De las nuevas formas de gestión al mercado

Los comunistas cubanos no han querido asumir la realidad de los cambios que necesita la economía cubana para mejorar su funcionamiento y recuperar la competitividad y eficiencia de las primeras cinco décadas de existencia de la República.

Esto es lo que se desprende de la lectura atenta de los diez primeros lineamientos tras los debates producidos en el congreso y la incorporación de añadidos a la redacción, objeto de este trabajo.

El “lineamiento” 1, tal y como ha quedado redactado en su versión final, menciona de forma expresa al “mercado”, reemplazando así de la redacción original el concepto farragoso término de “nuevas formas de gestión y de dirección de la economía nacional”, que a muchos nos llamó la atención. Esa referencia explícita al mercado se puede considerar un aspecto muy positivo, pero las expectativas muy pronto se vienen abajo.

Sabido es que el mercado es un instrumento de asignación de recursos que, vía precios y comportamiento maximizador del bienestar individual, garantiza que los recursos existentes se adjudican de forma óptima a las necesidades puestas de manifiesto a través de la demanda. La prioridad del mercado supone que son millones de individuos los que al tomar millones de decisiones de manera simultáneas basadas en la información de los precios, aciertan vaciando los mercados y contribuyendo a la mejora de la situación individual y colectiva. El equilibrio demanda y oferta garantiza además que las expectativas de los productores y los demandantes se cumplen.

Negar esta evidencia es querer mantener en funcionamiento un modelo de base estalinista, en el que la “planificación socialista” se establece como la vía principal para la dirección de la economía nacional. A pesar de sus fracasos continuados, a pesar de que el modelo es errático, ineficiente, improductivo y lo que es peor, genera profundas, perversas e injustas desigualdades sociales, los comunistas cubanos lo sitúan en el frontispicio de su estrategia de los “lineamientos”.

Una planificación que “debe transformarse”, pero tan sólo en sus aspectos metodológicos, organizativos y de control, éste último añadido en la versión final de los “lineamientos” tras el debate en el congreso del partido comunista. Pero, ¿es que la planificación central se puede transformar? La respuesta a esta pregunta no admite silogismos ni extravíos, o hablamos de planificación central o hablamos de otra cosa. Los comunistas cubanos no se ponen de acuerdo. Es evidente que todos ellos reconocen en privado la ineficiencia e inutilidad del modelo, pero el pesado lastre del castrismo, impide aplicar las reglas que son fundamentales para salir del atraso y la miseria.

El modelo de planificación central en la economía cubana ni ha servido para dar solución a los problemas de la economía, ni ha permitido alcanzar niveles de desarrollo sostenible, ni ha mejorado la competitividad y productividad de la economía cubana a nivel mundial. Las dádivas procedentes del campo comunista antes del derrumbe del muro de Berlín, permitieron a los planificadores decidir el futuro económico de los cubanos en base a libretas de racionamiento que, precisamente ahora, todo el mundo cuestiona por su ineficacia e injusticia. La caída del muro y el advenimiento del período especial confirmaron lo que todo el mundo sabía: la planificación es inútil para dar solución a la escasez de recursos de la economía.

La obsesión por planificar la vida económica en todas sus aristas y sentidos, conduce a la miseria. El dinamismo de las actividades privadas confirmó que el espíritu emprendedor se encuentra arraigado en los valores de la sociedad cubana y que el adoctrinamiento marxista leninista no puede con esa creatividad y capacidad de innovación que hace únicos a los cubanos, incluso diseñando las “balsas camión” con las que escapan del totalitarismo castrista.

Es una lástima que el “lineamiento” 1 bordee la cuestión de la economía de mercado de forma tan cobarde y miope, mostrando con ello la negativa del poder político a asumir los cambios que realmente necesita la economía cubana.
Del resto de nueve primeros “lineamientos”, poco más.

El “lineamiento” 2 mantiene a la “empresa estatal socialista” como “la forma principal en la economía nacional”, la misma empresa que se pretende reducir de tamaño por la vía de despidos masivos hacia actividades cuya viabilidad productiva es más que cuestionable ya que ni obedecen a un estudio real de necesidades del mercado, ni favorecen un desarrollo ordenado de los distintos sectores de la economía.

