En torno a las relaciones de la Unión Europea con el régimen castrista

Las relaciones del régimen castrista con la Unión Europea parecen haber entrado en una nueva fase. Ante el abandono por parte del gobierno socialista español del asunto de la eventual modificación de la Posición Común, ya dijimos hace algún tiempo que Trinidad Jiménez no siente por el régimen comunista de La Habana los mismos sentimientos que su antecesor en la cancillería española, la diplomacia castrista se ha lanzado a una estrategia para tratar de “lavar su imagen” ante el resto de países de la Unión.


En estos términos es como hay que entender las recientes declaraciones del director general para Europa de la cancillería cubana, Ernesto Sentí, en las que afirma que “Cuba está dispuesta a avanzar" hacia la normalización de las relaciones con la Unión Europea.

Aquellos que creen que este mensaje abriga alguna esperanza sobre la verdadera buena voluntad de los castristas en materia de respeto a los derechos humanos, democracia y libertad, no se deben hacer ilusiones. En efecto, Sentí matiza su afirmación y señala que esa disposición a avanzar se produce con un marco "nuevo, diferente y bilateral", y un diálogo "entre iguales", para concluir con la misma obsesión de siempre, que “la Posición Común que desde 1996 condiciona tales relaciones a avances en democracia no enriquece los contactos”.

Lamentablemente, no es así. No podemos compartir la afirmación del diplomático castrista, ya que si su régimen se encuentra contra las cuerdas, y busca como sea, el apoyo de la Unión Europea, es porque no ha hecho adecuadamente los deberes. Es decir, con independencia de que el sistema político diseñado por la revolución se encuentra en las antípodas de los europeos, la situación interna de la Isla viene caracterizada, todos los días, por informaciones relativas a golpizas, detenciones por la seguridad del estado, hostigamiento, actos de repudio, expulsión de personas del país, huelgas de hambre, protestas sociales de todo tipo.

Nada apunta a una normalidad política, y mucho menos a un cambio por parte del régimen. Por eso, no entiendo lo que quiere decir Sentí cuando afirma que "nosotros seguimos dando pasos importantes porque creemos en el Derecho Internacional, creemos en el respeto de los pueblos, pero ahora la bola está en territorio europeo para definir los próximos pasos a seguir". Falso, no hay nada que la Unión Europea pueda hacer en las condiciones actuales, ni a partir de la situación concreta en que se encuentra la Isla, por lo tanto, nada ha cambiado, y todo debe seguir igual.

Es cierto que los Veintisiete encargaron en 2010 a los servicios de la Alta Representante de Política Exterior de la UE, Catherine Ashton, un examen detallado de las opciones existentes para revisar las relaciones con el régimen de Raúl Castro. Y ese estudio, por mucho que se empeñen las autoridades castristas en lavar la imagen, solo puede conducir a un resultado como el expuesto anteriormente. Las informaciones procedentes de la Isla, mejoradas gracias a la actividad de los blogueros y los disidentes que utilizan los escasos espacios que el régimen otorga al desarrollo de las comunicaciones y las redes sociales, dibujan un escenario lúgubre, con un perfil de continua represión de las actividades políticas, que no es el más adecuado para que la Unión Europea modifique su Posición Común hacia el régimen castrista.

El problema de las autoridades del régimen es que siguen negando la mayor, y con esa actitud no hacen más que el ridículo. ¿Cómo es posible que Sentí niegue la existencia de presos políticos en Cuba, cuando se ha producido recientemente la liberación de más de un centenar, una noticia que ha trascendido a todo el mundo? Venir a la Unión Europea para lanzar un discurso político que se aleja de la realidad ya no sirve, porque el castrismo no tiene la misma capacidad de propaganda que en el pasado, ni cuenta con aliados en los Veintisiete que defiendan su modelo político. De ahí el recurso a distorsionar desde Granma la actualidad española con el movimiento de los “indignados”, una forma de ver en el ojo ajeno la paja que no se ve en el propio.

