¿Qué hace el BCC jugando con las criptomonedas?
Elías Amor Bravo, economista
De risa. Ya no saben qué hacer para entretener los tiempos muertos, que, al parecer, son muchos. Con la economía en situación de crisis
humanitaria y perdidos todos los equilibrios interno y externo, el Banco
Central de Cuba se lanza a un juego peligroso y concede autorización a diez
empresas cubanas (nueve mipymes y una empresa mixta con una licencia de un año,
prorrogable esta última, previa solicitud) para que usen criptomonedas en pagos
al exterior.
El grupo de empresas autorizadas está compuesto por: Dofleini (dedicada a la Informática); La Calesa Real y El Asadito (ambas de Gastronomía); La Meknica (Transporte); Ingenius Tecnologías (Soluciones informáticas); Dasqom Surl (Programación informática); Pasarela Digital Surl (Soluciones digitales); Cema Soltec (Tecnología de la información); Ara (Servicios informáticos) y la Empresa Mixta Productos Sanitarios S.A. Prosa, de la Industria Ligera.
Una breve nota en la prensa estatal del 23 de marzo da
cuenta de esta noticia, ya que por primera vez en la historia financiera del BCC, la entidad ha autorizado que un grupo de empresas cubanas comience a usar
criptomonedas en sus pagos al exterior. Al parecer, creen que al hacerlo así se
facilita la realización de transacciones internacionales en un contexto de
restricciones financieras, además de abrir espacios para la innovación
tecnológica en mipymes. Desde luego, no van bien encaminados.
Por otro lado, la autorización por parte del BCC para operar con criptomonedas
implica asumir determinadas condiciones que limitan notablemente el espectro de
la gestión. De un lado, solo se podrán realizar pagos transfronterizos
vinculados al objeto social de cada entidad. De otro, las operaciones se
registrarán, exclusivamente, a través de proveedores de servicios activos
virtuales (PSAV) con licencia del Banco.
Las entidades acogidas a la autorización para operar con criptomonedas pertenecen al ámbito de la Informática y las soluciones digitales, y deberán rendir informes trimestrales al BCC, en los cuales se detallen los importes realizados, las criptomonedas usadas y los PSAV intermediarios, de acuerdo con la publicación.
La noticia causa cierta sorpresa. No tanto por el momento
elegido, de grave crisis humanitaria, sino porque se tiene la impresión de que,
en el régimen castrista, y en su caso el BCC, no tienen ni idea de qué son
estas criptomonedas y que consecuencias tienen.
Conviene recordar que las criptomonedas son un tipo de
dinero digital que existe únicamente en internet y que utiliza tecnología
criptográfica para garantizar seguridad, transparencia y control
descentralizado. Nada que ver con la planificación central de la economía y el
intervencionismo económico trasnochado que rige en la economía comunista de
Cuba. Dicho de otro modo, las criptomonedas son la antítesis del control económico que establece el régimen.
Las criptomonedas funcionan gracias a una tecnología llamada
blockchain (cadena de bloques) y garantizan que cada transacción se registra en
una “cadena” pública que está distribuida en miles de ordenadores y como
consecuencia de ello, es muy difícil de falsificar o manipular. Y habría que añadir, transparencia y rigor como elementos fundamentales de las transacciones.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que, a diferencia del
dinero tradicional (como el peso cubano, el euro o el dólar), las criptomonedas
no dependen de los bancos centrales. Si estas entidades encargadas de la política
monetaria no tienen competencia en el ámbito de las criptomonedas, ¿Qué hace el
BCC metiendo sus narices en las autorizaciones y las operaciones?
Existen tantas diferencias entre las criptomonedas y el dinero
oficial que cualquier revisión comparativa de ambas permite apreciar que se
trata de cosas muy distintas.
De modo que el dinero oficial, por ejemplo, guarda relación
con el control estatal, a través de la política monetaria, su uso está regulado
y eso le proporciona cierta estabilidad y reconocimiento, y como consecuencia
de todo ello, goza de confianza institucional.
Las criptomonedas, por su parte, no están controladas
centralmente por una institución oficial, presentan niveles de volatilidad muy
elevados, carecen de regulación y la confianza viene dada por la tecnología,
operando a través de redes descentralizadas, las cadenas de bloques, que
facilitan las transacciones entre los usuarios.
Precisamente, por todo ello, aunque los bancos centrales
carecen de competencias con respecto a las criptomonedas, no las ignoran, sino
que actualmente desarrollan actuaciones para lograr cierto acercamiento, sabiendo
que trabajan en espacios diferentes. Por ejemplo, se desarrollan CBDC (monedas
digitales oficiales), como el posible euro digital del BCE y pujan por regular
el uso de criptomonedas, que se contempla a la vez como riesgo y oportunidad.
Teniendo en cuenta estas características de las
criptomonedas, el BCC ha autorizado a diez empresas a realizar pagos internacionales
con las criptomonedas y esta decisión entraña riesgos. Y si bien es cierto que pueden ser una alternativa real para pagos
internacionales, sobre todo cuando se realicen operaciones con países que
tienen sistemas bancarios limitados, no lo es menos que se requiere cuidado y
conocimiento. Hay varios factores que
justifican esta consideración.
En primer lugar, está la elevada volatilidad de las criptomonedas,
lo que implica que su valor puede cambiar mucho en el muy corto plazo. Esto
obliga a utilizar en las transacciones internacionales las stablecoins, como
USDT ligadas al dólar, un tipo de criptomoneda diseñada para mantener un valor
estable, normalmente vinculado a una moneda tradicional como el dólar (1
stablecoin ≈ 1 USD). A diferencia de criptos como Bitcoin, que pueden subir o
bajar mucho de precio, las stablecoins intentan evitar esa volatilidad, pero el
acceso a las mismas es limitado.
En segundo lugar, la regulación, derivada del hecho de que
algunos países limitan o prohíben el uso de las criptomonedas. No deja de ser
curioso que China, uno de los principales socios del régimen comunista cubano, prohíba
las criptomonedas desde 2021.
En tercero, los posibles errores irreversibles, derivados de
que cualquier envío de dinero que se realice a una dirección equivocada, no se puede
recuperar.
En cuarto, los efectos de la adopción limitada, derivados de
que no todos aceptan pagos en cripto. Una vez más, China, pero se añaden a esta
lista de países que no aceptan pagos Turquía, Marruecos y Egipto. Asimismo, en
Nigeria, India e Indonesia existen restricciones muy fuertes.
El BCC debería andar con cuidado con este juego de las criptomonedas
como medios de pagos internacionales. El régimen castrista nunca ha
desarrollado una política responsable en sus transacciones internacionales y,
como consecuencia, tiene cerrado el acceso a la financiación. Facilitar ahora a
determinadas empresas operar con criptomonedas para realizar sus pagos internacionales es
abrir una puerta sin cerrar otra, que no admite más dilación. La responsabilidad
es del BCC pero luego lo negará.
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