El desastre demográfico de la economía y sociedad cubana
Elías Amor Bravo, economista
La grave situación de la economía cubana tiene su efecto
inmediato sobre el comportamiento de la demografía. Los datos son alarmantes.
Durante el Día Mundial de la población se ha realizado en Cuba un conversatorio
que ha venido a destacar los desafíos que plantea la demografía de la Isla,
ante los cambios en el comportamiento de infancias, adolescencias y juventudes.
La prensa oficial ha dado a conocer los resultados en un opúsculo titulado “Cuba
ante el espejo demográfico de 2026”.
La población es un tema de notable importancia al que los
gobiernos responsables deben dedicar la máxima atención. Las tendencias
demográficas en la Isla no parece que se estén afrontando por parte de las
autoridades en los términos más adecuados, aun cuando han sido definidas como
un asunto medular para el presente y futuro de la nación.
Más bien, se tiene la sensación de que, en este ámbito de la
población, el régimen vuelve a mostrar su más absoluta incapacidad para hacer
las cosas, y se enreda con recetas políticas ideológicas que, en absoluto,
pueden ayudar a paliar un proceso alarmante de despoblación en la Isla. Un buen
ejemplo se encuentra en las 176 medidas aprobadas recientemente, donde no existe una sola que se dedique a afrontar los graves problemas de la población.
Se reconoce el problema, pero no se acometen las actuaciones encaminadas a su
solución. Más aún, en este momento en que se desarrollan unas conversaciones
cruciales para el futuro entre Estados Unidos y Cuba.
Los analistas sostienen que, con una población que a
comienzos del año 2026 había alcanzado una cifra de 9.436.440 personas, Cuba se
enfrenta una a realidad demográfica compleja, definida por la convergencia de
diversas tendencias negativas, entre las que cabe citar, la baja fecundidad, el
envejecimiento y un saldo migratorio negativo, tendencias que están golpeando
duramente la estructura social y económica de la nación.
Algunos datos oficiales que han sido analizados en el
conversatorio no dejan lugar a dudas. Con respecto a la natalidad, la dinámica
de los últimos años es alarmante. En 2021 tuvieron lugar 99.000 nacimientos; la
cifra descendió en 2022, a 95.000; pero la tendencia se agravó en 2024, cuando
la cifra descendió a 71.000, y en 2025 se produjeron todavía menos nacimientos,
con un total de 68.051, reconocida como la cifra más baja en décadas.
Desde 2021 a 2025, la natalidad anual se ha reducido nada
más y nada menos que un 31%. Pero el problema no es el descenso absoluto, que
alcanza casi a la tercera parte de los nacidos en 2021, sino en el refuerzo de la
continuidad bajista de la tendencia. Y ante ese escenario, las autoridades
permanecen, como en otros ámbitos, sin hacer nada. Pero es que, además, el dato
de los nacidos en 2025, 68.051, se tiene que poner en relación con las 134.354
defunciones de ese mismo año, lo que evidencia un decrecimiento vegetativo sin
precedentes, una tasa de -7,03 por mil habitantes. El número de nacimientos es
inferior a la mitad de los fallecidos.
En términos generales, esta evolución negativa de la
población, que se tiende a proyectar al futuro, se encuentra estrechamente
relacionada con la evolución del comportamiento del PIB de la economía que, en
los últimos años, ha sido muy negativa. En 2020, con la pandemia del COVID 19
el PIB se redujo un 10,9%; un año después remontaba un escaso 1,3% para
proseguir en 2022 con otro 1,8%, pero en 2023 se produjo un nuevo descenso del
1,9% que se mantuvo en 2024 con otro 1,1% de reducción, y ya en 2025 la caída
se aceleró por encima del 3,5%.
Esto significa que de 2020 a 2025 el PIB de la economía
cubana ha descendido a una media anual del 2,2%, lo que explica el efecto
negativo sobre la natalidad y la población. Al caer el PIB a un ritmo similar
al que lo hace la producción, no se obtienen ganancias de productividad que
podrían facilitar mejoras salariales.
La principal conclusión es que resulta imposible activar la
demografía con estos deficientes resultados de la economía, de modo que la
situación de estanflación que viene golpeando a la economía cubana desde hace
tres años, mucho antes de que comenzaran las sanciones de Estados Unidos, se
encuentra arraigada, siendo cada vez más difícil su superación. Mientras que
las autoridades son incapaces de revertir la situación económica y se agravan
los desequilibrios internos y externos, la población decrece, realimentando el
proceso.
