Sobre los cambios en la economía cubana y el papel del PCC

Y sigue la catarsis. De Granma a Las Tunas. El Partido único prosigue con sus asambleas provinciales en las que va detallando, a instancias de los nuevos tiempos que corren en la Isla, el origen del despropósito de una economía basada en el modelo comunista de ausencia de derechos de propiedad y centralidad de la planificación burocrática.

Como si fuera posible encontrar un “Eldorado” o un “vellocino de oro”, los comunistas cubanos, están empeñados en descubrir que existe futuro en el socialismo. Cinco décadas de fracaso, parece que no son suficientes, y se empeñan en continuar por la misma vía que iniciaron a golpe de confiscaciones y de disparos, el Che, Fidel y Raúl a comienzos de los años 60.

Mucho ha llovido desde entonces, pero los problemas son los mismos. Los comunistas lo dicen abiertamente en Las Tunas “insuficiente gestión de este territorio para garantizar sus alimentos, con resultados muy por debajo también de las potencialidades cañero-azucareras, y servicios de salud que a menudo generan insatisfacción popular”.

En estos cónclaves de espiritualidad comunista, a los que asisten obligatoriamente la mayor parte de los altos dirigentes del Partido único, hay un guión, también único, que consiste en cuestionar todo lo existente, en confundir las consecuencias y los efectos con las causas, y en despedirse hasta la próxima sin atajar de fondo los verdaderos problemas de la economía castrista.

Me encanta la frase de Teresa Amarelle Boué, primera secretaria del Partido en Las Tunas cuando hace referencia “a la necesidad de poner los pies sobre la tierra” en alusión a los informes burocráticos sobre la ineficiencia de la agricultura, antaño próspera de esa región. Tratando de situar a las Cooperativas como referente, el Partido comunista muestra su rostro más contundente, renegando del modelo estatal improductivo y basado en la ideología que lo sustenta, y la nueva apuesta por estas entidades que se habían convertido en uno de los pocos refugios para aquellos que deseaban dirigir sus vidas con cierta independencia.

El marabú se sigue adueñando de la tierra no entregada, 11.000 hectáreas ni más ni menos, “suelos buenos”, como señala el segundo secretario del Comité central, pero que están a la espera de que el mecanismo de reparto ideado por la burocracia encuentre destinatarios para quemar sus escasas energías en algo que nunca va a ser suyo.

Que esperen, que sigan esperando a ver cuántos agricultores se hacen con tierras que cuando estén en etapa de desarrollo pueden volver a ser nuevamente confiscadas. Sin un régimen estable y transparente de derechos de propiedad, la agricultura castrista seguirá siendo un caos y no habrá fórmula alguna de mejora.

Otra de las cosas que con mucha frecuencia se escucha en estas asambleas del Partido único es la crítica a “los cuadros de dirección con la base productiva”, a los que se acusa textualmente de “exceso de consejillos y carencia de organización para comprobar mejor en el terreno lo que se orienta o se acuerda”. Asombroso. Entonces, ¿por qué no se les despide y se envía a otro puesto de trabajo? La formación de los emprendedores exige la máxima atención en cualquier país que se precie, pero incluso, aun cuando el régimen comunista dedique recursos a esta tarea, nadie podrá conseguir que los representantes del Poder Popular comunista se distingan como respetuosos emprendedores “en la formulación, chequeo y cumplimiento de los contratos, y la exigencia y demanda de responsabilidades que no se resuelven con una simple queja”.

Al igual que en Granma anteriormente, se pasó revista en Las Tunas a los problemas de producción de cereales, con especial atención a los bajos rendimientos de la producción azucarera. Aquí el problema se ve complicado por la pésima siembra de la caña, el empleo de semillas deficientes y lo mismo de siempre “falta control, exigencia”, como si a los cubanos hubiera que enseñarles a producir azúcar. Todo se resuelve siempre de la misma forma, con “medidas disciplinarias”, que en eso el castrismo sí que puede dar lecciones al mundo entero.

Los reunidos en Las Tunas prestaron atención al estado de la salud. Y aquí aparecen como principales problemas “la calidad y a la falta de comunicación con pacientes y población”. Otro aspecto al que dieron atención fue la reducción de gastos de forma acelerada en el sector sanitario, uno de los “logros de la revolución” y del que se dieron cifras oportunas, como 12.000 pruebas de rayos X menos, 26.000 exámenes de laboratorio y 5.000 ultrasonidos, menos que en el año anterior.

Los comunistas andan obsesionados con la idea de un uso óptimo y de calidad de los servicios médicos y de salud, para lo cual quieren potenciar el lineamiento 156 aprobado por el VI Congreso del Partido, en el que se hace referencia a los daños sobre la población del uso de las nuevas tecnologías, así como también la necesaria racionalidad en el uso de esos nuevos recursos. Increíble, pero cierto.

Conclusión, los reunidos en Las Tunas volvieron sobre el mismo argumento de siempre. Los “cambios en el modelo económico cubano necesitan eliminar el despilfarro, como paso inicial para empezar a ahorrar de verdad, con racionalidad e inteligencia, sobre bases de productividad y de eficiencia”. Esa obsesión con el despilfarro en una economía carente de prácticamente todo, es una de las cuestiones más complejas de analizar con los instrumentos que poseen los economistas y, desde luego, aparece como uno de los objetivos del “buen revolucionario” raulista, a saber, “que la conducta sea el cumplimiento estricto de lo establecido, dominar la economía como se debe y exigir que lo hagan los demás". Señores, es mucho más fácil: libertad, propiedad privada y economía de mercado. No le den más vueltas, cualquier otra cosa es ir hacia atrás.

Tomado de:(www.miscelaneasdecuba.net).-

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