Más libertad económica y menos organización, rigor y disciplina

Elías Amor Bravo, economista
 
Un artículo de hoy en Granma vuelve a plantear la preocupación que el régimen tiene con la evolución de la economía. Pueden estar preocupados. La situación no es buena. Aunque se empeñen en tratar de convencer a todo el mundo que el PIB creció en el primer semestre alrededor del 1,1%, después de haberse reducido un -0,9% en el año 2016, la economía cubana carece de instrumentos adecuados para afrontar la grave situación de la disponibilidad de divisas, combustibles y el nivel de las deudas bancarias, agravados por la agudización de la sequía, como se señala en el artículo citado.
Problemas que persisten en el tiempo y que siguen sin ser resueltos. 

Los desequilibrios internos (el déficit público imparable, por encima del 11% del PIB) y externos (el déficit en la balanza comercial por la escasa competitividad de la economía) arrastran a la economía a un círculo vicioso del que los responsables de planificación central no saben salir. Y luego resulta más fácil, como hizo Cabrisas hace unos días, culpar al turbulento entorno internacional, el bloqueo de EEUU o las deficiencias internas que lastran el desempeño económico de la nación, sin citar cuáles, de todos los males de la economía.

Frente a ello, y sin capacidad alguna de reacción, temiéndose lo peor para el resto del año porque el horizonte de Venezuela es incierto, al régimen solo se le ocurre insistir a los cubanos en el mismo mensaje raulista de siempre, convertido ya en una letanía bochornosa para cualquier sindicato que defienda los intereses de los trabajadores: “organización, rigor y disciplina” es un mensaje trasnochado de corte fascistoide, estalinista, totalitario, que parece arrancado de un manual de ciencia política de mediados del siglo pasado. Totalmente ajeno a la realidad moderna, cambiante y tecnológica avanzada del siglo XXI. Así es como está la economía cubana, y así es como están sus responsables.

Para ellos, los problemas son siempre los mismos. Que “si el proceso de desagregación del Plan llegó tarde a muchas entidades, mientras en otras no se tuvo en cuenta adecuadamente la participación de los trabajadores en los análisis económicos”. Muy importante. Sin duda, y citan el ejemplo, “al cierre de junio existían 213 solicitudes de modificación de planes, de las cuales el 33%, fueron por errores cometidos en el proceso de elaboración”. La pregunta es ¿acaso 58 años de planificación no son suficientes para hacer bien el trabajo? La economía de mercado no necesita tanto plan ni tanta rectificación y funciona mucho mejor. Hagan la prueba.

La insistencia de las autoridades en una “adecuada planificación de la economía y el cumplimiento de la organización de los recursos materiales y financieros” es agotadora. Además, “garantizar que los trabajadores sean parte de él de forma activa para asegurar en buena medida un desempeño exitoso” no es la mejor solución. Alternativamente, la fórmula es dar libertad y estímulos a los trabajadores, a las empresas, capacidades de gestión y toma de decisiones sin tanto corsés y límites, y todo funcionaría de forma muy diferente, y desde luego, mejor.

Otro ejemplo que llama la atención es la “utilización de los créditos comerciales”. La Asamblea Nacional fue informada que en el 2016 se cumplió al 85 %, y al cierre de mayo el empleo de estos recursos se estimaba en un 40,8%, prácticamente la mitad. ¿Por qué esta situación?
La economía cubana necesita financiación de forma urgente, porque sin liquidez no resulta posible ejecutar las inversiones que demanda el país. Cierto. Pero esa liquidez puede tener su origen en la asignación presupuestaria que se hace de año en año, y en lugar de dedicar mayoritariamente los recursos del presupuesto a gastos corrientes de consumo, se debería otorgar una mayor relevancia a las inversiones.

¿Qué se tiene que hacer entonces? No cabe otra posibilidad: contraer deudas que se tienen que pagar en plazo concreto. Las aventuras del pasado con el Club de París tocaron a su fin. Y para pagar las deudas comprometidas hay que dedicar el dinero a proyectos que resulten rentables económicamente. Botar el dinero a la basura en proyectos que solo contribuyen a realzar la decadente revolución, es no saber lo que se tiene que hacer. No se produce un óptimo aprovechamiento de los recursos financieros puestos a disposición de la economía, y como consecuencia de ello, los que prestan no vuelven a confiar su dinero a la economía cubana. El crédito se contrae y se pueden hacer menos cosas, y vuelta a empezar. Al respecto, la Asamblea Nacional constató que el plan anual de inversiones proyectaba a cumplirse en un 85%, superior al año anterior un 21%; pero habrá que tener en cuenta en qué se concentraron esos recursos.

Al final todo tiene que ver con la competitividad exterior de la economía y su incapacidad para generar recursos. Una vez más, las exportaciones que debían alcanzar los 506,6 millones de dólares, se han quedado prácticamente en 100 millones de dólares por debajo de lo planificado, un 20% menos. No deja de ser lamentable que este deficiente resultado venga provocado por la producción de azúcar, que se quedó por debajo del plan en un 14% (300.000 toneladas). Que alguien le pregunte a quién ya no está (Fidel Castro) por qué a comienzos de siglo XXI decidió enterrar para siempre el sector principal de la economía cubana, sin dar explicación alguna. Solo han pasado 15 años y ya se están viendo los resultados de una medida nefasta que, por desgracia, no tiene vuelta atrás, pero que si no se hubiera tomado, permitiría contar con unos recursos vitales para la economía.

El miedo al segundo semestre de 2017 seguirá. Granma lo expresa claramente al señalar que llegarán “tensiones sobre las que hay que continuar trabajando y profundizar en cada aspecto y decisión que se adopte”. Tal vez un buen momento para desprenderse de las ataduras de tanto plan incumplido y empezar a pensar más en las ventajas y oportunidades de la libertad de elección en economía. Las empresas cubanas necesitan pensar más en proporcionar servicios de calidad, abundantes y a buen precio, a los ciudadanos y menos en las prioridades de un Plan 2018 cuyas prioridades fundamentales vuelven a ser un canto al vacío.

En ese sentido, deberían prestar atención a los debates de la reunión de la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana que se están celebrando estos mismos días en Miami. De los contenidos de esas sesiones de trabajo de economistas cubanos comprometidos con su país, podrán obtener ideas, sugerencias e instrumentos válidos para evitar el desastre hacia el que la economía se dirige.

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