En torno al artículo de José Luis Rodríguez en Cubadebate (II)

Elías Amor Bravo, economista

Rodríguez prosigue con su análisis de la economía cubana en 2016 y 2017 en una segunda colaboración en Cubadebate, a la que prestamos atención en este post del blog.

En concreto, su atención se dirige a constatar el ajuste externo implementado por las autoridades, que “tuvo su traslación a la rebaja de los gastos en divisas del país, la no ejecución de nuevos créditos para cubrir el desequilibrio comercial y el ajuste en la asignación de portadores energéticos, manteniéndose la mayoría de las afectaciones ya registradas el pasado año”. Y que, “a pesar de todo esto, logró mantenerse la vitalidad económica y detener la caída de la economía”.

Sin duda, esa vitalidad económica quizás sea el punto más controvertido que, en ningún momento, se puede obtener de la descripción que realiza el autor.

Podemos comenzar por el análisis de los factores externos que están afectando el desempeño de la economía cubana. En ese sentido, las importaciones de bienes disminuyeron -10,4% en 2015 cuando el plan de 2016 había fijado un aumento del 6,9%. Otra vez más, discrepancias entre lo planeado y la realidad que enmarañan el análisis a realizar. Señala Rodríguez que en todo caso, y tomando en consideración los distintos ajustes aprobados por la Asamblea nacional el 8 de julio de este año, finalmente se pronosticó una disminución de -3,3% en 2016, pero la caída de un -11,7% fue incluso superior. Para 2017 se ha planeado un ligero aumento del 5,5%. Sin embargo, como señala Rodríguez, “al cierre del primer semestre de este año se reportaba un incumplimiento mayor en las importaciones, que alcanzaría 1.500 millones de dólares al finalizar el 2017, lo que equivale al 9% de reducción sobre las previsiones para el año”.

¿Dónde está la vitalidad económica detrás de estos datos?

Rodríguez afirma que la reducción de las importaciones de bienes está vinculada a la caída de los ingresos externos, que al finalizar el primer semestre, disminuyeron en 417 millones de dólares sobre lo planificado. Sin embargo, esto solo esconde una parte de lo ocurrido ya que detrás de esas menores compras al exterior, de las que depende la economía cubana para funcionar, lo que se constata es un clima de recesión y crisis profunda que las autoridades del régimen se empeñan en no reconocer, aportando cifras que se quedan muy por encima de lo realmente ocurrido. A la vista de lo sucedido, la cifra oficial del -0,9% del PIB en el segundo semestre de 2016 se nos antoja ciertamente optimista. La realidad es que la economía no crece. Está atravesando dificultades coyunturales que se ven agravadas por el marco estructural jurídico y administrativo que simplemente no funciona.

Rodríguez atribuye el fuerte retroceso de las importaciones a “dificultades en la utilización de los créditos; limitación en las asignación de liquidez; deudas por cartas de crédito vencidas y no pagadas, así como deficiencias en el proceso de contratación”, aspectos que fueron presentados en el informe de la Asamblea Nacional del,pasado 14 de julio y aprobados sin discusión. Un buen ejemplo de ello es la dinámica de los créditos comerciales previstos (créditos a 360 días), que han experimentado un descenso notable alcanzado a finales de mayo solo el 40,8% de lo planificado. Esa baja contratación de créditos tiene mucho que ver con la parálisis de la actividad interna, que incide, igualmente, en la capacidad de la economía para generar ingresos en el exterior.

El análisis de las importaciones por tipos de bienes no deja lugar a dudas de la escasa vitalidad de la economía cubana. Un ejemplo, los lineamientos no se cansan de proponer la sustitución de importaciones de alimentos por producción nacional. Pues bien, en 2016 ha ocurrido justo lo contrario. Rodríguez señala que la importación de alimentos se benefició de la disminución de los precios por 218,7 millones de pesos, lo que permitió incluso cubrir el incremento en importación de alimentos dejados de producir en el país por 111,6 millones de pesos. Los lineamientos se quedan a la vista de estos datos en “papel mojado”. Rodríguez advierte que las importaciones de alimentos alcanzarán 1.167 millones de dólares en 2017, lo que está reflejando un aumento de precios del 10% entre mayo del 2016 y del 2017, con lo cuál, se importan más alimentos y además se deben pagar más caros. La pregunta inmediata es ¿qué está pasando en la producción de alimentos de la agricultura cubana?¿de qué vitalidad se está hablando cuando la agricultura no produce lo suficiente?

