¿A qué va Chávez a La Habana?

La llegada del mandatario venezolano, Hugo Chávez, a La Habana en la madrugada del martes al miércoles 8 de junio, de forma precipitada y sorpresiva, es un acontecimiento que no escapa de la mirada atenta de los analistas y observadores que tratan de comprender la compleja y poco transparente política del régimen castrista y sus agrupados bajo el cartel del denominado socialismo del siglo XXI.

La pregunta es inmediata, ¿a qué ha venido Chávez a La Habana?
La nota oficial en Granma dice escuetamente que “a pasar revista a la marcha de los amplios vínculos bilaterales existentes entre Cuba y Venezuela”.

Podría ser. Pero la elección del momento parece, cuando menos, precipitada. Revisar esos proyectos, muchos de ellos paralizados por la incapacidad del régimen castrista para dar sentido a la gestión de las infraestructuras, se puede realizar en cualquier otro momento.

Las especulaciones sobre el verdadero significado de este viaje son muchas y muy variadas.

Una primera explicación podría estar directamente relacionada con el estado de salud de Fidel Castro. La fotografía con el dirigente chino que finalmente se ha distribuido por los canales controlados del régimen, muestra al viejo dictador bastante desmejorado, sobre todo si se piensa en lo avanzado de su edad y la grave acumulación de enfermedades y males que lo aquejan. No parece, por tanto, que el motivo de este viaje precipitado sea la salud de Fidel Castro.

Tal vez la razón se encuentre en la necesidad de valorar con los “jefes” castristas el resultado de las elecciones en Perú, donde tal vez sea necesario “convencer” a Humala que la deriva hacia el modelo exitoso de Lula es, en estos momentos de extrema debilidad, y por lo tanto imposible, para los aliados de la futura CELAC, Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe que se presenta en Caracas el próximo 5 de julio, y que se ha pergeñado en la cumbre entre Ecuador y Venezuela celebrada el pasado fin de semana.

Si este fuera el motivo de la visita, entonces, no cabe duda que Chávez viene a La Habana a recibir directrices de los dos ancianos dictadores sobre cuál debe ser su proceder, ya que su capacidad de persuasión puede verse limitada por mucho que el petróleo sea un arma infalible para doblar voluntades. Se tiene la impresión de que Humala ha interpretado el sentido del voto, y tras un primer derrumbe de la Bolsa de Lima, la situación vuelve a la normalidad en lo que ojalá sea finalmente una apuesta por un gobierno realista, sensato y eficiente, que mantenga la bonanza económica del país durante los últimos años.

Otro aspecto a analizar con los Castro puede ser el final de la situación de Libia. La OTAN parece decidida a poner fin al sátrapa, amigo y socio de los dirigentes latinoamericanos, con la máxima contundencia, y esto puede ser, qué duda cabe, motivo de preocupación. Conforme las bombas de la OTAN cercan a Gadafi, la diplomacia europea tiende lazos de hermandad con los rebeldes, a los que se reconoce el protagonismo del cambio político. Peor escenario para los Castro y Chávez, imposible. Metodologías de este tipo, si se llegan a practicar contra sus países, podrían dar resultados parecidos. Hay que jugar con la opinión pública, y también en este tema, los Castro, son auténticos maestros después de medio siglo engañando al mundo entero.

Otra posibilidad es que Chávez venga a analizar la sanción impuesta por EEUU a la empresa estatal de petróleos de Venezuela, PDVSA, y sobre qué tipo de estrategia conviene adoptar para salir al paso de la situación. Una vez más, el vecino del Norte dando argumentos a los dirigentes del socialismo del siglo XXI para volver a utilizar, y agitar en beneficio propio, el argumento de la permanente agresión, del peligro de la soberanía, y demás. De ese modo, lo que tan sólo tiene el carácter de una simple sanción a una empresa que no actúa correctamente en el tráfico comercial, la política castro chavista lo convierte en un drama, una persecución, un escenario de una “doctrina político militar” intervencionista, y un sinfín de majaderías más.

No cabe duda que todo es un misterio. Tampoco podemos confiar demasiado en la información que ofrezcan los medios controlados por los gobiernos de los dos países, que dirán lo que en términos de propaganda resulte más adecuado. De lo que no cabe duda es que la interacción castro chavista es más que real, y que en América Latina, se convierte en una amenaza permanente para el desarrollo, el crecimiento económico y la superación del atraso existente en los distintos países.

En repetidas ocasiones el castro chavismo ha mostrado su apuesta por un modelo político ideológico basado en la confrontación permanente con el rival, y la búsqueda de acuerdos preferenciales dentro de un espacio en el que la productividad y la competitividad pasan a un segundo plano de relevancia. Justo lo contrario de lo que necesita América Latina para aprovechar el fuerte ritmo de crecimiento que viene registrando en los últimos años.

Lo que sí que sabemos es que Chávez en ningún momento de su estancia en La Habana se interesará por las detenciones masivas de disidentes producidas durante el pasado mes de mayo, que superaron los 300 casos en toda la Isla. Tampoco prestará atención alguna a la nueva huelga de hambre iniciada por Fariñas, o las agresiones continuas a las Damas de Blanco y a los blogueros independientes, que se mantienen como una referencia de dignidad democrática en la Isla. Todo este tipo de atropellos, vejaciones y tropelías con los derechos humanos, las libertades y el pluralismo político que se vienen produciendo en Cuba durante más de medio siglo, es algo que no le importa a Chávez.

Fuente:(www.miscelaneasdecuba.net).-

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