La necesaria reforma de la ONAT

Dentro del proceso de reformas introducido por Raúl Castro para aumentar el empleo de trabajadores por cuenta propia, no cabe duda que la acción del sistema impositivo juega un papel fundamental.

Cuando las empresas se encuentran en su fase inicial de desarrollo, el sistema impositivo facilita su desarrollo de varias formas. Por un lado, fijando normas estables y previsibles que aumentan la certidumbre y la confianza para una adecuada adopción de decisiones. De otro, combinando impuestos e incentivos para mantener una acción neutral que permita a las empresas alcanzar una escala eficiente en el menor tiempo posible.

En los sistemas democráticos, donde el ciudadano legitima la acción del gobierno pagando impuestos y contribuyendo con ello al sostenimiento de las funciones del estado, los organismos encargados de la recaudación han evolucionado notablemente en su imagen y posicionamiento social. En los últimos años, y en la mayoría de países, la recaudación impositiva ha apostado por la sencillez, la eficacia, el uso de tecnologías amigables, con el objeto de facilitar a los ciudadanos el cumplimiento de sus obligaciones.

En Cuba, donde esas instituciones democráticas no existen, pero se están dando pasos hacia un sistema de trabajo por cuenta propia sobre el que se pretende fijar una recaudación fiscal que permita al régimen contar con más recursos de los que detrae de la base estatal e improductiva de la economía, la responsabilidad tributaria recae en un organismo burocrático que se encuentra a años luz de lo que debería ser su papel en una sociedad democrática y libre.

La Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT) de Cuba esté en el punto de mira del proceso. Un artículo reciente en Granma de Ivette Fernández aporta algunas evidencias que merecen ser contrastadas. A tenor de lo expuesto, mucho me temo que la ONAT, lejos de convertirse en instrumento de promoción del trabajo por cuenta propia, pase a ser uno de los múltiples organismos burocráticos del régimen empeñados en poner zancadillas al proceso.

Para empezar, tiene una organización densa y extensa, prácticamente con sedes en todos los municipios de la Isla, y una dependencia provincial y estatal que genera una tórrida pirámide burocrática, para cumplir con su papel fundamental “la recaudación, control, fiscalización y cobro de los tributos e ingresos no tributarios que conforman el presupuesto del Estado”.

El artículo de Granma pone dos ejemplos de la complejidad que afrontan los contribuyentes para el pago de los tributos cuando acuden a las agencias de la ONAT y de los problemas de este organismo para funcionar de manera adecuada. El más importante se refiere a la relación con las oficinas bancarias. La situación es especialmente compleja fuera de la capital, a poco más de 30 kilómetros de ésta, en San Antonio de los Baños, donde se ha podido identificar un buen ejemplo.

Ni los contribuyentes saben lo que tienen que hacer, “enmarañados en una tonelada de papeles engorrosos que deben cumplimentar para pagar los distintos impuestos que recaen sobre su actividad, ni los bancos saben lo que deben hacer y cómo hacerlo, y todo acaba convirtiéndose en un caos”. La decisión de emprender por cuenta propia en el régimen castrista tiene que pagar, además, este alto precio por la independencia económica.

Es cierto que en Cuba puede faltar una cultura tributaria en la población, pero la responsabilidad es del régimen, que nunca ha querido apoyarse en un sistema económico similar al existente en otros países del mundo, sino explorar una suerte de aventura colectivista cuyo balance es el desastre actual de la economía. Por otro lado, las tecnologías informáticas de la banca estatal y monopólica en Cuba están a años luz de la de otros países similares, sobre todo para pagos como cargos en cuenta, lo que si bien es posible en algunas oficinas en la capital, se aleja de la realidad a sólo 30 kilómetros de distancia.

El uso del escáner, una tecnología bastante extendida en la mayoría de países del mundo, se ha ido introduciendo en oficinas de La Habana, pero esta posibilidad es irreal en entidades municipales que se encuentran a esa escasa distancia de la capital. El contribuyente en San Antonio de los Baños se ve obligado a “rellenar la misma cantidad de planillas que cosas a pagar: empleo de la fuerza de trabajo, cuota del mes, cartel promocional, arrendamiento, todo se vuelve muy engorroso. Como no están familiarizados con este procedimiento a veces deben duplicar sus gestiones porque el banco no acepta tachaduras. Entonces quien lo atiende, en correspondencia con las características del caso, puede demorar más de lo habitual”, citando textualmente el artículo de Granma.

El atasco en la gestión recae directamente sobre la ONAT. Una trabajadora de esta organización en San Antonio de los Baños, del departamento de atención al cliente, declaró a Granma que “precisa de sábados y domingos para adelantar todo el trabajo acumulado. Con casi 50.000 habitantes, el municipio tenía hasta el 25 de abril, 1.225 cuentapropistas. En proceso de inscripción, a finales del mes, se hallaban 1.117”.

A diferencia del caos de San Antonio de los Baños, el artículo de Granma se extiende en la otra imagen que ofrece la ONAT del municipio de Playa, en la capital. Allí los problemas de la tecnología bancaria parecen resueltos, sin embargo, el problema de la agencia es cómo dar atención e información adecuada sobre el proceso de trabajo por cuenta propia al número de personas que acuden en solicitud de información que cada día supera con creces la capacidad de empleados de la oficina. En Playa, donde el trabajo por cuenta propia parece prosperar, las cifras actuales en funcionamiento son elevadas, con 19.665 contribuyentes, de los cuales 4.957 se desempeñaban como cuentapropistas. No es extraño que este éxito atraiga a más personas a la experiencia.

La directora de la ONAT en Playa señala que “los primeros momentos fueron los más duros porque las disposiciones eran nuevas, tanto para el contribuyente como para los trabajadores de la oficina. Playa es uno de los municipios más grandes de la ciudad y aunque el personal no es suficiente y el número de solicitudes para ejercer por cuenta propia es alta, hemos reforzado la asistencia con personal de otras áreas", en lo que se podría calificar como un modelo de gestión más eficiente.

Estos dos ejemplos ponen de manifiesto que la ONAT tiene que jugar un papel más activo en el proceso que como mero recaudador de impuestos y agente de intercambio con el sistema bancario. En todos los sistemas democráticos, los ciudadanos tienen a las agencias tributarias a su servicio, facilitando al máximo sus obligaciones fiscales. Esa labor de información, orientación y ayuda debe ser una prioridad fundamental para los gestores, aunque suponga un gran esfuerzo de formación y capacitación.

Y sobre todo, si quiere alcanzar la legitimidad necesaria, no debe mantener por más tiempo las injustas diferencias que se denuncian en el artículo de Granma entre San Antonio de los Baños y Playa, porque eso no sólo es un ejemplo de ineficacia, sino que traslada a los ciudadanos una absoluta dejadez y una pésima calidad en la prestación de los servicios.

Tomado de:(www.miscelaneasdecuba.net).-

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