En torno al artículo de José Luis Rodríguez en Cubadebate

Elías Amor Bravo, economista
 
El pasado 18 de julio José Luis Rodríguez, que tuvo un papel muy importante en la dirección de la economía cubana no hace muchos años, publicó en Cubadebate un artículo titulado “La economía cubana: actualizando el 2016 y una primera mirada al 2017”. El artículo ofrece numerosas pistas para valorar la situación de la economía cubana. Es lo que me propongo en este post.

Antes de empezar, quizás vale la pena recordar que en el análisis de la Economía se puede decir cualquier cosa, en función del rigor que desee utilizar el analista, pero señalar en relación a la economía cubana que “luego de la caída de la economía en el 2016, en la que el PIB disminuyó un 0,9%, la economía cubana ha frenado el descenso y ha logrado un crecimiento de 1,1% durante el primer semestre del 2017”, para terminar concluyendo que “ha sido retomar la vía del crecimiento económico” me parece cuanto menos, arriesgado.

Ni cumplimiento del plan, ni vía de crecimiento. La realidad es que la economía cubana se encuentra estancada, un resultado que se obtiene del promedio simple de las dos tasas semestrales antes referidas, y con los motores de cola apagados o casi a punto de hacerlo, como se tendrá ocasión de exponer. Nada positivo, por cierto.

Todavía hay algunos que siguen creyendo que la economía cubana creció un 4,4% en 2016. Esta cifra, aunque es oficial, está ampliamente cuestionada por los datos pertenecientes a los distintos sectores y actividades en dicho ejercicio. En cualquier caso, aceptando ese 4,4%, el desplome del -1% al año siguiente apunta a una fuerte recesión, concentrada en un período de tiempo muy corto, que se ha querido explicar utilizando el argumento de “la caída del suministro de petróleo por parte de Venezuela”, uno de los motores de cola que se están apagando, y al que no conviene situar como un referente principal del crecimiento.

Es cierto que los barriles suministrados por Venezuela descendieron un 25% entre 2016 y 2015, una cantidad que se intentó compensar con envíos procedentes de Argelia y Rusia. Al mismo tiempo, la producción de petróleo cubana también bajó como consecuencia del agotamiento de los pozos. En ausencia de vías energéticas alternativas, como las no renovables, la coyuntura energética obligó a las autoridades a prepararse para lo que consideraban que podría ser un nuevo “período especial”.
Pero nada de eso ocurrió. Ni siquiera los efectos del Matthew, muy localizados a nivel territorial, provocaron el estallido social que se esperaba. Superada la deficiente coyuntura energética, trasladando el coste del ajuste a las empresas y no a la población, el otro motor de cola de la economía, el turismo, ofreció muestras de dinamismo.

Según datos oficiales, el número de visitantes creció un 13%, alcanzando 4.036.577, que generaron ingresos brutos que se aproximaron a los 3.000 millones de dólares.

¿Cabría interpretar que el turismo ya está actuando como un mecanismo compensatorio a la situación energética? Pero hay más que señalar al respecto.

Una de las asignaturas pendientes de la política económica comunista es la debilidad exportadora de la economía y su escasa competitividad internacional. Desde 1959, la dirección política de la economía cubana la ha llevado a convertirse en un país que carece de referencias en los mercados internacionales viéndose sometida a las tensiones de precios y los cambios en la composición de los mercados. No existe producto en el que Cuba pueda tener algún tipo de protagonismo. Ni siquiera con el azúcar, tras el cierre de ingenios decidido por Fidel Castro a comienzos del siglo XXI. En tales condiciones, lo único que le queda a los gestores de la economía cubana es observar lo que ocurre y tratar de pasar el mal rato de la mejor forma posible. Un modelo de actuación para la economía que no es positivo, desde luego.

Una forma de contrastar esa parsimonia, fruto de las subvenciones recibidas de la URSS durante décadas y el modelo estalinista imperante, es comprobar como la exportación de Cuba desciende desde 2015, afectada tanto por el descenso en los precios en los mercados mundiales como por los cambios de los volúmenes en los mercados. Esa tendencia a la baja ha continuado agravándose en 2016 y nuevamente se estima un descenso de las exportaciones de bienes del -13,7% a la espera del dato oficial.

Un buen ejemplo de esta situación se encuentra en la exportación de níquel, cuyos precios promedio en 2016 mostraron un descenso a nivel mundial, del -21,1% durante el año. En el primer semestre del 2017 los precios del níquel volvieron a caer un -7,3%. La realidad es que las previsiones no son favorables. Según el Banco Mundial, el precio promedio para el período 2018/2021 quedará situado en 11.903 dólares, un 13,4% superior al pronóstico de este año, pero será inferior al logrado entre 2014 y 2015, cuando llegó a 14.378 dólares.

Junto al descenso de los precios, la producción de níquel en Cuba se ha reducido en 2016/2017 por dificultades en las plantas productoras. Para el presente año se pronostica una producción de níquel más cobalto en torno a 54.500 TM, cifra inferior al nivel promedio de los últimos años situado en 56.000 TM. Menos ingresos a la vista.

El comercio exterior del azúcar tampoco ofrece un panorama alentador.

