El sector agropecuario cubano ante las "transformaciones"
Elías Amor Bravo, economista
Por mucho que insistan, si hay un sector de la economía cubana que se ha visto perjudicado por las ideas alocadas del régimen comunista, ese no es otro que el
agropecuario. Tras las denominadas “reformas agrarias”, la prosperidad del agro
cubano pasó a ser un páramo de ineficiencia y falta de productividad que
significó problemas para producir alimentos destinados a la población y la
necesidad intermitente de importar estos productos del exterior. Los comunistas
han hecho alarde de atender las demandas sociales del campo, pero sus reformas
han provocado la destrucción de un sector que, antes de 1959, era más que suficiente
para satisfacer el consumo interno y exportaba excedentes.
Y ahora, cuando toca el turno a la implementación de las
transformaciones económicas y sociales en el sector agropecuario cubano, Díaz Canel se reúne con representantes del campo donde se dijeron algunas
cosas que merecen atención.
La verdad es que, para la que está cayendo, todo resultó muy positivo. Desde el primer momento, Díaz Canel mostró su convencimiento
de que el sector agropecuario puede beneficiarse y mucho de los efectos de las “transformaciones”,
dando resultados en un plazo inmediato. Nada que decir. Sobra optimismo o imprudencia
temeraria en las palabras del máximo dirigente comunista cubano. Sus recetas y
políticas nunca han dado resultado en el campo y ahora, por lo mismo, no cabe
esperar que se produzca un cambio por las posibilidades que ofrecen las
transformaciones.
Lo peor de este tipo de enunciados es que se trata de crear
expectativas en la población que luego nunca se cumplen. A la reunión con los productores
agropecuarios, asistió una nutrida representación de los comunistas, entre
ellos, Morales Ojeda, Monteagudo Ruiz y Tapia Fonseca, para explicar lo imposible,
es decir, cómo se pueden aprovechar las transformaciones para acelerar la
producción de alimentos.
La nómina de testimonios positivos comenzó con el viceministro de la Agricultura,
Telce Abdel González Morera, quien introdujo su intervención señalando que 162 de las
176 transformaciones económicas y sociales tienen un impacto en el sector
agropecuario nacional que ya se beneficia con la actualización de una veintena
de normas jurídicas. Los comunistas cubanos pretenden activar el sector, una vez
más, con un paquete legal integral, que se relaciona con todos los componentes
atribuibles a la producción agropecuaria: la tierra, la genética, la sanidad
vegetal y animal, lo tecnológico, la producción, la comercialización, los
insumos y más.
Los comunistas cubanos, siempre convencidos, de forma errónea,
que la publicación de normas y compendios legales en la gaceta oficial, puede servir para transformar un
sector o una economía, sin más. Grave error. Las fuerzas productivas deben
funcionar de forma espontánea y voluntaria, antes de cualquier regulación, y no
al revés. Si no, el fracaso, como esta vez, viene servido.
A continuación, Yoandris Beltrán, presidente del Grupo
Empresarial Avícola, una OSDE que redujo de forma drástica su plantilla en la
oficina central, para lo cual creó diferentes mipymes de prestación de
servicios, calificó de positivo el impacto de las medidas aplicadas porque permiten funcionar con sociedades
mercantiles y cadenas de valor, nacionales y regionales y tener en cuenta el cambio de matriz
energética, con el uso de las fuentes renovables de energía; el fortalecimiento
del potencial genético de la masa avícola y la ampliación de la
comercialización de esas simientes, entre otras medidas. Todas tienen en el
centro de su ejecución y resultados a los trabajadores, ahora más estimulados.
Y puso como ejemplo que, para 2025, el Grupo Avícola previó pérdidas en el
entorno de los 2.000 millones de pesos. Para este año, sin embargo, ya acumulan
ganancias por 56 millones de pesos.
Dianelis Saborido, directora general de la Empresa
Agroindustrial de Granos Emilio Córdova, de Villa Clara, explicó que la
combinación de las 63 medidas aprobadas para la agricultura años atrás y las actuales
“transformaciones económicas y sociales” están provocando un impacto de forma positiva
en la entidad, que ha tenido un crecimiento de más de 2.000 hectáreas de arroz.
