¿Podrán funcionar las oficinas privadas de farmacia?

Elías Amor Bravo, economista

¿Dónde está la trampa con las oficinas privadas de farmacia? La pregunta despierta interés, porque detrás de cada una de las 176 medidas hay conejo escondido en la chistera comunista. Y ahora, con los medicamentos y la implementación de nuevas formas de gestión en los servicios farmacéuticos, se ha visto, sin grandes dificultades, dónde se encuentra el lío.

Un artículo en la prensa oficial comunista revela los hechos. Nada de economía de mercado, ni de libertad de empresa para estas socorridas farmacias que vienen a resolver problemas que el estado comunista es incapaz de resolver, como es el suministro estable de medicamentos a la población. Quienes pretendan dedicarse a este “negocio” deben saber que van a tener encima a la administración estatal comunista fijando todo tipo de normas, procedimientos y mecanismos de control en el almacén y venta de las medicinas, e incluso, las condiciones exigidas al personal contratado y los responsables de las farmacias.

Pero alguien podría señalar que este tipo de restricciones no suponen problema alguno, porque se encuentran presentes en todos los ordenamientos farmacéuticos privados que existen en todos los países del mundo. De modo que Cuba no tendría por qué ser una excepción.

Entonces, ¿Dónde está el conejo de la chistera castrista con las oficinas privadas de farmacia? Pues donde menos se imaginaba uno que pudiera estar.

En la importación de medicamentos. Sabiendo que la oferta nacional es insuficiente para atender las necesidades de la población, las autoridades han establecido de forma obligatoria que “todas las importaciones de medicinas tienen que transitar por las dos importadoras que tenemos, que son Medicuba, del Minsap, y Farmacuba, de la industria farmacéutica cubana”. Nada nuevo bajo el sol. Los que pensaban que la libertad económica había llegado a Cuba de la mano de las oficinas de farmacia que se vayan olvidando de “aventuras”. El régimen tiene aquí escondido su conejo.

Y de ese modo, esas dos importadoras, ojo, no hay otras, y no es previsible que se autoricen más importadoras, han desarrollado sus servicios para que las nuevas farmacias se vean obligadas a contar con ellas en los diferentes pasos del proceso, incluida la identificación de proveedores y los procedimientos asociados a la importación. De libertad para importar y aprovisionar medicamentos por cuenta propia, nada de nada. Todo debe pasar por las manos del estado comunista. Otra forma de ejercer el dirigismo y control en una actividad que según decían las autoridades, iba a ser ejercida por los “actores no estatales”.

Como siempre que ocurren estos casos de dirigismo económico, la directora nacional de Medicamentos y Tecnologías Médicas justificó la decisión tomada en que la comercialización de medicamentos requiere un tratamiento particular debido a su incidencia directa en la salud de las personas. Pero que no vengan con artimañas, porque esto ya se sabía. De paso, no sólo incorporan a esas dos importadoras sanguijuelas que piensan vivir del trabajo realizado por las farmacias privadas, sino que también entra en la operación, la comercializadora Emcomed, que pertenece a la industria farmacéutica, y cuenta con su licencia sanitaria, almacenes, transporte y personal. Menudo negocio para el estado comunista, sin mover un dedo a ganar dinero, y sobre todo, en divisas.

Lo dicho, las nuevas farmacias que pretenden funcionar como sector privado, deben saber que se verán sujetas a los requisitos y controles sanitarios establecidos para esta actividad, y que estos, en el área de las importaciones y las operaciones comerciales son los más peligrosos porque pueden acabar convirtiendo las nuevas farmacias en los establecimientos vacíos y sin oferta del sector estatal. Una experiencia que en algún caso recuerda a los campesinos privados frente a Acopio. Todo se andará.

Como aviso a posibles navegantes, las decisiones del régimen cuentan con el respaldo del reciente Decreto 160, que regula las actividades no autorizadas o condicionadas para el ejercicio por las empresas privadas, micro, pequeñas y medianas empresas privadas, las cooperativas no agropecuarias y los trabajadores por cuenta propia. 

Precisamente, en su Anexo Único, específicamente en la Sección O, dedicada a las actividades de atención de la salud humana y de asistencia social, se establece de manera explícita que los servicios farmacéuticos, ópticos, de cuidado y de rehabilitación son autorizables y pueden ser ejercidos por estos nuevos actores económicos, lo que consolida el andamiaje legal que sustenta las 36 propuestas actualmente en evaluación y las que puedan surgir en lo adelante. El reconocimiento es válido, pero el origen de los productos objeto de comercialización, esencia de cualquier actividad dirigida al público, se controla por las importadoras estatales y la comercializadora farmacéutica, también estatal.  

Lo curioso de todo esto es que, a pesar de las amenazas descritas que podrían ser suficientes para darse la vuelta y olvidarse de este negocio, el régimen destaca que el éxito de la medida ha sido notable, ya que actualmente se están evaluando 36 proyectos presentados para la administración de farmacias comunitarias. Con tan poco tiempo que lleva la medida en vigor, es curioso, por calificarlo de algún modo, que ya se hayan cursado tantas solicitudes, más aún cuando se destaca por el régimen que, de las propuestas presentadas, 3 se encuentran en proceso de constitución, otras 14 cuentan con el aval para continuar los trámites correspondientes y, hasta la fecha, todavía no ha comenzado a prestar servicios al público ninguna farmacia bajo esta modalidad.

Las autoridades han sacado al "conejo de la chistera" dejando asombrado al público asistente. No es magia, es práctica comunista. En materia de asuntos económicos, se trata de crear unas expectativas que luego acaban en nada y además, como se trata de actividades nuevas para las formas de gestión no estatal (sector privado) en el ámbito de la administración de farmacias comunitarias, prestación de servicios farmacéuticos y comercialización de medicamentos y otros productos para la salud, el estado mantiene toda su competencia y capacidad de intervención intactas, (la constitución de 2019 no ha sido modificada) y deja jugar a los privados para ver que ocurre. Estas no son las reglas de la economía de mercado ni de la empresa privada libre. El fracaso para estas actividades de farmacia está anunciado.

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