Los problemas con las energías renovables en Cuba

Elías Amor Bravo, economista

Bien está que los comunistas cubanos hayan descubierto la importancia de aprovechar todas las fuentes de energía renovables. Han vivido del suministro gratuito de petróleo soviético y venezolano durante demasiado tiempo, y se han olvidado de lo único importante.

Pero en el régimen subsisten las dos cabezas de la hidra castrista, que sigue siendo el principal obstáculo para los cambios que se necesitan ya mismo para salir de la grave crisis humanitaria. Un buen ejemplo lo tenemos en la prensa estatal comunista.

Mientras que el ministro de exteriores se desgañita en X diciendo que “Cuba tiene derecho pleno a comerciar combustible con cualquier país, sin trabas, condiciones ni cuestionamientos contrarios a la libertad de comercio internacional y que todo país tiene derecho a exportar combustible a Cuba y a desarrollar relaciones comerciales, sin la interferencia de una potencia ajena”, Díaz Canel organizaba una reunión para presentar los resultados del trabajo conjunto entre universidades del país y el Ministerio de Energía y Minas para aprovechar recursos y tecnologías disponibles para la generación de energías a partir de las fuentes renovables.

Esta reunión fue cubierta por la prensa estatal, de modo que se puede saber algo de lo que se habló en la misma. En esencia, se presentaron una serie de proyectos de ciencia e innovación (ya se sabe, los temas de la tesis doctoral de Diaz Canel) relacionados con las fuentes renovables de energía y dirigidos al aprovechamiento de recursos y tecnologías disponibles.

La prensa estatal ensalza con rancio triunfalismo estos proyectos, y los califica de “iniciativas con capacidad de brindar en el corto plazo soluciones eficientes”, como la producción de calor, y destacan que han implicado al Ministerio de Energía y Minas (Minem) y el Ministerio de Educación Superior (MES), dentro del llamado Grupo Nacional de Universidades para las Fuentes Renovables de Energía y la Eficiencia Energética (GNUFRE).

Este grupo fue creado en 2019, con la participación de siete universidades, pero realmente su origen arrancó en 2014, a partir de uno de los tantos programas económicos del régimen, la denominada “Política para el desarrollo perspectivo de las Fuentes Renovables y el uso eficiente de la Energía hasta el 2030,” de la que ya entonces, en un entorno muy distinto al actual, se hablaba en el régimen comunista. Han transcurrido 12 años y ahí están los resultados. Nada. Y ahora, como siempre, hay que actuar, y a toda velocidad, sin reparar en gastos.

Llegados a este punto, ¿de qué proyectos se habló en el citado encuentro?

En primer lugar, de lo que se definió como “la explotación de revolucionarios proyectos de biogás, a partir de los potenciales que brindan los residuales porcinos, los ganaderos y los industriales”. El denominado Proyecto Martí, primera experiencia de producción de biometano para transporte, con base en biodigestores de laguna tapada. Tal vez podrían haber pensado en otro nombre.

Después se habló de otro proyecto de biogás de Managuaco, una red para el uso doméstico de este combustible a partir de residuos ganaderos distribuidos con un biodigestor cubano. También del proyecto demostrativo La Pastora, un sistema de tratamiento de residuos convertido a biodigestor híbrido cubano con membrana de caucho y del proyecto de recuperación del biodigestor del central Heriberto Duquesne.

Tanto embullo de los castristas con el biogás no debe hacer olvidar a los responsables del régimen de que esta fuente energética tiene una serie de problemas que merecen ser tenidos en cuenta, antes de lanzarse a una piscina sin agua.

Estarían los problemas ambientales, asociados a las emisiones de metano, componente principal del biogás, y que tiene un efecto invernadero muy peligroso. En caso de fugas durante la producción, no solo pueden surgir problemas de malos olores, sino que puede haber consecuencias peores. Además, el residuo final, el digestato, puede contaminar los suelos y las aguas si no se realizan las inversiones en infraestructuras necesarias.

También hay problemas técnicos, derivados del mantenimiento complejo de las plantas, que requieren un control constante de temperatura, pH y condiciones anaerobias. Está el problema de la rápida corrosión, porque el biogás contiene sulfuro de hidrógeno, que puede dañar tuberías y equipos. Y, por último, la producción es variable, y depende del tipo y cantidad de materia orgánica disponible.

Los problemas económicos no son menores. Se exige una elevada inversión inicial porque las plantas de biogás son costosas, lo que implica una rentabilidad limitada que puede depender en exceso de subsidios, de la escala del proyecto o de los precios coyunturales de la energía. Los costes de operación son igualmente muy elevados, incluyendo mantenimiento, transporte de residuos y tratamiento del gas.

Los analistas señalan, igualmente los problemas logísticos, asociados a la disponibilidad de materia prima, ya que se necesita un suministro constante de residuos orgánicos, lo que exige servicios de transporte eficientes y continuos para dar traslado a los residuos de forma eficiente. Y luego está la cuestión de dónde ubicar las plantas, que no solo deben estar cerca de fuentes de residuos, sino también lejos de zonas residenciales por olores.