De modo que, en esta campaña, de 10.880 hectáreas que tenían planificadas para
sembrar, llevan 11.068 hectáreas. Destacan las cerca de 1.000 hectáreas
gestionadas por una mipyme no estatal que alcanza rendimientos de 4,5 toneladas
de arroz cáscara húmedo por hectárea.
En esta entidad, Emilio Córdova, ocurre que las formas de
gestión no estatal se están ocupando no solo de áreas agrícolas, sino también
de molinos y secaderos, lo que ha llevado a una producción cooperada de arroz
en la cual la industria cierra el ciclo y todos, tanto la empresa estatal como
las mipyme no estatales ganan tanto para sí como para comunidades y centros
sociales que atienden, como parte de su responsabilidad social, además de la
generación de nuevos empleos.
Seguidamente, Yoisel Pereda, presidente de la mipyme Don
Pereda, de Artemisa, habló de la experiencia de una entidad no estatal dedicada
a la obtención de precebas porcinas, y ahora será parte de una asociación
económica con la Empresa Porcina de Artemisa, para la venta de animales para
engorde. Funcionará a partir del uso intensivo de la inseminación artificial,
el empleo de fuentes renovables de energía en todo el proceso productivo y
otros provechos.
Por su parte, Fernando Ravelo, presidente de la CPA
Cuba-México, de Artemisa, reconoció que le costó mucho asimilar los cambios
propuestos en los últimos años, y que rechazó vincular la cooperativa con
usufructuarios de tierra y otros tenedores ajenos a ella. Sin embargo, reconoció
que él y la junta directiva han flexibilizado posiciones y mantienen relaciones
con usufructuarios próximos a la cooperativa, a quienes dan servicio de riego y
maquinaria.
El último testimonio de Abelardo Álvarez, presidente de la CCS Antero
Regalado, de Güira de Melena, calificó de “muy buenas las transformaciones”. No
obstante, insistió en la necesidad de formar a los productores, porque no todos
están entendiendo las “transformaciones”, hay muchas dudas, y se deben explicar.
Por ello, solicitó a la dirección del país mantener estos contactos, “para ir
viendo los resultados, y también dónde nos estamos trabando”.
Díaz Canel ante estos testimonios tan favorables (curiosamente, no hubo alguna intervención crítica), intervino para afirmar y
reconocer, al mismo tiempo, que “aunque esta ha sido una reunión en la que se
han expuesto ideas positivas, interpretaciones positivas de las
transformaciones, ejemplos de lo que ya ustedes están haciendo y concretando,
esa no es la realidad que tenemos en todo el país. O sea, hay muchas cosas que
no avanzan, hay muchas cosas que están trabadas todavía”.
Y añadió al respecto que “en muchas veces, cuando hemos
visitado alguna de las fincas de ustedes, o alguna de estas empresas estatales,
hemos visto que en tiempos más complicados que los actuales han tenido mejores resultados”. Y
eso se pudo lograr porque “tuvieron capacidad de adaptación, porque aplicaron
ciencia e innovación, porque innovaron en los procesos productivos, por la
manera en que convocan y organizan el trabajo con sus cooperativistas o con sus
trabajadores”. En definitiva, destacó que “muchos de ustedes hicieron cosas en
las cuales se adelantaron a lo que hemos aprobado como transformaciones. Por lo
tanto, han demostrado que sí hay salida, que en tiempos difíciles hay salida. Y
que de lo que se trata es de cómo ahora generalizamos esas buenas experiencias”.
Díaz Canel mostró su convencimiento de que la aplicación de
las “transformaciones” de manera ágil, con profundidad y con coherencia, permita
alcanzar en el menor tiempo posible un aumento significativo de la producción
de alimentos que atienda mejor las necesidades de la población, y permita
mejorar el poder adquisitivo de las personas, facilitando el acceso a los alimentos
a precios más bajos. Un cuento de la lechera, a la vista de lo que ha sido la
historia del sector agropecuario en 67 años de castrismo, y que, por lo
expuesto, no hay razón alguna de que en esta ocasión sea diferente. El mandato
de Díaz Canel de “lograr producir con eficiencia, aprovechar bien la tierra y
lograr una adecuada relación entre los gastos, los costos y los precios” se
acabará quedando en eso, un simple mandato de difícil consecución.
