Réquiem por las UBPC (I)


Elías Amor Bravo  Economista ULC

El principal problema de la economía castrista reside en la naturaleza del modelo de planificación central sin propiedad privada. Eso que califican como “socialismo” y que los llamados Lineamientos tratan infructuosamente de “actualizar”. Para evitar lo que es obvio, el régimen ha utilizado denominaciones muy variadas para calificar lo que, en cualquier otro país del mundo, recibe el nombre de “empresa”.

En cualquier economía, excepto en la castrista, producir es una actividad social que se realiza por las empresas, que organizan el trabajo y el capital existente con una determinada tecnología, para vender con lucro los bienes y servicios obtenidos. La esencia del modelo es acumular beneficios. Nada malo hay en ello. Cuanto mejor se cumpla esa función social de las empresas, mayores niveles de prosperidad económica y material experimentan las sociedades. Cuando, como sucede en el régimen castrista, se pretende ir en dirección contraria, el caos está servido.

Y esto es lo que viene a exponer un artículo en Granma, titulado “Autonomía básica para la producción cooperativa”, en el que se plantea esta cuestión. Al parecer en los Lineamientos, y como parte de la actualización del modelo económico cubano, las autoridades se habían propuesto lograr una gestión más eficiente de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC) y “eliminar las ataduras que las frenaron durante años”.

Al parecer, los hechos confirman justo lo contrario. Creyendo que las cosas en una economía se arreglan a base de leyes y decretos, el Consejo de Ministros aprobó un grupo de medidas centradas en legitimar una autonomía que, en su concepción fundacional tuvieron esas unidades "en los papeles, pero pocas veces lograron en la práctica. Como si se tratase de un hecho histórico, el artículo señala que “figura entre éstas un Nuevo Reglamento General, publicado por la Gaceta Oficial Extraordinaria número 37”.

Pero no lo han conseguido. O tal vez, no era ese el objetivo. El régimen castrista no se ha caracterizado por el dominio de la gestión de la economía, pero nadie puede negar su capacidad para inventar cosas que, simplemente, no pueden funcionar. Es el caso de las UBPC, bien conocidas de los cubanos, porque vieron la luz en 1993, durante el denominado “período especial”, y su nacimiento respondió al eterno objetivo de “revitalizar el sistema agro productivo”.

Me propongo en tres trabajos consecutivos exponer el fracaso de la política económica del régimen castrista con las UBPC y la necesidad de apostar por su futuro con medidas distintas a las que se plantean en los Lineamientos.

El nacimiento de estas “empresas” se produjo a partir de la experiencia fallida del colectivismo comunista de las granjas estatales. Y tenían que cumplir, cómo no, varias funciones: “la vinculación del productor al área como incentivo laboral, la capacidad de autoabastecimiento de los trabajadores y sus familias, la correlación entre producción alcanzada e ingresos percibidos, y el desarrollo efectivo de la autonomía de la gestión”.

El “experimento” al parecer funcionó durante algún tiempo, pero en la economía castrista, los excesos se pagan, y alguien en algún departamento de la soñolienta burocracia debió entender, en algún momento, que tanta libertad y autonomía no era lo mejor para los objetivos de la “revolución”. Medidas como la imposición de planes y dirigentes, o el requerir en ocasiones la autorización de estas entidades que las atendían para pagos salariales escapaban de la ortodoxia estalinista que ha impregnado la esencia de la economía, y como consecuencia de ello, se puso en marcha un mecanismo que frenaba ese intento de mayor autonomía funcional, clave del éxito.

De ese modo, las UBPC entraron, como otros muchos experimentos, en crisis. En 1994, un año después de su constitución, existían en Cuba 2.519 UBPC y en la actualidad apenas alcanzan 1.989, la gran mayoría pertenecientes al sistema del Ministerio de la Agricultura (MINAG). En su conjunto, tienen en explotación un área de más de un millón 770 mil hectáreas, lo que representa aproximadamente el 28 % de la superficie agrícola del país. Y aquí viene la segunda parte, como consecuencia del excesivo dirigismo y la pérdida de autonomía, el 23 % de las tierras de las UBPC se mantienen ociosas, “un ejemplo claro de la subutilización de su potencial y, por consiguiente, de las bajas producciones registradas”, dice Granma.

Tomado de Miscelánea de Cuba, 12 de septiembre 2012

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