El “Lineamiento” 3 vuelve con la misma redacción a prohibir la “concentración de la propiedad en personas físicas o jurídicas”, un aspecto que entra en contradicción con las eventuales autorizaciones a la compra de determinados activos como viviendas o automóviles, anunciados en otros lineamientos. La obsesión del castrismo con la actividad económica privada, el crecimiento de las empresas, su capacidad para generar y repartir beneficios y contribuir al empleo, el bienestar y calidad de vida, se plasma en este enunciado.

El “lineamiento” 4 vuelve a definir el modelo estalinista, de base cuartelera, que caracteriza al régimen castrista al referirse al “orden y disciplina” con el que deberán realizarse los “cambios estructurales, funcionales, organizativos y económicos”, en una clara advertencia a navegantes de que quién se salga del desfile será castigado. Ponerle vallas al campo es tan imposible como querer reconducir el dinamismo y la vitalidad de una economía en crecimiento, en la que las actividades productivas se desarrollan, precisan más recursos, aumentan su escala y progresan. Por esa vía de control el régimen vuelve a las andadas, y demuestra una vez más su escaso aprecio al espíritu emprendedor. El orden y la disciplina están bien para los ejércitos, no para la empresa eficiente y competitiva.

El “lineamiento” 5 define y establece el espacio total y absoluto de la planificación central al conjunto de la economía. Nada, absolutamente nada, escapa de este ámbito de actuación, lo que supone poner a la economía al servicio del poder político.

El “lineamiento” 6 mantiene la sombra de incertidumbre y de bruma asfixiante en torno a la “separación de las funciones estatales y empresariales”, sin arrojar luz sobre una cuestión que más bien parece un relleno que otra cosa.

El “lineamiento” 7 muestra el estado rudimentario de la economía creada por los hermanos Castro en los últimos 50 años, al insistir en la necesidad de “cooperación entre empresas”, una idea añadida a la redacción inicial, donde ni siquiera se pensó en esta idea. En todos los países del mundo, la eventual cooperación entre empresas aparece como un elemento fundamental de una economía y el hecho de que en Cuba se tenga que recoger como eje de la política económica, pone de manifiesto la baja calidad del funcionamiento de la economía, en su conjunto.

El “lineamiento” 8 insiste en las nuevas acciones de “exigencia de responsabilidad a los directivos empresariales”, extendida al ámbito del empleo, abierta como está la veda para destapar todo tipo de irregularidades, muchas veces provocadas por la complejidad de las estructuras administrativas y el marco asfixiante que regula la economía nacional. Se avecinan tiempos de mucho trabajo para la Contraloría que, en cualquier momento, puede extender sus instrumentos de vigilancia hacia las empresas extranjeras y mixtas.

El “lineamiento” 9 aporta una novedad con respecto a la redacción inicial, al incluir “los servicios de alquiler de medios y de equipos” por los mercados de aprovisionamiento (controlados estatalmente y que mantienen su ineficacia monopolista) hacia el sistema empresarial, el presupuestado y las nuevas formas de gestión. Es decir, aparece una nueva actividad económica a través del alquiler de “medios y equipos” por parte de las organizaciones de aprovisionamiento, que en una economía de favores y de privilegios, como la castrista, puede terminar siendo un foco de problemas, más que de soluciones. Tiempo al tiempo, y sobre todo, evaluar cómo se desarrolla esta propuesta.

El “lineamiento” 10 que hace referencia al cumplimiento de los contratos, es otro ejemplo de atraso y carácter rudimentario de la economía castrista. El texto finalmente aprobado amplia la redacción inicial y ha sido con 1.171 opiniones, el que más aportaciones ha recibido de estos diez primeros lineamientos referidos al modelo de gestión económica. El cumplimiento de contratos es un ejemplo de las paradojas de la planificación central. En una economía de mercado, los contratos entre los agentes se cumplen porque en caso contrario, las relaciones económicas se interrumpen, con perjuicio de las partes.

En la planificación, donde los órganos superiores son responsables de todas las decisiones, este tipo de acuerdos contractuales pasan a un segundo plano, se incumplen y no pasa nada. La exigencia de una reforma en la economía cubana confirma su estado de atraso y abandono en una cuestión fundamental como es el cumplimiento de contratos y compromisos.

Tomado de (www.miscelaneasdecuba.net).-

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