El proceso de unificación monetaria y la transparencia

Elías Amor Bravo, economista

Hay quien no se quiere dar por enterado. En economía, la ausencia de transparencia, la oscuridad no son buenos consejeros. Reducen la credibilidad de quien se comporta de esta guisa, y produce desconfianza.

Esto es lo que se observa en relación con la unificación monetaria en Cuba. Parece que se han olvidado. Nos llegan informaciones que la contabilidad de las empresas continúa estimándose con ese procedimiento aberrante que se llama “moneda total”, y que la gente se está acostumbrando a esperar. En definitiva, el proceso dirigido a la eliminación de la dualidad monetaria en la economía castrista, sin duda uno de los retos más ambiciosos del panorama de reformas raulistas, se mantiene en la más absoluta oscuridad, sin que nadie sepa cuando se va a producir la decisión final, ni de qué modo se va a realizar la integración entre el CUC y el CUP.

Los expertos sostienen que no hay que esperar mucho de esta medida. Más bien puede causar daños que perjuicios. La economía sigue sin estar preparada. Y lo seguirá mientras no se aborden las cuestiones institucionales y de base. Los cubanos se han acostumbrado a convivir con las dos monedas desde 1994, y la agilidad mental de los cambios está demostrada.  El que piense que la economía puede mejorar su funcionamiento con la unificación de las monedas, no va por buen camino. Por el contrario, integrar dos monedas que responden a esquemas de precios y rentas distintos, puede suponer un golpe definitivo sobre la expectativa de que los llamados “Lineamientos” tengan alguna posibilidad de mejorar la economía.  

La gradualidad que se anunció para el proceso ha dado lugar a la desesperanza y lo que es peor, la falta de información. Las empresas, en su totalidad, propiedad del estado, deberían estar preparadas para funcionar con CUP con nuevas normas contables, pero subsisten dudas sobre el alcance de las medidas y su aplicación efectiva por los responsables de las organizaciones.

Un ejemplo de esa falta de transparencia se encuentra en el misterio con que las autoridades se reservan el anunciado “día cero”, que ha provocado no pocas crisis de pánico hasta la fecha. La gente tiene miedo a perder poder adquisitivo, conforme todo se denomine en una moneda que se paga a razón de 1 por 25 la otra. Si los salarios no se incrementan en la misma medida, el poder real de compra de los cubanos caerá en esa medida cuando todos los artículos se denominen en la nueva moneda. Los que tienen CUC deberán cambiar a CUP sus tenencias. En principio, no parece que se vayan a ver especialmente afectados con la igualdad monetaria si el cambio finalmente se establece en 1 a 25.

Pero las autoridades se pueden ver tentadas a optar por una posición menos desfavorable a los cubanos que solo obtienen sus rentas en CUP (la mayoría de la población) y llevar el cambio a un nivel intermedio, de 1 por 12, por ejemplo. Si este fuera el caso, los titulares de CUC habrían perdido un 50% del valor de sus disponibilidades.  El conjunto de la población se enfrentaría a precios también elevados. Experiencias confiscatorias de este tipo se han producido en la economía castrista desde los tiempos lejanos y casi olvidados del Che Guevara. No hay motivo alguno para pensar que no vuelvan a las mismas andadas.

Sin abordar los cambios jurídicos e institucionales que necesita la economía cubana para homologarse al resto del mundo, varios problemas tendrán que afrontar las autoridades con la unificación monetaria.

Primero, abordar la notable diferencia de mercados, productos, bienes y servicios que existen actualmente entre lo que se compra en CUC y lo que se puede adquirir con CUP. La ventaja de calidad y de variedad de elección que se observa en los primeros, nada tiene que ver con los restos del racionamiento castrista de los segundos y los subsidios que se destinan a los mismos. Vamos a ver como resuelven esta situación en la que, por primera vez en décadas, se cuestionará la ausencia de mercado como instrumento de asignación de recursos en la economía.

Segundo, aunque el régimen ha dicho que no espera que se produzcan incrementos de precios de los productos para la población, es difícil que no se instalen procesos inflacionistas latentes en la economía, si no se dan los pasos previos, preceptivos, para la liberalización de los mercados de oferta, que permitan atender una demanda previsiblemente en aumento. La capacidad de compra global se verá afectada si se instala una secuencia de precios al alza, de complejas consecuencias sociales.

Tercero, la autorización experimental de los pagos en CUP en algunas zonas que hasta la fecha estaban restringidas a las divisas y el CUC, no ha dado los resultados previstos, y aunque es cierto que para la población ha supuesto mayores posibilidades de elección, la sorpresa ha sido comprobar que con CUP es muy limitado el conjunto de bienes y servicios que están al alcance. Solo aquellos que reciben remesas del exterior se han podido beneficiar de este proceso.

Cuarto, se ignora cuál es el papel que está desempeñando el Banco central de Cuba en todo el proceso. Una responsabilidad principal para el órgano emisor de moneda, que de este modo, pierde toda su autonomía de funcionamiento y se pone a disposición de las autoridades políticas, como viene sucediendo en otras tantas parcelas del régimen castrista. Al final,  subsiste el temor que esa actuación pasiva del Banco, unida a la ausencia de instrumentos efectivos de política monetaria para ejercer un control de la cantidad de dinero, lleve al régimen a expandir la circulación de dinero, con la emisión de billetes de mayor denominación, como se ha informado recientemente. Por medio de esta medida se estaría evitando el fenómeno llamado “carretilla de dinero” para cualquier pago, como el que funcionó durante la república de Weimar, cuando los alemanes tenían que pagar millones de marcos por una cajetilla de tabaco, por ejemplo.

Al final quedará una sola moneda el CUP. Al parecer ya existe un acuerdo político. Pero entonces, ¿se puede establecer una igualdad del CUP con el dólar o el euro como se viene realizando actualmente con el CUC? Las consecuencias que en determinadas economías de América Latina ha tenido el proceso de equiparación de sus monedas con el dólar, han sido desastrosas. En la década de los años 50 del siglo pasado, los cubanos vivieron una época de esplendor en la que el peso cubano cotizaba en los mercados mundiales por encima del dólar y pasaba a convertirse en moneda refugio. ¿Creen los Castro que la unificar el CUC con el CUP, cuando se les ocurra, van a conseguir esa misma equivalencia? ¿Es que acaso están pensando ya en el día después del embargo...?

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