En este escenario de grave crisis económica y social, la
población menor de 35 años, que apenas representa un 38,4% del total, se está
moviendo de forma mayoritaria hacia la migración, sobre todo en el tramo de 30
a 35 años. Al cierre de 2024, el 50% de las personas que se trasladaron fuera
del país eran jóvenes y niños, de edades menores de 35 años. Además, el grupo
de 0 a 4 años es el que menos representatividad tiene, consecuencia directa de
la baja fecundidad.
Estos datos, que son muy negativos para las perspectivas
demográficas del país, vienen a coincidir, como señalan en el conversatorio,
con un aumento de la fecundidad adolescente, que se trata de un reto a afrontar
de manera distinta. De hecho, coincidimos con los especialistas, que califican
este fenómeno como un problema social, que va más allá de la salud y que
describe un panorama que, en absoluto, se puede calificar de positivo para la evolución
general de la población, y sobre todo de los más jóvenes.
En 2024, la tasa de fecundidad adolescente fue de 47,1
nacimientos por cada 1.000 adolescentes, y aunque se produjo una disminución en
dicho ejercicio con respecto a años precedentes, el peso relativo de este grupo
en la fecundidad total del país aumentó. Las consecuencias de este proceso son
negativas ya que el embarazo obliga a la madre adolescente a una ruptura del
que debe ser su comportamiento normal a estas edades, y esto, en opinión de los
especialistas, acaba siendo una pérdida de oportunidades sociales, educativas y
de salud.
Otro dato inquietante que surge del conversatorio es que
persisten las uniones tempranas, muchas veces con adultos, lo que vulnera los
derechos sexuales y reproductivos de las menores.
Los especialistas en esta materia han señalado de forma ocurrente, que la
solución a estos problemas puede venir de la inversión en métodos
anticonceptivos de larga duración y la educación integral de la sexualidad, estrategias
que el régimen comunista tiene muy difícil implementar por la escasez estructural
de recursos que impide desarrollar este tipo de programas. La confianza en esta
solución parece excesiva y viene avalada por el hecho de que, en 2024, el
aumento en la disponibilidad de estos métodos y tratamientos coincidió con una
disminución en las tasas de fecundidad y de interrupción voluntaria del
embarazo. Nada asegura que se vayan a producir resultados similares en el
futuro.
Lo que parece obvio es que resulta necesario garantizar la calidad
de vida para los jóvenes, las niñas, adolescentes y juventudes, para revertir
estas tendencias que están afectando de forma negativa a la estructura
económica y social de Cuba provocando de forma simultánea la aparición de
brechas territoriales y de género. Y esa mejora de la calidad de vida en Cuba,
en estos momentos de grave crisis humanitaria, parece comprometida y difícil de
lograr.
Desde el Centro de Estudios Demográficos (CEDEM) de la
Universidad de La Habana, que estuvo en la organización del conversatorio, se
insistió que la dinámica demográfica exige políticas que salvaguarden los
derechos humanos, promuevan la igualdad de género y apunten al desarrollo de
los grupos más vulnerables. Ni una sola referencia a la economía, el modelo
económico o la relación de productividad con cambio técnico. Estas cuestiones
ni se plantearon por los autores. Por otro lado, se insistió en la necesidad de
promover una política migratoria en la cual el derecho no sea solamente a
migrar, sino el derecho a no tener que hacerlo. Hay que destacar que ninguna de
las 176 medidas del régimen comunista abordó la cuestión migratoria, pese a la
importancia que tiene.
En el conversatorio se concluyó que la participación de los
jóvenes es fundamental, para que tengan un papel que les corresponde en el
proyecto de nación. Pero los jóvenes se van de Cuba en cuanto pueden. Enfrascados en estas reflexiones generales, los comunistas
no se dan cuenta de que el envejecimiento y la caída de la población son la
otra cara de una moneda en la que aparece como principal problema el fracaso
absoluto del modelo económico de la constitución de 2019 para atender las
necesidades del pueblo cubano.
Y que mientras ese modelo no cambie en 180º no hay nada que
hacer. Quizás la mejor forma de explicar por qué la economía cubana no funciona
sea el estrangulamiento que sufre la población con un descenso significativo en
un periodo de tiempo muy corto de los principales indicadores. Las soluciones
planteadas en el conversatorio son solo brochas de maquillaje superficial que
no van al origen del problema, lo que acentúa su cronificación.
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