Los problemas de rechazo social que existen en otros países democráticos hacia estas plantas de biogás pueden ser descontados en la dictadura castrista, porque el pueblo tiene nulo poder de influencia en las decisiones políticas, pero habría que modificar numerosas leyes y regulaciones del régimen para definir nuevas regulaciones ambientales y sanitarias, lo que puede complicar su implementación.

Y, por último, los problemas de eficiencia derivados del bajo rendimiento energético de las plantas de biogás comparado con combustibles fósiles y las necesidades de purificación, ya que, para su uso como biometano, el biogás debe ser tratado, lo que aumenta costes.

También se habló en la reunión de Díaz Canel de una serie de proyectos de biomasa forestal (astilla y pellets) que incluye el desarrollo de la cadena de valor y el mercado de los biocombustibles sólidos para su uso en hornos, la cocción de alimentos, la producción de materiales de la construcción y la generación de vapor de proceso. Al respecto se indicó que, con base en el Atlas de Bioenergía que se dispone en el país y la experiencia en la utilización de quemadores de biomasa en hornos, como lo que se hace actualmente en molinos de arroz, “se trabaja, entre otras acciones, en la definición y elaboración de una norma que disponga de incentivos que estimulen la participación de los potenciales actores de esta cadena de valor”.  

Una vez más, no se tuvieron en cuenta los problemas asociados a esta fuente renovable, la biomasa forestal en concreto, como los ambientales, derivados de una eventual deforestación y sobreexplotación, con la pérdida de bosques y biodiversidad. No conviene olvidar las emisiones contaminantes, ya que su combustión emite CO₂, partículas y otros contaminantes. A ello hay que añadir la pérdida de biodiversidad y la degradación del suelo, con la reducción de nutrientes y materia orgánica del suelo.

Los especialistas destacan problemas de salud derivados de la contaminación del aire derivados de la quema de biomasa que genera partículas finas (PM2.5), asociadas a problemas respiratorios. Además, no siempre neutra en carbono ya que el CO₂ liberado puede tardar décadas en compensarse con el crecimiento de nuevos árboles.

Y también los problemas técnicos, derivados de una baja densidad energética, porque ocupa mucho volumen comparado con combustibles fósiles o la humedad variable, que reduce la eficiencia energética y dificulta la combustión. Y otro tanto cabe señalar de la necesidad de procesamiento, con un astillado, secado y almacenamiento adecuados.

Los problemas logísticos no son menores, derivados del coste de transporte por su volumen y peso, implica que mover biomasa no es eficiente a largas distancias. También es complicado el almacenamiento, porque la materia prima puede degradarse, generar hongos o incluso riesgo de incendio.

Y los problemas económicos, asociados a unos elevados costes de recolección y transporte, la eventual dependencia de subsidios en muchos casos para ser competitiva y la inestabilidad del mercado porque el precio depende de la disponibilidad local.

También hay problemas sociales y de sostenibilidad. Los primeros asociados a conflictos de uso del suelo, por la competencia entre uso energético, conservación y producción maderera y una eventual gestión forestal deficiente derivada de la ausencia de control adecuado de la explotación. Los problemas de sostenibilidad se producen porque no siempre es una tecnología renovable si la extracción supera la regeneración del bosque y a gran escala puede tener efectos ambientales significativos.

Igualmente, se habló del proyecto Caña de Azúcar, encaminado al desarrollo e implementación de un nuevo modelo tecnológico y de negocios para la industria azucarera para la generación de electricidad base, flexible y sostenible de la transición energética a partir de los excedentes de electricidad.

Esta industria que podría ser autosuficiente en términos del combustible a partir de biometano y alcohol y aportar combustible para el transporte automotor no electrificable; y, además, producir una parte del alimento animal necesario para incrementar de forma soberana la producción de carne en el país. Nada que añadir, salvo que este tipo de proyectos ya estaban en la mente y los planes estratégicos de los productores azucareros cubanos en la década de los años 50 del siglo pasado.

Y esto fue lo que dio de sí la reunión de cerca de una hora, en la que, al final, Díaz Canel intervino para felicitarse por el cúmulo de experiencias, de conocimiento muy bien situado, que existe. Pero al mismo tiempo, añadió en clave críptica que “para avanzar en su generalización es necesario lograr una mayor integración”.

¿A qué se refiere Díaz Canel con este mensaje dirigido al colectivo de científicos y técnicos? Cualquiera sabe, pero no cabe la menor duda que el horno no está para panes, y que la urgencia energética es la principal amenaza que se cierne sobre el régimen comunista. Que está muy bien marear la perdiz, y perder el tiempo con este maremágnum de proyectos más o menos viables, pero la urgencia está ahí.

No hay, ni habrá, suministro de petróleo gratis de Venezuela, ni de ningún otro sitio, y hay que ir a los mercados mundiales a pagar el precio como cualquier país. Nadie tiene el menor interés de actuar como donante gratis a quien tiene muy difícil agradecer nada. Diaz Canel lo dijo a los científicos “hoy las dos prioridades son los alimentos y la energía, y ambos están íntimamente relacionados”. El aprovechamiento de las fuentes renovables de energía está muy bien, lo mismo que esa integración de todas las iniciativas planteadas, pero el problema energético y la crisis de la economía cubana no permiten perder más tiempo. Algo hay que hacer en el menor tiempo posible. Recordar que las prisas nunca fueron buena cosa en ningún momento.

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