Dos modelos de turismo distintos

En España se llaman paradores de turismo, en Cuba, campismo popular. Por supuesto que no tienen nada que ver.

Dos conceptos turísticos que se basan en dos ideas completamente distintas de cómo un sector puede funcionar o no con criterios adecuados.

Los paradores de turismo españoles, instalados en construcciones del patrimonio histórico, generalmente joyas de la arquitectura de titularidad, es decir, propiedad, estatal o pública, son negocios florecientes gestionados por la iniciativa privada en estrecha competencia con la planta hotelera del país. Ofrecen un producto turístico que combina la belleza del alojamiento y su entorno, con una oferta gastronómica y cultural de primer nivel.

Asociado a ello, el precio es elevado, pero fijan con frecuencia ofertas para atraer a determinados segmentos del mercado que no suelen consumir estos servicios, a fin de convertirlos en clientes fieles. Porque los paradores si algo bueno tienen es que el cliente repite, tanto el nacional como el extranjero, y su ubicación geográfica, el entorno, sus servicios complementarios, los convierten en un poderoso instrumento de la política turística española.

En Cuba, el campismo popular, que apareció en Pinar del Río en una fecha relativamente reciente como 1981, y por supuesto, como casi todo lo que se ha creado en los últimos 51 años, como idea de Fidel Castro, ha dado servicio en las tres últimas décadas a más de 28 millones de personas, incluidos 11.118 extranjeros, según datos de Granma. La cifra, con parecer elevada, debe ser puesta en relación con una población de 11 millones de habitantes y tres décadas de actividad. Los extranjeros, evidentemente, son insignificantes en el cómputo total de la actividad.

Tan sólo detenerse brevemente en el título “campismo popular”. Es cierto que el campismo, sobre la base de estas cifras, y con este tipo de descripción, se concibe como un producto orientado al consumo interno de los cubanos, y no es hasta fechas muy recientes, que se han planteado iniciativas para financiar sus actividades con moneda fuerte. En el artículo publicado en Granma, se citan las mejoras experimentadas en la Base de Dos Hermanas, en cuanto a confort, seguramente algo que el régimen consideraba de segundo nivel de relevancia, a tenor del estado de las mismas.

Como casi todas las deficiencias de infraestructura del régimen, el ministro de turismo Manuel Marrero afirma que “las dificultades que han debido enfrentarse en ese tiempo, han sido debidas a los severos daños causados por huracanes”. La razón parece ser otra. La realidad es que estos establecimientos son mal gestionados, y se han convertido en un agujero más para las cuentas del estado que, ante la acumulación de pérdidas y un pésimo servicio, se han visto obligados a aportar una gran cantidad de subsidios dirigidos a cubrir los gastos desmesurados.

Devolver estos establecimientos a la racionalidad económica, y romper la dependencia de las subvenciones es uno de los objetivos contenidos en los “lineamientos”, y me parece acertado. La cuestión es cómo lo consiguen. El logro de una recreación sana y segura, en contacto directo con la naturaleza y vinculado a la práctica de actividades físicas, conforman un producto turístico atractivo, que en Cuba, al parecer, presenta una demanda que no parece generar ingresos suficientes para obtener rentabilidad. Los paradores de turismo españoles son rentables, y muy rentables, los campings cubanos son una ruina.

Una ruina porque el mantenimiento de estas instalaciones exige al régimen invertir más de un millón de pesos convertibles cada año según datos de Granma. Una ruina, como casi todas las cosas creadas por Fidel Castro, al que la racionalidad económica, el cálculo sencillo entre costes y beneficios, no parece ser una preocupación relevante. El desorden en la economía cubana generado por el castrismo es de tal magnitud, que ni los campings son rentables.

Me hace gracia la iniciativa del álbum fotográfico, iniciativa del 30 aniversario del campismo popular, que han preparado para el reconocimiento al fundador de los campings. Así es como funcionan las cosas en Cuba. Se crea algo, funciona mal y se recompensa al creador, por muy errónea que haya sido la iniciativa.

Tomado de: (www.miscelaneasdecuba.net).-

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