La que fuera primera potencia mundial de producción de esta mercancía, se ve obligada a aceptar los precios fijados en el mercado mundial del azúcar crudo, que además han registrado fuertes oscilaciones entre 2016 y primer semestre de 2017, mostrando una clara tendencia a la baja, aunque los pronósticos del Banco Mundial anuncian aumentos para el presente año y una cierta estabilidad en el horizonte de 2020, con un descenso moderado en el 2021. En estas oscilaciones, confluyen los efectos de una cosecha superior en Brasil y otros grandes productores, que se han orientado a la producción del azúcar crudo antes que al etanol, como consecuencia de los bajos precios del petróleo. En Cuba, decisiones de este tipo son impensables.

A nivel interno, los resultados son, si cabe, más decepcionantes. La zafra azucarera en Cuba descendió en el 2016 por debajo del plan, situándose en un 1.500.000 TM de azúcar aproximadamente, y en la zafra del 2017 otra vez se volvió a incumplir el plan –que preveía llegar a 2.100.000 TM-, para quedar situada 1.800.000 TM. En todo caso, cifras muy bajas que apenas permiten cubrir el consumo interno y que vuelven a mostrar lo lejos que está el sector del azúcar cubano de aquella mítica zafra que nunca se consiguió de los 10 millones.

Por otra parte, en las exportaciones de derivados del petróleo que constituyen un importante capítulo de ingresos para la economía castrista, pero que no aparecen reflejadas en las cuentas externas de la economía, otra vez la debilidad de los precios y sobre todo, la incertidumbre sobre su evolución, ha ejercido una vez más efectos perversos sobre las cifras previstas. Como consecuencia de ello, las cifras incorporadas en el plan no se han cumplido. Así, en el plan del 2016 se planeó exportar 558.000 TM por valor de 228 millones de dólares, mientras que en el 2014 se vendieron 532.000 TM por valor de 734 millones de dólares, lo que supone que en tan solo dos años los ingresos planificados por la exportación de derivados han disminuído un 68,9%. Para mayor gravedad, las previsiones de 2017 indican que no se producirá recuperación de los envíos de petróleo venezolano, por lo que la posible reexportación de derivados queda paralizada. Otro motor de cola que se apaga.

Este deficiente comportamiento del saldo externo del comercio de mercancías se traslada a un notable deterioro del saldo de servicios, con una reducción mayor que alcanzará un -28,6% entre el 2014 y el 2017. Es decir, la capacidad de obtención de divisas por la economía cubana se encuentra altamente comprometida, y ello, no significa otra cosa que dificultades de pagos y desequilibrios en las operaciones internas de la economía.

De los dos motores de cola de la exportación de servicios, uno parece funcionar bien en tanto que el otro se está apagando. La exportación de servicios de turismo muestra el mejor comportamiento entre los diferentes sectores de la economía.

Para el 2017 se había previsto un crecimiento del 4%, lo que llevaría el número de turistas a unos 4,2 millones. Sin embargo, el número de visitantes creció en torno al 22,5% al cierre del primer semestre del año, alcanzando 2.620.000 turistas, con un incremento significativo de ingresos en este período. Es hace que las estimaciones de turistas apuntan a que se puede alcanzar la cifra de 4.700.000 visitantes de mantenerse un crecimiento de 16,5% para el año, lo cual podría superar la cifra prevista en el plan un 11,9%. Y aquí coincido con la visión del autor que este crecimiento se podría considerar positivo para la economía si se corrigieran los efectos de mayor tensión en los servicios de apoyo y en los suministros que se derivan de la atención a un mayor número de visitantes.

Los ingresos asociados al turismo fueron de 1.500 millones de dólares en el primer semestre y se espera llegar a 2.755 millones al cierre del año a los ritmos previstos del número de visitantes.
La otra partida relativa a los ingresos por servicios –incluyendo la exportación de servicios de trabajadores cualificados- estima un descenso del -11,8% en el 2016 y del -8,5% en el 2017. Como consecuencia de ello, en 2017 los resultados de este capítulo de la balanza de servicios serían 30,4% inferiores al año 2013, que fue el ejercicio en que se obtuvieron mayores ingresos. Un descenso que representa en términos absolutos 2.920 millones de dólares menos en cuatro años. La contracción en los ingresos por servicios se encuentra directamente relacionada con la situación de Venezuela, y la situación económica del país, así como reducción prevista de los contratos de asistencia médica con el gobierno de Brasil, dada la situación política en ese país y declaraciones del propio gobierno al respecto. Un motor que lentamente se apaga.

Este análisis y los datos que lo sustentan, ofrece pocos motivos para el optimismo, de modo que la economía cubana no se encuentra atravesando un buen momento porque los motores de cola se encuentran paralizados o prontos a quedarse sin funcionamiento. En tales condiciones, el envío de remesas de las familias del exterior vuelve a ocupar un papel fundamental para el equilibrio de las cuentas externas, ya que la inversión extranjera a corto plazo no puede suplir los descensos de ingresos de trabajo cualificado, por ejemplo. Sin embargo, esas remesas canalizadas hacia el estado, se convierten en un instrumento para el sostenimiento del aparato de ineficacia del régimen, y vuelta a empezar.

Con todo, la falta de previsión de aquellos que están al frente del “plan” de una economía controlada centralmente en la que no existe libre empresa ni derechos de propiedad privada, vuelve a situar a la economía contra las cuerdas mermando sus capacidades que son muchas y muy interesantes. Seguiremos a la espera de ese segundo artículo de José Luis Rodríguez.

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