El estado de la economía cubana en el primer semestre de 2026
Elías Amor Bravo, economista
Poco a poco se van conociendo indicadores que permiten
identificar el estado de la economía cubana en el primer semestre de 2026. Un
momento de especial importancia, que coincide con la publicación del relato
triunfal de las 176 “transformaciones”, y las últimas reflexiones de Díaz Canel
ante los miembros del sindicato único, reunidos en su congreso, afirmando que
Cuba siempre será socialista, que no habrá retorno al capitalismo y que las
transformaciones son “económicas” pero, sobre todo, “sociales”. La preocupación
viene de este inusitado choque de trenes, que indica una clara división dentro
del régimen comunista, que no es lo más necesario en momentos como el actual.
Y es que no se puede jugar con la economía cubana. No tiene
justificación calificar de trascendentes unas medidas, para luego dar marcha
atrás. Que actuar de este modo indica irresponsabilidad, pero también dudas y,
sobre todo, división dentro del partido y del régimen. Que unos quieren unas
cosas, y otros, otras y que no se ponen de acuerdo. Y al final, cuando el
gallinero esta revuelto, es imposible determinar el alcance de cualquier
medida, instrumento, política o iniciativa. Luego, cuando vuelva a ocurrir un
desastre, y se agrave la crisis, la culpa será del bloqueo genocida. Los cubanos
ya están hartos de este relato.
Cuando se intenta definir la situación de la economía cubana
actualmente, aun cuando los indicadores de coyuntura no están disponibles, cabe
concluir que se trata de un contexto muy complejo, posiblemente el que más, de
todo lo vivido por la economía cubana, incluyendo el periodo especial.
Ante la gravedad de la situación, que impacta de forma
directa en el bienestar de la población, el diagnóstico de los economistas
apunta a una reducción muy notable de los ingresos externos en divisas, con
origen en las remesas que llegan a través de los canales oficiales, las
exportaciones, y la inversión extranjera. A ello se tiene que añadir la
dificultad de la economía cubana para acceder a los mercados financieros
internacionales por su data de impagos.
A resultas de estos movimientos en la balanza de pagos, se
ha frenado en seco la entrada de divisas para financiar la economía nacional,
lo que tiene un impacto directo sobre el tipo de cambio del peso en los
mercados cambiarios.
Pero el diagnóstico de la economía no se detiene en el
frente exterior, sino que una mirada al interior descubre un escenario
igualmente complejo, dominado por los desequilibrios internos, una expansión
descontrolada de la emisión monetaria y un déficit fiscal muy elevado. Este
“círculo vicioso” de la economía cubana sitúa a la gestión del presupuesto del
estado como el origen de un agujero negro por el que se destruye y frena la
creación de riqueza de la economía, en favor de un sector presupuestado despilfarrador,
ineficiente e incapaz de asumir los retos de este momento.
De ese modo, la economía cubana se encuentra golpeada por
diversas fuerzas, todas ellas muy negativas, como la citada reducción de los
ingresos externos y divisas, el descenso de los ingresos tributarios en
presencia de niveles crecientes de gasto público y un aumento del déficit
fiscal. Como consecuencia de ello, la moneda nacional se derrumba en su valor,
teniendo en cuenta la existencia de diferentes tipos de cambios que operan en
la economía, junto a un mercado oficial de cambios que no logra consolidarse.
En suma, un escenario que reúne una serie de elementos que
se traducen en lo que los economistas denominan “estanflación”. Las
estimaciones de caída del PIB para 2026 van a ser muy negativas e inferiores a las
formuladas por la CEPAL para este año, teniendo en cuenta la parálisis
productiva que se registra en la mayoría de los sectores. La inflación medida
por el IPC vuelve a acelerarse en los primeros meses de 2026 y no da tregua.
Con este análisis, parece evidente que la crisis de la economía cubana se puede explicar sin referencia alguna a la presión y la asfixia económica provocada por Estados Unidos, un argumento que se encuentra formando parte del relato del régimen comunista pero que, como se ha visto, no forma parte de este diagnóstico.
Si Cuba tiene dificultades objetivas para
importar combustible de forma continua, así como todo tipo de bienes y
servicios, medicamentos, alimentos, equipos intermedios, etc., la razón es que
no hay divisas suficientes para hacerlo, al margen de las sanciones de la Casa
Blanca, que han empezado a surtir efecto desde enero, pero, sobre todo, mayo.
La reducción de la entrada de divisas obedece a factores estructurales que se
vienen manifestando en la economía cubana desde hace tiempo, cuando Venezuela interrumpió sus
suministros de crudo a la Isla.
De hecho, el deterioro económico tan profundo que
experimenta la economía cubana en este primer semestre de 2026 guarda una
estrecha relación con el deterioro de la capacidad productiva sectorial desde hace años,
como ocurre con el sector agropecuario, la manufactura, la construcción o las infraestructuras.
Sectores que no obtienen rendimientos a escala, sino que experimentan un
declive a medio y largo plazo que no se corrige por parte del régimen.
Y aquí es donde vuelve a surgir la tantas veces referida
incompetencia de los dirigentes, porque buena parte de este declive productivo
sectorial de la economía tiene que ver con la ausencia de inversiones, o más
bien, con la concentración de éstas en el turismo. Un fenómeno agravado porque
en la economía cubana las inversiones solo pueden tener su origen en el estado
y su aparato económico, que establece las prioridades a atender. Sin
inversiones, no es posible reactivar la economía, y cada vez será más difícil
dejar atrás la situación de deterioro.
No hace falta insistir en que este es uno de los problemas
fundamentales de la economía cubana y mientras la inversión no se dirija de
forma eficiente a reactivar el capital productivo del país, la economía
difícilmente se podrá recuperar. Los llamados a la diáspora para que inviertan
en la economía cubana tienen mucho que ver con esta situación estructural, pero
el régimen no hace nada para lograr ese objetivo.
La crisis de la economía acentúa su gravedad cuando se desciende del nivel macroeconómico a las prioridades de las empresas, los trabajadores por cuenta propia y las distintas fórmulas de actores económicos privados autorizados por el régimen. Las empresas se ven afectadas de forma muy notable por la crisis, pero, sobre todo, lo que echan en falta es una dirección estratégica acertada de la economía.
La falta de electricidad, los costes de
las comunicaciones navieras, los canales de comercio, la desaparición de las
inversiones extranjeras, el déficit de transporte, la crisis del turismo, entre
otros, confirman que esta es una crisis global que afecta a todas las empresas,
estatales y no estatales, en mayor o menor medida, y que el régimen no está
atento para dar una solución compensatoria.
Los cubanos sienten de forma directa los efectos perversos combinados de una caída de la producción nacional y una reducción de la entrada de divisas y de ingresos externos. Desde hace décadas el régimen comunista debería haber asumido que la economía cubana, de pequeña dimensión y muy abierta al exterior, tiene que prepararse para poder comprar en el exterior aquello que no puede, ni debe, producir en el país.
Y esto se logra promoviendo una economía privada, con respeto a los derechos de propiedad y orientada por los principios del mercado, orientada a la creación de una corriente estructural de divisas que garanticen
los recursos para el intercambio con el resto del mundo de los productos y
servicios necesarios, incluso en los momentos más complejos y de zozobra.
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