Si el régimen castrista ha liberado, muy a su pesar, presos políticos, es como consecuencia de la presión internacional. Si el régimen ha impulsado medidas para transformar la economía, de dudosa viabilidad y efímeros resultados, es porque la presión internacional ha tenido éxito en ello. La experiencia muestra que no existe el menor interés en la política de los Castro por impulsar cambios en una dictadura que se extiende por más de medio siglo. Solo una presión internacional basada en la defensa de los derechos humanos, las libertades y la democracia, como la ejercida por la Unión Europea, puede mejorar las condiciones de vida de los cubanos y aumentar sus posibilidades de libertad.

El régimen castrista solo ha mostrado signos de evolución a resultas de la presión internacional. No conviene olvidar que fue un instrumento al servicio de la política bolchevique durante la guerra fría, y ahora se mueve al dictado de los petrodólares de la Venezuela bolivariana. Siempre ha actuado bajo las órdenes de sus financieros, y con una política de enfrentamiento permanente con Estados Unidos que le ha servido como justificante de su propio embargo y rechazo a los regímenes democráticos. Pero el régimen castrista no ha sido capaz de diseñar una relación con la Unión Europea. Ni en el pasado, ni mucho menos en el presente. Su fracaso está servido porque nada tiene que ofrecer al bloque de naciones más democráticas del mundo, sobre todo, con la incorporación de las antiguas repúblicas socialistas tras el derrumbe del muro de Berlín.

Si Sentí piensa que liberando presos políticos puede modificar la Posición común, está equivocado. Si cree que negando la existencia de dichos presos en la Isla puede conseguir algún espacio de diálogo, se equivoca todavía más. Debería tal vez plantearse por qué razón la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, ha aplazado 'sine die' la revisión anual de las relaciones con La Habana, pese a que este punto se plantea precisamente durante el mes de junio.

Las cosas no se presentan fáciles para el régimen castrista porque la reflexión sobre un posible cambio "está en curso" y mientras no exista "un consenso", será difícil que la Posición Común sobre Cuba cambie. Muchos eurodiputados seguro recordarán el tono despectivo de Fidel Castro hacia los países de la Unión cada vez que se han producido conflictos similares en en el pasado. Las hemerotecas están llenas de referencias.

El problema es que el régimen castrista afirma estar "a la espera" de que los Veintisiete digan a Ashton "cómo avanzar en pro de un marco nuevo, diferente y bilateral", en el que se "recojan" los avances que, en opinión de Sentí, "ya existen" en el plano bilateral con distintos Estados miembro y que también se refleja en la reanudación del diálogo político entre la UE y Cuba en 2008.

Craso error. Los Veintisiete ya han dicho en muchas ocasiones que no aprecian cambios en la Isla, por lo que la Posición Común seguirá vigente aún cuando se formulen consultas políticas, dentro de un bajo perfil de relaciones diplomáticas, y se haya recuperado la cooperación con varios países a título individual. Y poco más, porque no da para mucho más. A partir de ahí pensar que se puede superar la Posición Común hacia un marco bilateral es una quimera.
Por último, y tal vez lo más relevante, el diplomático castrista no puede aspirar a hablar con la Unión Europea en “igualdad de condiciones”. La Unión Europea nunca atentará contra la soberanía o la independencia de cualquier país, por su respeto a la legalidad internacional, pero lo que Sentí no puede ignorar es que los Veintisiete pueden elegir a sus socios por proximidad ideológica, por su capacidad para defender los derechos humanos, las libertades y el pluralismo político. Y en el momento actual, el régimen castrista se encuentra en las antípodas de ese modelo compartido por los países de la Unión. La solución está clara.

Tomado de: (www.miscelaneasdecuba.net).-

Comentarios

Entradas populares de este blog

Los trabajadores por cuenta propia y el régimen castrista

El verdadero origen de los problemas de la economía castrista

La unificación monetaria: un reto a la vista