capital foráneo, sobre todo de los cubanos residentes en el exterior.
Precisamente, en contra de lo que afirman los dirigentes, que se olviden de
inversiones en el sector inmobiliario, porque si en Cuba no se autorizan los derechos de propiedad en las operaciones
de compra y venta de residenciales, los inversores podrán dirigirse
sin grandes problemas a República Dominicana o Costa Rica, donde ello es posible
hacerlo sin los complejos aberrantes de una ideología obsoleta.
El resto de las medidas, como la posibilidad para los
negocios con capital extranjero de utilizar cuentas bancarias en el extranjero
sin que medien instituciones bancarias cubanas es otra medida que viene a dar
sentido a una antigua reclamación de los actuales inversores en la Isla. Y,
sobre todo, el reconocimiento de la mediocridad con la que los operadores internacionales
perciben el funcionamiento de la banca estatal comunista.
Por otro lado, la medida relativa el ofrecimiento para operar
con una mayor facilidad en un entorno de dolarización parcial no solo es el
reconocimiento del fracaso de la política monetaria del Banco Central de Cuba
sino una advertencia a los operadores sobre una pérdida de valor de la moneda
nacional, y un crecimiento de las transacciones en divisas dentro de la
economía cubana, concretamente del dólar, y ello pese a que “los bancos cubanos
han sido de las instituciones estatales más atacadas por el bloqueo
estadounidense”.
Las autoridades siguen empeñadas en que las medidas de las
transformaciones amplíen las opciones para las empresas cubanas tanto del
sector estatal como del privado, en suma, que los negocios vengan, inviertan,
generen empleo y riqueza, y sobre todo que sean exitosos y beneficiosos para
todas las partes.
Pero, si quieren de verdad lograr este objetivo, no basta
con los esfuerzos en agilizar trámites y documentación para la aprobación de
proyectos de inversión extranjera, descentralizar la aprobación de negocios y
generar condiciones atractivas para atraer capital foráneo. Eso es atacar la superficie
del problema, con un maquillaje que se borra enseguida, obviando lo más
importante que es el núcleo, los cimientos. Más claro, agua, en concreto, con
un sistema económico como el descrito en la constitución de 2019 difícilmente
el capital privado apostará por la economía cubana, básicamente porque nadie
arriesga su capital para acabar perdiéndolo.
La viceministra del Mincex, Déborah Rivas Saavedra, intervino
a continuación para señalar que las medidas dirigidas a atraer la inversión extranjera
deben ir acompañadas de otras que respondan a la necesidad de generar ingresos
en divisas externas y lograr una balanza comercial superavitaria. Y puso como
ejemplo, la medida número 127, “que autoriza a las empresas estatales, privadas
y cooperativas a realizar directamente operaciones de comercio exterior, previa
aprobación del Ministerio”. Esa previa autorización administrativa vuelve a
mostrar el rostro perverso del sistema económico basado en la planificación
central, el control y la injerencia en la economía.
Mientras que la decisión del autorizo corresponda a un
ministerio, los actores con capacidad para operar en comercio exterior, ya sea
para adquirir insumos, materias primas o importar productos terminados, por
mucho que se esfuercen y lo hagan bien, no podrán dedicarse a ello sin la
preceptiva autorización, que, en el caso del régimen cubano, tiene mucho que
ver con las decisiones políticas.
La dirigente citó también la medida número128, que aplica el
principio de nomenclatura negativa para las operaciones de comercio exterior, lo
que calificó de “un cambio sustancial” ya que, en lugar de autorizar listados
de productos para cada entidad, se establecerá una única lista de productos no
autorizados (salvo permiso expreso), lo que simplifica y agiliza los trámites.
Autorizar, permitir, son verbos que dominan el funcionamiento del sistema económico
cubano haciéndolo ingobernable, ineficiente e improductivo. Hasta que no se
reconozca la plena libertad de los actores económicos en las distintas ramas de
la economía, nada hay que esperar de todas estas medidas superficiales. La desconfianza
está servida.
La viceministra también se refirió a dos medidas del Eje temático
15 relacionado con el sector exterior. En concreto, la medida número 129, que
fomenta las exportaciones mediante incentivos diferenciados e integración
productiva con el capital extranjero, previamente autorizadas por el ministerio
nuevamente; y en la medida número 130, que autoriza la venta de propiedades
intelectuales, como marcas y patentes, igualmente previa autorización.
Este tipo de medidas buscan poner en valor el talento y el
capital humano de la economía cubana, en concreto, en la industria
biofarmacéutica, y la venta de intangibles es una práctica global competitiva que
genera beneficios, pero que los dirigentes comunistas quieren promover con una
estricta protección de derechos, de manera inteligente, y distribuyendo la
riqueza obtenida entre la población. Y de nuevo, volverán a fracasar.
Por último, se destaca la autorización a las
representaciones comerciales de entidades extranjeras establecidas en el país
(sucursales) a realizar operaciones de comercio exterior, algo que antes estaba
prohibido por el Decreto 32.
Con vistas a incorporar estas medidas, se prevé la
modificación de dos leyes fundamentales –la Ley 118 y el Código Civil–, así
como decretos, resoluciones y otras normas complementarias. Sin embargo, la viceministra
enfatizó que el cronograma “no es una camisa de fuerza” y que ya se trabaja en
la práctica de las decisiones adoptadas. Ya se verá hasta dónde alcanzan los
cambios promovidos en las dos normas citadas.
Por otro lado, para reducir la burocracia, el Mincex ha
diseñado un sistema de trabajo ágil que incluye, como no podría ser de otro
modo, “la creación de un grupo especializado con seguimiento diario y reporte
sistemático al gobierno”. De hecho, a finales de julio y primeros días de
agosto, se prevé que la Ventanilla Única de Inversión Extranjera y la de
Comercio Exterior comiencen a recibir todas las solicitudes y trámites, con un
proceso “muy orgánico de atención y seguimiento, para que esto tenga una
ejecución en un tiempo realmente rápido y conforme a la necesidad que tiene el
país de crear el clima de inversión y el clima de negocios”.
Cerrando el programa, los dos directivos afirmaron que las
nuevas oportunidades se ofrecerán, en primer lugar, a las empresas que han
acompañado a Cuba en los momentos más duros, a pesar del recrudecimiento del
bloqueo estadounidense, al tiempo que “se mantiene el criterio de que Cuba no
distingue el capital por su origen, aunque se priorizarán las relaciones con
socios estratégicos y países con mayor complementariedad económica”. De hecho,
con estas medidas, el régimen cubano reafirma su decisión de profundizar las
transformaciones estructurales del modelo económico, con el objetivo último de
generar divisas, dinamizar la producción y elevar el bienestar de la población,
en un contexto de bloqueo y desafíos externos. Se equivocan. Están completamente perdidos.
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