X Congreso del sindicato unico de la construcción: más de lo mismo

"En busca de elevar la productividad". Así es como reza un reciente artículo en Granma de Yaima Puig Meneses, que analiza los "retos que se plantean a los 300 delegados del X Congreso del Sindicato Nacional de Trabajadores de la construcción", uno de esos sindicatos verticales con los que el régimen comunista de los hermanos Castro controla a los trabajadores cubanos desde que nacen hasta que mueren.
El artículo señala textualmente que "prever y enfrentar con éxito el fuerte proceso inversionista productivo que el país se ha propuesto, implica mucho más que reconocer errores en la gestión de los suministros, en la mala calidad de las obras, la desorganización o la preparación técnica de cuadros intermedios, por solo citar algunos ejemplos; las transformaciones en las construcciones cubanas tienen que incluir, necesariamente, soluciones prácticas y aplicables para erradicar cada una de estas deficiencias".
Increible, pero cierto. El régimen se blinda ante su ineficiencia estructural lanzando balones fuera, y como siempre, culpando a otros de su incapacidad para construir una economía capaz.
Uno de los sectores en que se plasma la absoluta incompetencia del marxismo como doctrina económica es la construcción. No es ya el déficit de viviendas que existe en el país, el hacinamiento de las familias en las viviendas semiderruidas y la imagen general de miseria y putrefacción que muestran las fotos de los turistas.
Es que la actividad de construcción en Cuba no puede existir porque carece de base jurídica en tanto que no se respeta el derecho de propiedad ni la libre empresa. Sin embargo, los castristas, abrumados por la escasez general del país, ya reconocen "el apoyo de este sector al desarrollo económico y social, uno de los principales temas que se debatirán en la cita, destacándose la necesidad de incrementar las acciones que permitan elevar la productividad del trabajo y su organización así como la eficiencia y calidad de cada nuevo proyecto que se concluya o inicie".

Aqui viene la segunda gracia de la noticia. ¿Se imagina alguien a un congreso sindical en Occidente hablando y debatiendo sobre cómo aumentar la productividad del trabajo? No se lo pierdan. Los análisis realizados en el proceso asambleario desarrollado con anterioridad en las más de 4.000 secciones sindicales del sector en la nación, confirmaron que para alcanzar los objetivos de productividad y eficiencia, en primer lugar, "cada obrero tiene que ser eficiente en su jornada y en su puesto de trabajo, a la vez que los jefes a todos los niveles ser más exigentes en el cumplimiento de las tareas y plazos de ejecución y entrega asignados".
¿Los sindicatos imponiendo restricciones y obligaciones a los obreros? ¿No se trata de defenderlos frente a la agresión del capital? Ah, claro, es que en Cuba como no hay capital, no existe la explotación. Patético. Lamentable y una verguenza más ante el mundo de la herencia del estalinismo en esta pobre Isla del Caribe, que nunca podrá volver a ser la que fue si todo esto no tiene un final cuanto antes.
El artículo no tiene desperdicio y termina con la siguiente frase: "Más allá de reconocer y autocriticar los errores que actualmente atentan contra el buen funcionamiento del sector, esperemos que este encuentro sea también un punto de giro para lograr que, tal y como el desarrollo económico cubano exige en la actualidad, nuestros constructores estén en condiciones de ofrecer una respuesta efectiva al progresivo y sensible aumento de los ritmos y niveles constructivos previstos para los próximos años".
Hablamos de la transición política, económica, pero no cabe duda que la herencia del castrismo sobre el sistema de relaciones laborales es miserable. En ausencia de sindicatos reales que defiendan a los trabajadores frente al Estado monopolista y realmente explotador, no existe referencia alguna. Un nuevo sistema de relaciones laborales nos espera. Para que los trabajadores cubanos se vean realmente representados y no inmersos en la burla en la que los hermanos Castro les tienen.

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