Con los combustibles, ocurre lo mismo en relación a los precios de compra, que en 2016 fueron inferiores al año anterior, pero en este caso se produjo una disminución en la entrega por parte de Venezuela, motivada por las difíciles condiciones que atravesaba la economía y los acontecimientos bien conocidos. Disminución que no pudo ser compensada con las compras realizadas a otros países como Argelia o Rusia que exigen al régimen castrista unas condiciones de pago distintas a las que ofrece Venezuela.

En este sentido, la Asamblea nacional del 8 de julio acordó los ajustes energéticos, y así el plan de consumo de combustibles situado en 8.221.600 TM para el año, se debía reducir a 7.862.070 TM, con una disminución de 369.530 TM equivalente al 4,4% del total. Por su parte el plan relativo a consumo de la electricidad también se ajustó a la baja pasando de 15.310 GWH a 14 523, en total 786,68 GWH, equivalente al 6% del consumo previsto. La situación en los primeros meses de 2017 está lejos de haber mejorado, ya que la exportación venezolana de petróleo a Cuba disminuyó un 13% durante el primer semestre para promediar 72.350 B/D.

Rodríguez analiza igualmente el cumplimiento de los compromisos en el pago de la deuda externa, previamente renegociada y por un valor de 2.306 millones de dólares durante los primeros seis meses del actual año. Con respecto a la deuda vieja con accionistas extranjeros en las empresas mixtas, se procedió a la reordenación de 440 millones de dólares. Con estas cifras de deuda en curso, los temores sobre el cumplimiento de los pagos por una economía que cada vez obtiene menos ingresos del exterior van a ir en aumento y los acreedores, en algún momento, darán muestras de pérdida de confianza más allá de los indicadores al uso. Además, con tales niveles de deuda viva, no cabe duda que la capacidad importadora del país, se verá considerablemente mermada.

En términos de los flujos financieros externos, se constata que la inversión extranjera registra ritmos inferiores a lo requerido, acumulándose en los últimos dos años 1.346 millones de dólares. Rodríguez señala que es necesario dar una mayor agilidad a la tramitación de proyectos. Se estima que Cuba necesita alrededor de 3.000 millones de dólares al año de inversión extranjera para afrontar sus necesidades de liquidez, los resultados obtenidos hasta ahora está a años luz.

Un apartado interesante tiene que ver con el análisis de los tipos de cambio. A pesar de que ni el CUP ni el CUC cotizan en los mercados, Rodríguez destaca que se han venido registrando afectaciones financieras como consecuencia de fluctuaciones en las tasas de cambio. El hecho que el CUC se encuentre relacionado con el dólar de EEUU, y que esta moneda haya experimentado durante 2016 un proceso de fortalecimiento, trajo consecuencias negativas para Cuba. De ese modo, la pérdida registrada en el euro y el dólar canadiense a resultas de estos procesos, alteró el poder adquisitivo de los turistas procedentes de estos países cuando visitan la isla, constatando una menor capacidad de pago. Hechas estas consideraciones, Rodríguez apunta que durante el primer semestre del 2017 el euro se apreció un 7,8% y el dólar canadiense lo hizo un 3,5% y que ambas tendencias resultan favorables para el turismo que viaja a Cuba procedente de estos países.

Rodríguez destaca la necesidad de prestar atención a la fuerte devaluación que está sufriendo el Bolívar fuerte venezolano (BF) y su impacto en las relaciones de intercambio con Cuba. En 2017 se ha pronosticado otra caída del 7,2% en el PIB de Venezuela, mientras que el BF se había depreciado ya hasta cotizarse a 7.781 unidades por cada dólar al cierre de junio de 2017. Datos que para el autor merecen una especial atención por parte de las autoridades ya que en el escenario económico actual tiene poco interés para Cuba una excesiva vinculación económica y financiera con Venezuela.

Por último, en este trabajo Rodríguez analiza las medidas recientemente adoptadas por la administración de EEUU sobre su eventual repercusión sobre el turismo, mediante la restricción de los viajes de norteamericanos a Cuba, así como la eventual prohibición de cualquier tipo de negocios con las empresas calificadas por Estados Unidos como “en mano de militares”, con especial incidencia en la cadena hotelera Gaviota y al impulso que la misma viene dando a las inversiones en el sector. El autor destaca que especialmente dañino puede ser el efecto que pudiera registrarse en terceros países si los mismos perciben que hay una elevación en el riesgo de hacer negocios con Cuba, especialmente en lo referido a la inversión extranjera directa. La realidad es que, desde comienzos de 2017, la calificación de Cuba como país de alto riesgo (calificación CCC) es un elemento que condiciona cualquier proyecto en la isla al margen de lo que supongan las relaciones con EEUU.

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