El comercio electrónico en la economía castrista y la ciencia ficción

Elías Amor Bravo, economista

Y luego dicen que todo es culpa del embargo o del bloqueo. Resulta que desde julio de 2016, hace poco más de un año, en Cuba se está realizando “una prueba piloto” que tiene como objetivo incorporar en tiempo real el pago de transacciones entre los bancos comerciales y los clientes, además de otros servicios. Es decir, desde hace un año en Cuba se está ensayando el comercio electrónico.

Cuando la mayor parte de los ciudadanos de los países de su entorno ya realizan de forma continua operaciones de comercio online, los cubanos asisten sorprendidos a lo que Granma llama “prueba piloto”. Casi como si adentrarse en el uso de las modernas tecnologías de la información y las comunicaciones fuera una aventura de ciencia ficción para los dirigentes de la economía estatal en la que continúan proscritos los derechos de propiedad.

La noticia confirma el evidente retraso de Cuba en la aplicación de esta modalidad de comercio. Bueno, retraso que es sólo para los cubanos. Al parecer, un directivo del Centro Principal Tecnológico Postal, del Grupo Empresarial Correos de Cuba (GECC), que participa en la prueba piloto, explicó que desde hace algún tiempo ya se realiza el comercio electrónico en Cuba, "aunque ha estado enfocado al sector internacional". ¿Cómo no? Los extranjeros siempre primero y por delante. Para los cubanos, la iniciativa se concreta en crear grupos de trabajo para revisar los resultados de la prueba piloto, rectificar los posibles errores y luego ya se verá. ¿Qué mas da? Así llevan 58 años y jamás ha pasado nada.

La idea que llevan quienes están detrás de esta prueba piloto es que los usuarios del servicio dispongan de una tarjeta bancaria activa y una tarjeta de telebanca activa. Casi nada. En un país en que el sistema bancario, propiedad del estado comunista, actúa como una caja de doble entrada con un notable retraso en sus procedimientos de atención al público, se antoja que estos requerimientos los cumplirá un porcentaje muy limitado de población.

El directivo de Correos entrevistado por Granma habla de "cambio de mentalidad de la población y calidad del servicio" como condiciones para el éxito. Si me permite, yo creo que, además de ello que es muy importante, se necesita empoderar al consumidor cubano, darle confianza, sacarlo de esa bolsa de sumisión a la dieta racionada y controlada del estado, y permitirle elegir con total libertad lo que quiere consumir. En suma, libertad de elección. Algo muy simple, y a la vez muy complejo. No hay mercado posible sin estos instrumentos, por mucho comercio electrónico que se pretenda consolidar.
Además, tienen que haber productos y servicios para ser comercializados y algo en lo que nadie está pensando en esta prueba piloto, quién se va a encargar de llevar la compra del centro de venta al hogar de quien participa del comercio electrónico. La logística en Cuba no está para este tipo de alardes, y que conste que considero que Correos podría cumplir dicha función, pero serían necesarios cambios de envergadura para ello.

Los cubanos tendrán que esperar para hacer compra online en Cuba. No me cabe la menor duda. Antes podrán comprar por internet productos y servicios de plataformas web de España o Miami, que en Cuba. Tiempo al tiempo. Se comprende fácilmente. El país todavía se encuentra aturdido por la dependencia de la tristemente célebre “libreta de racionamiento”, así que la compra de productos o servicios online se antoja como una práctica para los nuevos ricos y los altos dirigentes del partido, que nunca han escatimado en gastos a la hora de mostrar las enormes, e injustas desigualdades sociales que existen en el país. Además, un mercado muy limitado.

Los cubanos asisten sorprendidos a una “prueba piloto” más, para saber cómo se puede comprar desde el hogar que tiene internet (y conviene recordar que la penetración de la red sigue siendo muy limitada por el proveedor único Nauta) con comodidad y utilizando solamente un teléfono celular y las plataformas web para el comercio electrónico.

Por suerte, los cubanos saben de la existencia de estas facilidades porque sus familiares en el extranjero les hablan de prácticas habituales para ellos. Pero en Cuba, adentrarse en las condiciones actuales en el comercio electrónico suena más a una aventura propagandística del régimen que a una necesidad concreta de una población que sigue consumiendo horas en la búsqueda de mercados en los que proveerse con éxito de los alimentos del día a día. Pasar de esa dura realidad cotidiana, a comprar o vender bienes y servicios utilizando medios electrónicos como Internet parece un viaje en el tiempo difícil de realizar con las infraestructuras existentes en la economía y su deficiente sistema económico.

La misma nota de Granma informa que actualmente existen unos 900 cajeros automáticos a lo largo de toda la geografía nacional y 4 millones de tarjetas magnéticas en el sistema. No es por comparar con España, donde existen más de 15.000 cajeros y cerca de 150 millones de tarjetas. Las cifras de Cuba dan unos resultados percápita de tecnologías bancarias de los más bajos del mundo que confirman el atraso histórico de la economía.

Las autoridades han señalado que durante la fase piloto se identificaron algunos aspectos que tienen que ser mejorados en la operatoria del sistema, como la identificación y despliegue de las medidas de seguridad en los ambientes de los bancos que interactúan con la pasarela. Sin embargo, nadie fue capaz de aclarar cuándo se prevé que el servicio esté generalizado y normalizado. Tal vez, nunca. Es cuestión de esperar.

E insisto, el problema no es tener los bancos preparados, las tarjetas,la seguridad y demás majaderías. Lo que importa es que haya algo que vender y comprar libremente. Que alguien lo transporte con prontitud y eficacia. Y eso, hoy por hoy, falta.



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