El fracaso del régimen en la producción avícola: volver a empezar

La producción de huevos en Cuba es muy deficiente. Con una población de 11 millones de habitantes, el sector produce alrededor de 182 millones de docenas al año. España, con una población cuatro veces superior, 46 millones de habitantes, obtiene una producción, casi nueve veces mayor, de 971 millones de docenas al año. La comparación no se sostiene. Los datos comparativos con Argentina, Colombia, República Dominicana dejan a Cuba muy cerca de los niveles más bajos de la región.
Uno de los grandes errores de la revolución, y a la vista de sus resultados, un fracaso singular, fue la creación en 1964, del Combinado Avícola Nacional, CAN, “con la misión de garantizar una vía rápida y segura de obtención de proteínas” en concreto de huevos, alimento básico de la población. Como todos los inventos del régimen comunista en aquellos primeros años de la revolución, “el CAN se planteó como una agrupación de 25 empresas y un instituto de investigaciones que funcionaba como soporte científico-técnico— para dar trabajo de forma directa a más de 26.000 mujeres y hombres”.
De ese modo, y de manera sistemática, la producción de huevos para consumo doméstico en Cuba, que había sido históricamente autosuficiente, entró en crisis continua de suficiencia. El diseño totalitario de control del sector productivo suponía eliminar, de un plumazo, a las pequeñas y medianas empresas aviarias, que habían sido el núcleo productivo principal de esta actividad y que eran capaces de producir lo suficiente para atender las necesidades del mercado nacional.
Al centralizar la producción en manos del Estado, el CAN se convertía en un órgano improductivo más, los burócratas pasaban a tomar decisiones al margen de los precios, y la eficiencia caía en picado. En poco tiempo, la escasez empezó a golpear en la línea de flotación del nuevo sistema. En las casas, o en los comedores sociales la disponibilidad de huevos frescos se convertía en un reto.
Un producto que se había convertido en esencial en la cesta de consumo de las familias cubanas, de sopetón, y por obra y gracia de los nuevos mecanismos productivos del castrismo, desaparecía de la dieta alimenticia o escaseaba.
Pero más grave aún, para poder producir más huevos, se hacía necesario recurrir a las importaciones, con los elevados costes que ello suponía para la factura nacional. Una economía como la cubana, con varias cosechas anuales y una climatología favorable a numerosos cultivos forrajeros, se veía obligada a importar los alimentos de la ganadería ponedora aviar al ser la agricultura estatal cubana incapaz de suministrar dichos bienes intermedios a las granjas. Un fracaso absoluto.
Ahora, en este momento de “cambios” Raúl Castro se propone eliminar esta práctica importadora, convirtiéndola “en uno de los mayores desafíos del sector y del Ministerio de la Agricultura en conjunto, que están obligados a mirar hacia dentro y trabajar mucho más para crear las condiciones apropiadas”, como se señalaba en un Informe reciente publicado en Granma.
Veamos cómo lo quieren hacer. Por lo pronto, han empezado mal. En vez de liquidar el CAN y devolver a los pequeños productores el rango de empresarios que puedan producir libremente y asegurarse de forma competitiva y eficiente los suministros que necesitan, las reformas del sector se vuelven a atribuir al viejo, maltrecho e ineficiente CAN, al que se le atribuye además, la centralización de la producción de pienso para el ganado aviar. Y digo yo, si no fueron capaces de producir huevos con 26.000 empleados y el control de todo el sector productivo, ¿serán capaces de producir pienso para el ganado aviar?¿No es volver a tropezar dos veces con la misma piedra castrista?
Estos comunistas cubanos siguen considerando la actividad económica productiva como una empresa militar de alto riesgo. El Informe de Granma dice textualmente, "hoy las entidades del Minag no han aplicado una estrategia orientada a garantizar el alimento de los animales ante una situación extrema; sin embargo, en los años más severos del Período Especial, la División Mambisa —una fuerza de choque dedicada a la producción agrícola— y el sector cooperativo y campesino cosechaban soya, maíz y otros granos para producir pienso".
La alternativa parece mucho más sensata, pero como siempre, insuficiente y con excesivos controles: “la creación de 190 patios de gallinas, previo acuerdo con cooperativas y otras entidades, con la idea de vincularlos a unidades de consumo. Es decir, “quien las adquiera (venta de por medio) tiene el compromiso de garantizar la alimentación de las aves y vender los huevos según un esquema de autoabastecimiento local”. ¿Me permiten un consejo? Les sobra esa obsesión por el control. Dejen que funcione la ley del mercado. Los productores deben ser capaces de vender y consumir libremente. Ya verán. Si a esos “patios de gallinas” los dejan funcionar, ya verán como en Cuba se producen huevos para todos y rápido.
En cuanto a la técnica productiva del CAN no deja uno de asombrarse y si me permiten les aconsejo que no pierdan tiempo con tanta reunión mensual de planificación de objetivos y de “plan lógico”. En el mercado competitivo, las cosas salen bien porque la base es la más adecuada para combinar decisiones eficientes de productores y consumidores. Creen emprendedores, fomenten el espíritu libre de empresa, y no se pierdan con planes operativos y “estadísticas de las edades de las gallinas”, o interesantes “indicadores de merma y rotura” que por ahí no van a ir a ningún sitio. La clave no está en ahorrar 2,5 gramos de pienso por gallina, para reducir los costes, sino de vender la producción a los mejores precios, cobrar buenos ingresos y con la ganancia volver a invertir para hacer crecer las empresas. Y lo digo con el conocimiento de que es una tarea fundamental, que exige sacrificios y que ustedes en un régimen comunista, como el de Fidel Castro, no pueden obtener el máximo provecho de lo que hacen.
Yo estoy convencido de que la economía cubana, liberada de controles, ataduras y experimentos estalinistas, tiene futuro. Solo hay que leer estos testimonios para comprobar que gente que se esfuerza para mejorar, sin recibir recompensa alguna de su trabajo, solo consignas insufribles de un régimen totalitario, se merece lo mejor.

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