Y ¿por qué sabemos que las “transformaciones” tampoco van a
lograr dinamizar la producción agropecuaria en Cuba? La respuesta es fácil. Las
referidas “transformaciones” dejan inalterado el régimen de uso y explotación
de la tierra en la Isla, que otorga al estado la propiedad de toda la tierra y
tan solo se acepta la cesión o el arrendamiento a los actores privados como
fórmula organizativa. Sin propiedad privada de la tierra, que existía en Cuba
antes de 1959 cuando el sector agropecuario era productivo y eficiente, no sirven
de nada las referencias burocráticas al papeleo comunista local del
reconocimiento de alianzas entre personas naturales, jurídicas, estatales,
privadas o mixtas que ahora se pretende ofertar con las “transformaciones”. Ni
siquiera las ventajas particulares ofrecidas al modelo cooperativo que amplían
las facultades para importar insumos, combustible y otros recursos y para
exportar van a estimular al sector cuya autonomía sigue siendo limitada y
condicionada.
El castrismo nunca dará marcha atrás a las reformas agrarias
de Fidel Castro y por ello, entierra cualquier posible solución para mejorar el
sector agropecuario. Los comunistas vietnamitas fueron prácticos y con las
medidas del Doi Moi privatizaron toda la tierra en el país asiático, transformando
en profundidad las estructuras jurídicas y convirtiendo a Vietnam en una
potencia asiática exportadora de arroz. Los dirigentes cubanos están a años luz
de estas reformas, y nunca otorgarán autonomía real a los productores
agropecuarios. Otras “transformaciones” como la descentralización territorial del
Fondo de Fomento Agrícola, o la creación de un banco para el desarrollo y el
fomento e incluso el estímulo a la inversión extranjera y la de cubanos
residentes en el exterior en el sector agropecuario, son cocos vacíos que no
tienen una implementación asegurada.
Es por ello que lo único que hay que hacer es esperar y
comprobar que pronto, muy pronto, alguien del régimen saldrá culpando al
embargo/bloqueo del fracaso de estas “transformaciones”. Los obstáculos a los
que hizo referencia Díaz Canel no están en el exterior, sino dentro de la economía
cubana, donde sobran obstáculos, trabas y regulaciones administrativas
burocráticas.
En su último turno, Díaz Canel en clave eufórica, dijo a los
productores asistentes que “estas transformaciones dan a ustedes el derecho de
decidir qué se produce, cómo se produce, en qué cantidades se produce y cómo se
comercializa”. Y eso es mentira, y lo único que se tiene que hacer es leer cada
una de las transformaciones, para ver que autorizaciones, facultades, permisos
y decisiones centrales, siguen estando a la orden del día, y que la necesaria
responsabilidad y autonomía de los productores, deja mucho que desear. Además de la prohibición de la propiedad
privada de la tierra, la definición de una economía de planificación central,
sin mercado general para asignación de recursos y con precios fijados por un
ministerio, no sirve para dar sentido y operación a un sector vivo como el agropecuario.
Es por ello que Díaz Canel tiene muy difícil convencer a los
productores agropecuarios que son los “dueños de la ejecución de estas
transformaciones”, teniendo en cuenta que para las decisiones básicas deben
tener la autorización de las organizaciones comunistas locales que siguen
teniendo la última palabra frente a los productores privados. Se requiere
valentía política para transformar realmente el sector agropecuario del país y
lograr la necesaria la soberanía alimentaria.
Cierto que el país se construye desde el surco y no desde el
despacho oficial o la oficina del régimen, pero este principio no está incluido
en la pléyade de “transformaciones” dirigidas al sector agropecuario que tienen
poco que ver con cualquier aportación formulada por los productores. Quienes
trabajan actualmente en el sector agropecuario cubano no están para mensajes
grandilocuentes, integrados en un relato que es difícil de creer, sino acciones
concretas que permitan desplegar las fuerzas productivas que siguen atadas por
el bloqueo interno castrista.
Dicho de otro modo, se ha perdido una gran ocasión para que las “transformaciones
económicas y sociales” impacten realmente en el campo cubano, los productores
lo saben y seguro que Diaz Canel también. Desmontar el bloqueo interno exige
mucho más que abrir puertas que pueden ser cerradas en cualquier momento por la
organización comunista local o cualquier entidad de las que intervienen en el
sector. Hay que superar esa fase y dejar atrás los complejos ideológicos de
algo que, simplemente, ni funciona ni funcionará. Los cubanos no aguantan más.
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